viernes, 19 de noviembre de 2010

CARTA A LOS HERMANOS ADOPTADOS

Leyendo un poco sobre la adopción encontré una historia sin igual que refleja precisamente el contenido de este verso de Efesios. Una sin igual pareja que ha vivido toda su vida de adultos con gente extraña fijándose en ellos... Ted, el hombre, tiene 47 años y Dawn su esposa 36, ellos son enanos, sin embargo, conservan una actitud especial hacia su “problema”. En lugar de enfocar sus limitaciones físicas, ellos han tomado una decisión que les cambió sus vidas —la de adoptar un hijo con mayores problemas físicos que los de ellos. Eventualmente adoptaron cuatro huérfanos surcoreanos y taiwaneses.

Ted es un hombre callado y serio. Dawn es vivaz y extrovertida. Ambos creen que los niños, —especialmente aquellos que nadie quiere— florecerán si alguien cree en ellos, los ama, y les dice: “Puedes hacerlo”.

Es probable que nos sorprendería si supiéramos cuántas personas de la congregación del Nombre, de una clase de la escuela, o de la oficina, tienen miembros de la familia por adopción.

Algunos han adoptado hijos. Algunos de ustedes son hijos adoptados. La única manera de entrar a la familia de Dios es por medio de la adopción. El ser un miembro de la raza humana no necesariamente significa que uno pertenece a la familia de Dios. El entrar a la familia de Dios sólo sucede por medio de la adopción.

En tres textos por separado, el Nuevo Testamento aborda el tema de la adopción para entrar a la familia de Dios (Romanos 8.15, 23; Gálatas 4.5; y Efesios 1.5). Los tres aparecen en los escritos de Pablo. Esto es lo que Efesios 1.5 dice: “… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad…”.

Todo cristiano tiene a Dios como Padre. Hemos sido adoptados. Ahora somos los hijos y las hijas de Dios. Creo que uno de los más grandes desafíos de la vida es el poder asirse de este hecho y dejar que tenga efecto en nuestras vidas. Un gran escritor bíblico de apellido Packer escribe algo en que deberíamos poner atención: “Si usted quiere saber qué tan bien una persona comprende el cristianismo, averigüe cuánto esa persona obtiene de la idea de ser hijo de Dios, y del tener a Dios como su Padre. Si ésta no es la idea que motiva y controla su adoración y sus oraciones y toda su visión de la vida, ello significa que no comprende el cristianismo del todo nada bien”.

El ser adoptados para entrar a la familia de Dios es algo que define la más grande de todas las bendiciones espirituales que se la han ofrecido a la humanidad.


¿QUE SIGNIFICA SER ADOPTADO?


Esto fue lo que Pablo escribió: “… en amor [Dios nos predestinó] para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo,…”. ¿Por qué sería que Pablo usó la palabra “adopción” (del griego: huithesia) cuando se refirió a los cristianos? ¿De qué manera le ayuda la idea de la adopción a uno para comprender quiénes somos y lo que Dios ha hecho por nosotros?

Pablo estaba aprovechando algo que sus lectores conocían del mundo de ellos. Los procedimientos de adopción eran eventos de gran solemnidad. Los elaborados detalles de la ceremonia destacaban la seriedad de la acción.

Cuando se completaba, la adopción creaba una nueva identidad para el adoptado. El comentarista W. Barclay lo describió de esta manera:

“Cuando la adopción se completaba, ello significaba que de veras estaba completa. La persona que había sido adoptada tenía todos los derechos de un hijo legítimo en su nueva familia y perdía completamente todos sus derechos en la familia antigua. Ante los ojos de la ley ésta era una nueva persona. Era tan nueva que hasta las deudas y las obligaciones que tenía en conexión con la familia anterior, eran abolidas como si nunca hubieran existido.”

Pablo estaba empeñado en que comprendiéramos las implicancias de la adopción que realizó Dios con nosotros, éramos esclavos espirituales del pecado y de Satanás, teniamos una deuda imposible de pagar, vendidos al pecado, con el unico destino posible de muerte eterna, sin esperanza y sin Dios en el mundo... Pero ¡¡¡Dios nos amó tanto, como para salvarnos, liberarnos y ADOPTARNOS!!!!
Dios hizo esto por nosotros a través de Jesucristo... Juan 1:12 nos dice de esta manera.

“Mas a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su Nombre;

El derecho, o potestad de llegar a ser hijo de Dios no se le da a cualquiera, sólo a aquellos que depositan su plena confianza en Jesucristo, pueden llegar a ser verdaderos hijos de Dios.

Gálatas complementa esta idea en el siguiente texto Gal 4:4-5 Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

La redención y la adopción es trabajo exclusivo de Jesucristo... sólo por medio de él tenemos entrada a la familia de Dios. ¿Qué es adopción? ¿Qué significa? La adopción es el ser desatados del pasado. La adopción es el ser reclamados por Dios para ser sus hijos. La adopción es algo que Dios hace por nosotros lo cual es aún mayor que el redimirnos.

Hay una historia que se cuenta de los tiempos de la guerra civil de Estados Unidos, esta representa una verdad que puede ser aplicada a esta acción del cristiano... Abraham Lincoln pasaba una vez por una cuadra en la que vivían esclavos y vio a una chica que estaba siendo vendida. Su corazón se le ablandó. Él hizo una oferta, y eventualmente llegó a pertenecerle. Después de pagar el dinero, le dijo:

“Ahora eres libre”.
“¿Qué significa eso?” le preguntó ella.
“Significa que eres libre”, contestó Lincoln.
“¿Significa que puedo ser lo que yo quiera?”.
“Sí, puedes ser lo que quieras ser”.
“¿Significa que puedo ir adonde quiera?”.
“Sí, puedes ir adonde quieras”.
Con lágrimas en sus ojos, la chica alzó la mirada hacia Lincoln y le dijo: “Entonces iré contigo”. Dios hizo eso por usted. Él le liberó. Es más, Dios le adoptó y le hizo su propio hijo.


LOS PRIVILEGIOS DE LA ADOPCIÓN.


Existen dos privilegios que conlleva ser adoptados en la familia de Dios.


a) El Amor del Padre:

“… en amor [Dios nos predestinó] para ser adoptados hijos suyos…”. La adopción expresa el amor de Dios hacia nosotros.

Las Sagradas Escrituras nos ayudan a comprender la extensión del amor de Dios hacia nosotros. Éste nos da dos varas con las cuales medir su maravilloso amor. La primera es la cruz: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Rom. 5.8

¿Quiere usted saber cuánto le ama Dios a usted? Échele una mirada al Gólgota. ¿Desea medir el amor de Dios para con usted? Concéntrese en el Calvario. Es por medio del sacrificio de Cristo en la cruz que tenemos un panorama de hasta donde puede llegar el amor de Dios por sus hijos... Marcos Vidal, un cantante cristiano lo dice de esta manera “Oh, que amor, inmenso amor, inagotable, que no tiene fin, que aun sufriendo y agotado, despreciado y al morir, rescataste multitudes y a mi.”

Una segunda vara para medir el amor de Dios es el don de ser sus hijos: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;…” (Juan 3.1). A través de la adopción nosotros experimentamos su amor. Él no tenía razones para salvarnos, ni para perdonarnos, ni para adoptarnos. Dios hizo las tres cosas por amor, nos perdonó, nos salvó y nos adoptó.

Había una vez un hombre que andaba en una gira de conferencias en Australia. Una mañana entró a la sala a estudiar mientras la empleada limpiaba su habitación de hotel. Mientras revisaba sus notas, oía una música de violín. Ello echó a perder su concentración, y se disgustó. Por fin, regresó a su habitación y se quejó con la empleada por el ruido.

Ella le dijo: “¿Sabe usted quién es el que está tocando ese violín?”.
“No, ¿quién es?”.

“Ese es Yehudi Menuhin, el violinista de fama mundial. Está practicando para el concierto de esta noche”.
El hombre se sorprendió. No podía creerlo. Inmediatamente tomó una silla y regresó a la sala y se sentó allí a escuchar mientras el gran artista practicaba. Más adelante, esto fue lo que dijo acerca de lo que había escuchado: “Fue un maravilloso concierto —la más hermosa música que jamás oí— una vez que me di cuenta quién era el que estaba tocando”.

Si usted es hijo de Dios, escuche la música en su vida. Usted puede estar perdiéndosela. Está sonando todo el tiempo y espera para ser oída. Llena el aire para que nosotros oigamos y disfrutemos. Es la música del amor de Dios. Si pudiéramos darnos cuenta de quién es el que la está tocando, jamás miraríamos a la vida de la misma manera otra vez.


b) Esperanza que nos sostiene:

El segundo privilegio de la adopción es que en la familia de Dios, lo mejor siempre está por darse. El cristianismo es la religión de la esperanza. Como hijos de Dios que somos, tenemos esperanza de una increíble herencia —una herencia que Dios mismo garantiza (1.14).

Como hijos de Dios que somos, también tenemos la esperanza de compartir la gloria de Cristo (Romanos 8.17). 1 de Juan 3.2 dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal como él es”.

Como hijos de Dios que somos, tenemos la esperanza de la más grande reunión de todas, en un lugar llamado el cielo. Estaremos con el Señor y con la familia de Dios allí por siempre (1 Tesalonicenses 4.17).

Cantamos alabanzas que nos recuerdan que uno de los privilegios de la adopción es que tenemos esperanza que no perece.


LAS RESPONSABILIDADES DE LA ADOPCIÓN.



Packer, el autor que citamos anteriormente, decía de la adopción que “la totalidad de la vida cristiana debe ser comprendida en los términos de ella”. Jesús vivió como vivió porque sabía quién era él —el Hijo de Dios. El conocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que nosotros somos sus hijos debería darle forma a la manera como vivimos nuestras vidas. Jesús recalcó esto en el sermón del monte. Note usted lo que Jesús dijo en ese sermón, a los que conocen a Dios como Padre.


1) Deberíamos vivir como hijos de Dios que somos:

Hacemos esto a través de imitar a Dios. Esto fue lo que Jesús dijo: “Oíste que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos,…” (Mateo 5.43–45).

El vivir como un hijo de Dios es imitar a Dios. También es honrar al Padre. Esto es lo que leemos: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.16).

Vivimos como hijos de Dios por medio de imitarlo a él, por medio de honrarlo a él, y por medio de hacer un constante propósito de agradarle a él, y no a los hombres. “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 6.1).


2) Deberíamos orar como hijos de Dios que somos.

Como hijos adoptados que somos, oramos a Dios dirigiéndonos a él como el “Padre nuestro que [está] en los cielos” (Mateo 6.9). Deberíamos evitar el estar diciéndole las mismas cosas sin pensar al Padre (Mateo 6.7–8). Podemos orar libre y confiadamente: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7.7).


3) Deberíamos confiar como hijos de Dios que somos.

Podemos vivir sin ninguna preocupación o inquietud. Lo que debemos hacer es simplemente confiar en que nuestro Padre proveerá para cada necesidad real que tengamos. “Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6.32–33).
La adopción tiene sus privilegios y sus responsabilidades. La mayoría de nosotros puede acordarse de cuando nuestros padres se sentaban con nosotros una que otra vez, con el fin de animarnos a honrar el apellido de la familia. Esto mismo es lo que se necesita cuando de la familia de Dios se trata. Con nuestros privilegios vienen responsabilidades. No podemos tener una cosa sin la otra. El privilegio de ser adoptados en la familia de Dios, conlleva la responsabilidad de vivir como miembros de la misma.


CONCLUCION

Rom 8:18-19 De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios.

Es como si toda la creación —incluyendo a todos los seres celestiales— haya formado una gran audiencia, y ésta esté sin aliento esperando que el telón se corra. Cuando esto por fin suceda, toda la creación se quedará boquiabierta de asombro. El sonido se oirá por todo el universo cuando todos reaccionen a la gloria que Dios les ha dado a sus hijos adoptados

 

 

 




 

 


 

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