miércoles, 16 de junio de 2010

A SUS 100 AÑOS

Al verla denota ternura y en su rostro se ve su largo recorrido por la vida, aunque todavía espera seguir conociendo cosas y nuevas experiencias.
Doña "Cayita", como la conocen sus vecinos en Los Laureles de Comayagüela, es la bisabuela más querida de la colonia.
Doña María Arcadia Martínez Soto nació el 30 de abril de 1910 en la comunidad de Carpintero, Francisco Morazán. Tiene 100 años, ni más ni menos.
"Cayita" se levanta a las 5:00 de la mañana, iniciando el día con una oración en la que le da gracias a Dios por tenerla con vida y por darle la oportunidad de disfrutar de su familia.
Doña Arcadia tiene dos hijas, las cuales le han dado seis nietos, y estos la han obsequiado con siete bisnietos.
En su centenario de vida, la anciana dice que su secreto para vivir tanto tiempo es Dios.
"Dios me tiene con vida para acompañar a mis hijas y solo Dios sabe hasta cuándo voy a vivir".
Doña "Cayita" manifiesta que se siente feliz de que Dios le haya dado la oportunidad de ver crecer a toda su descendencia, oportunidad que no tuvo su esposo, quien murió hace 35 años.
Labores del hogarComo es de esperarse de las personas de épocas pasadas, no pueden estar tranquilas, ya que se acostumbraron a trabajar desde muy jóvenes.
Aunque sus hijas y nietos le dicen que no haga oficio, doña Arcadia toma la escoba y se pone a barrer (aunque ya esté limpio) o a lavar loza. "Es que me aburro sin hacer nada y como mi hija trabaja, pobrecita, yo le lavo los trastes para que ella no haga nada porque viene cansada".
Esto lo hace después de que su hija se va a trabajar, ya que cuando ella está en la casa no permite que doña Arcadia haga oficio.
En horas del mediodía la anciana disfruta barrer la acera de su casa, donde niños y grandes la saludan con un "¡hola, Cayita, cómo está hoy!"
La anciana dice que no sabe leer, pero la vista la tiene "buena" porque desde largo puede distinguir a cada uno de sus parientes; y los billetes los conoce muy bien, no se confunde con el vuelto, dijo uno de sus bisnietos.
Doña "Cayita" comparte el día con su lorita Lola, la cual la llena de alegría ya que repite cada una de sus palabras y cuando la anciana se mete a la casa la lora llama a su inseparable amiga.
"Esta Lola es tremenda, a veces se pone brava y me quiere morder, pero después se alegra", comentó con una sonrisa.
Bailarina de primera
El pasado domingo, doña "Cayita" celebró por todo lo alto su aniversario natal y para hoy sus hijas, nietos y bisnietos le han organizado otra fiesta en conmemoración al día de la madre.
En una autoconfesión, doña Arcadia dijo que la fiesta fue solicitada por ella misma; "en la fiesta de mi cumpleaños nadie me aguantó bailando y el domingo va a ser igual".
"Cayita" revela que en sus tiempos de juventud era bailarina: "me quedaba hasta el amanecer, hasta en la mañanita". A pesar de que era bailarina, asegura que nunca le gustó ingerir alcohol ni fumar, "eso sí que no, lo mío era bailar".
Durante una fiesta fue que conoció al padre de sus hijas, con el cual convivió por más de 50 años. "Mis hijas me cuidan mucho, como si yo fuera su hija y no su mamá", dijo la sonriente anciana.
La centenaria mujer también confesó que cuando está aburrida, después de haber terminado sus labores en el hogar, le pide a su nieto Darwin que la acompañe a bailar una canción de conjunto de cuerdas, ya que es la música que "me recuerda cuando iba a bailar con el papá de mis hijas".
Huérfana de padres
La vida de doña Arcadia no fue fácil, según sus propias palabras, ya que en el trabajo de parto su madre murió cuando ella apenas conocía la luz de la vida.
A su padre nunca lo conoció, ya que abandonó a su madre cuando estaba embarazada.
Con sus ojos humedecidos, "Cayita" recuerda que su abuela materna y sus tíos se encargaron de su crianza, pero que ella era un poco rebelde y no le gustaba estudiar, razón por la cual no aprendió a leer ni a escribir, ya que aunque la mandaban a la escuela, ella botaba los papeles (no había cuadernos) y prefería subirse a los árboles a comer frutas.
"Yo comencé a trabajar desde los 9 años, mi tía me llevó a trabajar de hacer limpieza: yo barría, trapeaba y lavaba ajeno", relató .
Con nostalgia, una sonrisa y al mismo tiempo reflejando tristeza en su mirada, doña "Cayita" recordó que su tía le enseñó a trabajar honradamente para que no tuviera que andarle pidiendo a nadie.
"Mi tía, que hace tiempo murió, me enseñó a trabajar desde que estaba chiquita; cuando ya estaba adulta trabajé durante 20 años lavando la ropa de un hotel que quedaba en el Guanacaste".
Doña "Cayita" aconsejó a los jóvenes que desean llegar a su edad que se acerquen a Dios, porque él es el que decide cuánto tiempo vamos a vivir

No hay comentarios: