lunes, 17 de octubre de 2011

LA SEXUALIDAD EN EL ADULTO MAYOR

La Sexualidad en el Adulto Mayor

El comportamiento sexual de la vejez es un reflejo de la conducta sexual que ha mantenido un individuo durante toda la vida. Si durante la vida el individuo se opuso a la demostración o a mantener una conducta sexual abierta, en la vejez se opondrá mucho más a esto.

Debemos ponernos en el contexto de un adulto mayor: hay cambio de roles dentro de su familia, que lo “mueven” del rol que había llevado antes. Además, disminuye su movilidad y flexibilidad, hay un deterioro de memoria, una desvinculación (relacionada con la jubilación). Todo esto produce una sensación de inutilidad.
Se altera la valoración social del individuo, produciendo inseguridad en un entorno poco amigable. Esto se expresa a través de conductas “extrañas”, como masturbarse en forma compulsiva, tener comportamientos de querer conquistar mujeres jóvenes. Se dice entonces que el hombre ingresa a la andropausia.
Puede manifestar esta conducta sexual compulsiva a través de la coprolalia, o tener el llamado “ojo sexual”, encerrándose en baños, o a través del voyeurismo.
Por otro lado están los cambios biológicos, que contribuyen en la sensación de incompetencia. Está las enfermedades crónicas, la pérdida de la pareja en algunos casos, un escaso NSE (jubilación), la depresión y el cambio de roles del que hablaba anteriormente.
¿Pero como se modifica realmente la conducta sexual del individuo?
Se producen cambios en la función sexual. El coito ya no es el centro del placer, sino que ahora lo es el contacto corporal, la comunicación, la seguridad emocional que da el sentirse querido.
Biológicamente, el proceso de envejecimiento sexual comienza entre los 30 a 35 años de edad, variando de persona en persona. Es un proceso lento.
El acto sexual de la juventud es muy diferente al que ocurre en la vejez. En esta última etapa de vida cobra más importancia la cercanía y la intimidad corporal que el coito en sí.

En el varón se produce con la vejez una disminución del número de espermios y en su capacidad de movimiento; el semen disminuye en forma paulatina a partir de los 40 años. Se requiere más tiempo para lograr la erección. El hombre joven en promedio requiere de 15 segundos para lograr la erección. El adulto mayor requiere el doble y a veces el triple de este tiempo.
El músculo cremástero se desgasta y tiende a “colgar”. Los vasos sanguíneos pierden elasticidad. La detumescencia se produce en un menor periodo.

En la mujer hay una redistribución de grasa, disminución de la fuerza muscular, modificación en la distribución del vello, cambios osteoarticulares que favorecen la tendencia de padecer osteoporosis.
En las mamas, el tejido glandular es sustituido por tejido graso y la piel pierde elasticidad, en grado suficiente como para demostrar de manera importante su posición en el tórax.
La lubricación vaginal desaparece, la musculatura pierde elasticidad, comienza a caerse el vello púbico, se rechaza la penetración por la presencia de dispareunia.

Entonces la actividad sexual se centra en la conversación en pareja, en la masturbación en el hombre, o la lectura erótica en las mujeres. Aparece el enamoramiento paradojal.