jueves, 14 de enero de 2010

SEXUALIDAD EN EL ADULTO MAYOR

Este trabajo se apoya en dos conceptos principales, ellos son sexualidad y educación permanente.

Al referirme a la sexualidad, lo haré concibiéndola esencialmente como una forma de comunicación, de intercambio afectivo, de expresión de ternura y de necesidad de otro. Como una energía vital que esta presente en todo el proceso de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte y que es expresada de diferentes maneras según la edad.

Se propone una forma de entender y sentir la sexualidad en la que el placer no está supeditado al coito, sino que es encontrado en la intimidad compartida, en el encuentro, en descubrir y ser descubierto, en mimarse los cuerpos.

También se propone un modelo de sexualidad en la que la reproducción no es la gran protagonista, sino que se le otorga mayor importancia a la función placentera o función erótica. Hoy se legitima esta función de placer desde la ciencia al darle un valor y sentido propios y no como un señuelo de la naturaleza para preservar la conservación y propagación de la especie a través de la reproducción.

La sexualidad del anciano fue negada durante mucho tiempo, al igual que la del niño, esto responde al hecho de haber considerado a la sexualidad estrechamente vinculada a la reproducción, en la que niños y ancianos (especialmente las mujeres) no forman parte. Desde este marco, los períodos humanos no reproductivos, fueron considerados por mucho tiempo como carentes de manifestaciones sexuales, privándolos así de todo derecho a recibir las gratificaciones naturales de la función placentera de la sexualidad.

La Organización Mundial de la Salud considera el placer sexual como un derecho humano básico. Según la OMS "la salud sexual es la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor. Presenta decisiva importancia desde ese punto de vista el derecho a la información sexual y el derecho al placer. (OMS 1975)

El otro concepto clave en este trabajo es el de Educación Permanente, entendido como Educación para la actividad y el crecimiento continuo de los Adultos Mayores, con un posicionamiento que considera a la vejez como una etapa más de desarrollo personal en la que es posible continuar aprendiendo. Desde la Educación para el envejecimiento se propone facilitar las herramientas que ayuden a comprender y apropiarse de los cambios que significa el proceso de envejecer.

También se propone informar para desmitificar ideas y prejuicios acerca de la vejez. En lo que refiere específicamente a la sexualidad, se pretende modificar el imaginario social en el que envejecer es sinónimo de pérdida, de enfermedad, de falta de deseo, de carencia de atractivo y de fin de la actividad sexual.

Mitos y prejuicios acerca de la sexualidad del Adulto Mayor

Refranes sobre la pasión y la vejez.

Pesimistas

viejo clueco, rábano seco

joven de noventa, no puede lo que intenta.

Optimistas

Mientras más seca más arde la leña

Los mitos y prejuicios son construcciones culturales que forman parte del Imaginario Social y al formar parte de este, dictaminan el comportamiento esperado, el como debe ser para cada individuo según el grupo etáreo al que pertenece. En el caso de los Adultos Mayores, se espera que al entrar en la etapa jubilatoria deje de tener proyectos, actividades, deseos y necesidades sexuales.

La pauta de comportamiento esperada es marcada desde cada ámbito social. En lo económico laboral, aquellos que alcancen la jubilación comenzarán a llamarse clase pasiva. Dentro de la familia se esperará que estén predispuestos a cuidar a los nietos. Los medios de comunicación los mostrarán jugando un dominó interminable. En general, no se preverán espacios para que propongan ideas, ni se considerará la posibilidad de encontrar en ellos la ilusión del amor ni la intensidad de la pasión.

En la Tercera Edad, la sexualidad es una de las dimensiones más ricas, esto contradice uno de los prejuicios más arraigados: "en la vejez termina la sexualidad" .

Son muchas las creencias y prejuicios acerca de la sexualidad del anciano, aquí se ejemplificará con los más comunes y se describirá brevemente como afectan la vida de las personas mayores en distintos niveles, en la autoestima, en la relación con el otro y como afectan la visión y valoración de la población joven hacia los Adultos Mayores.

Una de las falsas creencias que más afecta a la mujer es la que argumenta que con la llegada de la menopausia disminuye considerablemente su apetito sexual . A este respecto, diversas investigaciones han demostrado que la menopausia no es sinónimo de fin de la vida sexual de la mujer. En algunos casos actúa en forma liberadora, porque ya no está presente el temor a embarazos no deseados, dando lugar a una vida íntima más placentera.

En el caso del hombre anciano, se le adjudica la impotencia sexual como característica de esta etapa. Los estudios clínicos han demostrado que lo que puede producirse es una disminución en la firmeza de la erección y en el volumen del semen eyaculado y también se vuelve necesaria una mayor cantidad de tiempo de estimulación para lograr la erección, pero nada de esto es sinónimo de impotencia.

Para ambos sexos se cree que llegada a cierta edad disminuye la líbido y que los ancianos solo necesitan contacto mínimo y demostraciones de cariño pero no necesitan intercambio sexual. Nuestra sociedad no está preparada para ver con naturalidad las demostraciones afectivas y sexuales de las personas longevas, se castiga duramente a quienes no siguen la norma, encasillándolos en la figura del viejo verde.

También se cree que aquellas personas maduras que han tenido una vida sexual intensa en su juventud, padecerían de agotamiento sexual en la vejez, cuando en realidad, tendrían mayores posibilidades de vivir más satisfactoriamente su sexualidad madura.

¿Qué efectos tienen estas creencias sobre los adultos mayores?

La aparición de la dificultad para alcanzar y mantener la erección, puede conducir a que la persona crea que se trata de un cuadro de impotencia, reafirmándose así los sentimientos de pérdida que se suponen "esperables para la edad". La comparación Falta de erección = fracaso sexual está basada en el nexo culturalmente establecido: sexualidad-genitalidad.

La valoración sociocultural dada a los cambios biológicos constituye el más duro obstáculo en la vida íntima y cotidiana de las personas mayores. Vale decir que el problema no radica en los cambios fisiológicos normales sino en el significado sociocultural por las inhibiciones a las que conduce. La convicción de que los ancianos no deben disfrutar del sexo está muy arraigada.

Como vemos, el sentir de los Adultos Mayores está socialmente pautado. Desde lo comunitario se dictamina que los ancianos ya no son capaces de enamorarse, de apasionarse y se espera de ellos que busquen más afecto que placer en las relaciones, que busquen y necesiten un compañero y no un amante.

También la imagen corporal está afectada por la norma social. Formamos parte de una cultura en la que se pondera un modelo estético que premia o descalifica, según el grado de concordancia con los parámetros establecidos. Se privilegia la apariencia por sobre los valores espirituales, la solidaridad y la comunicación con el otro.

La percepción de que la autoimagen no es la esperada, produce una desilusión y supone la decepción por parte de la mirada del otro, favoreciendo así el aislamiento y la construcción de una autoestima baja.

La educación sexual para los A.M

La educación sexual es un proceso sistematizado, con un propósito claro, ofrece conocimientos y técnicas para ayudar a la persona a lograr una realización plena, que mejore la autoestima y la aceptación e interrelación con el otro.

Los A.M de hoy han recibido una educación sexual informal-familiar más conservadora a medida que aumenta su edad. No es casual que la educación sexual para el anciano no esté reconocida. En el Imaginario Social; sexo y vejez son dos conceptos que no se encuentran. En general no es común la existencia de espacios educativos para adultos mayores y menos aún para algo que se considera inútil en esta etapa de sus vidas, lo sexual.

El anciano es capaz de desarrollar nuevos aprendizajes sexuales y necesita de programas educativos que le brinden herramientas para crecer y ayudar a crecer al otro en el campo sexual. Debe lograr posicionarse para partir de la aceptación de sí mismo y desde allí poder aceptar a los demás con todos los cambios que se produzcan en el tiempo.

La educación permanente, también puede ser liberadora en la medida en que elimina la presión y los obstáculos que significa el peso y la carga de juicios de valor que significan los mitos y prejuicios vistos anteriormente.

Los ancianos son el sector menos favorecido por los conocimientos y pesan sobre ellos, los mitos, prejuicios y castigos morales con los que han sido criados. Se puede aprender a ser viejo para enfrentar operativamente las falencias de una sociedad que no ha articulado acciones para quienes van llegando y forman parte de nuestros mayores.

La educación también facilita la apropiación de los derechos de las personas. Es necesario devolver al anciano el derecho a ser sexuado, y desde allí, abrir el campo social, asumiendo que defender hoy el derecho a la sexualidad del anciano es defender la sexualidad de todos en el mañana. La educación sexual debe beneficiar al anciano y a la comunidad toda.

El derecho a amar comprende la libertad de disfrutar de la intimidad sexual, de amar y ser amado, construyendo una reciprocidad positiva y la aceptación mutua, revalorizando la función erótica y placentera de la sexualidad. Ser aceptado, acariciado, amado es un derecho de todos.

En este contexto debemos procurar la creación de espacios educativos en los que se tenga el cuidado necesario para no tratar de imponer la continuidad de modelos de sexualidad juvenil que inevitablemente llevarían a la confirmación de la mitología existente y a la frustración sexual de las personas longevas.

La meta debe ser puesta en ayudar a encontrar la seguridad emocional que da el sentirse querido y tocado por la persona amada o deseada, sin la marginación o el desprecio hacia el cuerpo anciano.

Posibles Resistencias a la educación sexual del anciano

Aún cuando esta sea para algunos una buena propuesta, otros podrían resistirla con distintos tipos de argumentos según su relación con la población adulta.

Los familiares podrían opinar que a sus mayores no les sirve de nada porque ya no se reproducen, no poseen sexualidad, no sienten ni despiertan interés en otro. Desde estas concepciones, la educación sexual de los A.M es vista como innecesaria. En el caso puntual de los hijos, puede llegar a manifestarse nuevamente el Complejo de Edipo al enfrentar la vinculación sexual de los padres. Aquellos que esperan que los abuelos se dediquen a cuidar a los nietos, pondrán una fuerte resistencia para toda actividad que les signifique una modificación en el tipo de abuelo que consideran debe ser. Por último, aquel que tenga actitudes negadoras del sexo no verá en la Tercera Edad una buena oportunidad de aprendizaje sobre esa temática.

Por parte de los A.M también podrían aparecer resistencias, por ejemplo argumentando que ya lo saben todo, o que por viudez, soledad o por el solo hecho de ser viejos, no deben considerar el sexo como parte de sus vidas.

Estos obstáculos deben ser capitalizados, para lograr desde la educación sexual, un abordaje más intenso e integrador. El saber sexológico es importante en el alcance de un ejercicio satisfactorio y enriquecedor de la sexualidad.

Llegada a cierta edad, la pareja vuelve a encontrarse en la intimidad, sin hijos en el nido y sin el apremio de las responsabilidades laborales, la pareja puede reencontrarse con mayor madurez, plenitud, sabiduría, amor y erotismo plenos.

Según la autora Helen Fisher en su obra Anatomía del amor, los seres humanos hablamos de sexo, leemos de sexo, jugamos y nos vestimos sexualmente, tenemos mitos para explicarlo, castigos para inhibirlo y reglas para organizarlo.

Acerca de la formación de educadores sexuales y los espacios posibles

Se propone formar trabajadores en el campo de la vejez, que puedan ser un instrumento de prevención primaria de disfunciones sexuales, fomado para mejorar la calidad de vida del otro y con el cuidado puesto en no proponer modelos que acaben por consolidar tabúes sobre la sexualidad en la vejez.

Es importante que el educador sexual pueda resaltar el carácter de proceso de la sexualidad, es decir que ésta no aparece en un momento de la vida ni permanece inmutable, sino que evoluciona a lo largo de toda la existencia.

La educación sexual puede ser formal (la incluida en la educación sistémica básica), no formal (programas extracurriculares coordinados por profesionales) o informal (la que se obtiene en las familias, los grupos de amigos, los medios de comunicación)

Nuestros ancianos de hoy prácticamente no han recibido educación sexual formal, pero podrían recibirla hoy en los ámbitos de educación permanente, en los clubes de ancianos, en distintos lugares donde organizar talleres, cursos y jornadas. Esta educación sería recibida voluntariamente, partiendo del interés del participante y debería adecuarse a las características socioculturales de cada grupo en particular. La educación no formal puede aportar los procedimientos didácticos convenientes para esta tarea.

Conclusiones

En este contexto socio-cultural, se hace necesario reflexionar acerca de la educación sexual de los Adultos Mayores, cuales serían los objetivos que se espera lograr, que aspectos habría que tener en cuenta al diseñar un programa de este tipo. No debe ser un camino para imponer un modelo de sexualidad sino para facilitar una escucha más auténtica del mensaje de los cuerpos. Sin los ruidos que provienen del Imaginario Social. No amoldar a las personas a lo que se espera de ellas, sino dedicarse a facilitar el registro en cada uno de lo que necesita, lo que desea, lo que siente, le hace bien, y le devuelve una autoimagen positiva, que lo integra, que lo enriquece.

Desde la educación sexual para adultos mayores, se procura crear un espacio en el que se tienda a ayudar al cuerpo a hablar el lenguaje subyacente al texto regido por los prejuicios y por los mandatos socioculturales, a expresar las emociones que verdaderamente lo recorren.

El educador deberá comenzar por escucharse a sí mismo para poder ayudar a escucharse al otro. Desde ese posicionamiento podrá defender y promover la importancia de devolver al anciano el derecho a ser tocado, a recuperar el contacto físico, indispensable desde el nacimiento y durante todo el proceso de la vida.

El paso del tiempo no debe ser un obstáculo, para el goce total de la vida, con todos los pormenores que inevitablemente puedan aparecer, es necesario aprender a disfrutar del hoy, no todo tiempo pasado fue mejor, sino que cada tiempo es distinto.

Esta en todos la responsabilidad de formar una sociedad que valore la vida en todos los momentos.