lunes, 8 de noviembre de 2010

SEXO DE ADULTOS MAYORES

SEXO ORAL, RELACIONES vaginales y masturbación son las prácticas sexuales más frecuentes de los adultos entre 57 y 85 años. Así lo revela la investigación publicada en la revista The New England Journal of Medicine, realizada con 3.005 hombres y mujeres estadounidenses, que estableció que este tipo de relaciones son comunes en las personas mayores y que confirma que el deseo sexual, aunque disminuye, no desaparece con los años. 
Pedro Herrera, que aparenta 70 años pero que en realidad tiene 84, cuando habla de sexo dice sentirse de 40. Se separó hace 25 años pero aún conserva la libido. Según él, satisface sus arrebatos más o menos cada tres meses con una amiga cuarentona que lo hace sentir de regreso a la plenitud de su sexualidad.
Según el psiquiatra y sexólogo Pedro Guerrero, los ímpetus sexuales de los mayores varían no porque el deseo desaparezca sino porque van perdiendo la capacidad sexual paulatinamente. "En los hombres, las funciones físicas van disminuyendo porque se presentan alteraciones vasculares que, con los años, pueden traducirse en impotencia", explica Guerrero. Además, presentan eyaculaciones precoces relacionadas con el miedo a perder la erección". En cuanto a las mujeres, sostiene que es normal que el deseo se extinga con el paso del tiempo, porque "la producción de hormonas se viene a menos durante la etapa de madurez y es mucho más difícil para ellas alcanzar el orgasmo".
Son gajes de los años que llegan en momentos diferentes y que implican hacer distinciones con respecto al término 'viejo'. DJ Levinson, uno de los más reconocidos investigadores del tema, distingue dos etapas en las que, en menor o mayor grado, existe la necesidad de satisfacer los deseos sexuales: vejez temprana en el caso de los mayores de 65 y adultez tardía en los mayores de 80. Entre las personas de 57 a 64 años, el 73% admite tener una vida sexual activa; entre 65 y 74, la cifra cae a 53%; y entre los que tienen 85, tan sólo el 26% reconoce tener sexo, según la encuesta publicada por el semanario inglés. 
El marcado descenso de las prácticas sexuales en los mayores se ve influenciado por variables como la situación de pareja, la autoestima, las condiciones de salud tanto físicas como mentales, el historial sexual y la falta de deseo en las mujeres, que es, precisamente, el factor que más influye. Según un estudio publicado por la revista española Atención Primaria, "cuatro de cada 10 mujeres de más de 64 años tiene una vida sexual activa, pero sólo una décima parte lo hace porque lo desea". Y atribuye esto a la falta de educación sexual. Por eso se vuelve necesario que los mayores conozcan qué procesos caracterizan la vejez para que puedan adaptarse a las circunstancias y consulten en caso de dudas y cuando tengan el ánimo de recuperar las ganas que se fueron.  
Apto para mayores
Debido a tabúes culturales y religiosos, el sexo entre personas mayores se ha visto como algo oscuro y pecaminoso, que lo único que ha logrado es una generación de viejos reprimidos sin posibilidad de vivir su sexualidad plena. "Siempre se ha asociado sexo con juventud y juventud con belleza física, y como la tercera edad está disociada de la belleza física, también se la disocia de la sexualidad", asegura la geriatra y gerontóloga Hilda Martínez.
Sin embargo, las cosas han cambiado y una mayor apertura y liberalidad social está desvirtuando estas falsas apreciaciones y hasta la misma Iglesia viene mostrando una postura más abierta frente al tema. "Los conceptos religiosos han llevado a la percepción equívoca de una vejez sin sexualidad", escribe el sexólogo Carlos Alberto Cano en un artículo publicado en la revista Javeriana, una apreciación que el sacerdote jesuita y profesor de moral sexual Rafael Gutiérrez, contradice y sostiene: "El sexo en personas mayores es bien visto por la Iglesia porque es una manifestación de ternura y cariño, además de una expresión afectiva. No se puede olvidar que todos somos seres sexuados y la genitalidad es la forma de expresar el amor en términos corporales".
Cargado de prejuicios sociales y equivocados señalamientos, el sexo entre personas mayores no sólo es una realidad sino una necesidad que va más allá de la perversión con la que ha sido juzgado y que cada día se asume con la naturalidad con la que debió asumirse desde siempre.
DE NOVELA
Un ejemplo de relaciones sexuales entre personas mayores  es el de Fermina Ariza y Florentino Daza, los personajes de la novela de Gabo 'El amor en los tiempos del cólera'. 
"Era la primera vez que hacía el amor en más de veinte años, y lo había hecho embargada por la curiosidad de sentir cómo podía ser a su edad después de un receso tan prolongado. Pero él no le había dado tiempo de saber si también su cuerpo lo quería. Había sido rápido y triste, y ella pensó: 'Ahora hemos jodido todo'. Pero se equivocó: a pesar del desencanto de ambos, a pesar del arrepentimiento de él por su torpeza y del remordimiento de ella por la locura del anís, no se separaron un instante en los días siguientes. Apenas si salían del camarote para comer".