miércoles, 19 de agosto de 2009

DIEZ PASOS PARA UNA CHICA GUAPA.

1. Estarás agradecida cada mañana por un día más de vida, por tu existencia y por la oportunidad de hacer algo positivo por ti y por los demás.

2. Cuidarás de la piel de tu cutis y la de todo tu cuerpo para preservar su lozanía y hermosura. La mantendrás humectada y radiante. La protegerás del sol usando bloqueador. Visitarás al dermatólogo para asegurarte que todo está en orden o si presentas alguna condición que te incomoda.

3. Invertirás tiempo y esfuerzo en mantener un cabello sano y fuerte. Lo lucirás bien arreglado y presentable en todo momento. Experimentarás con diferentes estilos, largos y tonalidades.

4. Resaltarás tus hermosos rasgos con un toquecito de maquillaje cada día. De noche deslumbrarás a todos con un maquillaje de impacto que te haga lucir ultra guapa sin mucho esfuerzo.

5. Comprarás y lucirás la ropa que te quede bien. Usarás elementos de la moda para reflejar tu sentir cada día. No serás una del montón, más bien generarás tendencias. Vestirás apropiadamente según la ocasión.

6. Antes de salir de casa te mirarás al espejo de arriba a abajo y te asegurarás de que lo que llevas puesto te hace sentir como una diosa. Serás coqueta, femenina e irradiarás clase.

7. Caminarás con buena postura y garbo, siempre segura de ti misma. Tendrás una actitud positiva hacia la vida, por lo cual, en tu rostro siempre estará dibujada una sonrisa.

8. Velarás por tu salud y tratarás a tu cuerpo como un templo. Te alimentarás sanamente y serás una persona activa. Amarás tus curvas y procurarás lucir una figura tonificada. Vencerás el temor e irás al médico inmediatamente cuando algún malestar se presente.

9. Te darás a valer y a respetar. Te comportarás como una dama y te expresarás con propiedad e inteligencia. Nutrirás tu mente con conocimientos y te rodearás de cultura.

10. Estarás en control de tus finanzas y tendrás independencia económica. Serás ambiciosa y velarás por el cumplimiento de tus metas y sueños.

ESTAR BIEN EN EL ADULTO MAYOR.

En los últimos años se ha generado un especial interés por la investigación relacionada con la tercera edad. Este interés se debe principalmente al aumento de las expectativas de vida de la población mayor en los países desarrollados, lo que obliga a una preocupación por la calidad de vida de estas personas. Así por ejemplo, durante los últimos cien años, en los Estados Unidos se ha triplicado la población mayor de 65 años (Volz, 2000), siendo en nuestro país esta tendencia también observable. Esta situación es reflejo de las mejoras socioeconómicas registradas en el último tiempo, y plantea necesidades de conocimiento específico sobre el grupo de la población con mayor edad, para diversos fines de investigación y programación (Hernández, 1997).

Producto del considerable aumento de personas que viven esta realidad, surge el interés a nivel mundial por sus condiciones de vida y las necesidades específicas de este grupo, cobrando relevancia en los últimos años las investigaciones relacionadas con el bienestar subjetivo del adulto mayor y las variables específicas que influyen en él.

Sin duda, las cifras que dan cuenta del proceso de envejecimiento de la población chilena traerán consecuencias y efectos en las distintas actividades y sectores de la sociedad.

Así para Pereira (1999), el envejecimiento poblacional conlleva una creciente demanda de servicios y atenciones que son propios de las necesidades que generan los adultos mayores, las que se enmarcan en áreas diversas como la economía, vivienda y urbanismo, salud, participación social y educación.

Dentro de la investigación relacionada con el adulto mayor, surge el interés por conocer los factores que inciden en la percepción de bienestar en este grupo etáreo.

Marco Teórico

Bienestar Subjetivo

Actualmente se considera que una de las principales barreras entre la vejez y un estado de bienestar, lo constituye una evaluación negativa de la ancianidad hecha por algunos miembros de las sociedades occidentales, lo que disminuye la oportunidad de aceptar otros hallazgos importantes de la gerontología moderna, los cuales destacan el incremento de la variabilidad interindividual en relación con el funcionamiento y el ajuste en la vejez y el hecho de que la mayor parte de las personas se ubicarían en el rango normal de esta variabilidad (Thomae, 1982).

Para los fines de esta investigación, el bienestar subjetivo será definido de acuerdo a los planteamientos de Ryff (1989). Este autor, quién tiene una abundante investigación al respecto, plantea que las diversas perspectivas que existen respecto al bienestar subjetivo pueden ser integradas, en la medida que muchos teóricos coinciden en ciertas características de este. Ryff operacionaliza el bienestar subjetivo en las siguientes dimensiones:

Autoaceptación. Es el criterio más utilizado para definir bienestar, y es conceptualizado como la figura central de la salud mental, como una característica de madurez, realización personal y funcionamiento óptimo.

Relaciones positivas con los demás. La importancia de la calidez y confianza en las relaciones interpersonales, así como la capacidad de amar, son vistas como uno de los principales componentes de la salud mental, siendo a la vez un criterio de madurez.

Autonomía. Enfatiza la autodeterminación, la independencia y la regulación de la conducta.

Dominio del ambiente. La habilidad de elegir o crear ambientes acordes a las propias condiciones físicas es definida como una característica de la salud mental. Implica la capacidad de manipular y controlar los entornos o ambientes complejos contando con la participación del medio.

Propósito en la vida. Destaca la comprensión de un propósito o significado de la vida, un sentido de dirección o intencionalidad. Quién funciona positivamente tiene objetivos, intenciones y un sentido de dirección.

Crecimiento personal. El funcionamiento psicológico óptimo requiere no solo desarrollar las características anteriores, sino también continuar el desarrollo de su propio potencial, crecer y expandirse como persona.

Los procesos de envejecimiento y el cúmulo de pérdidas psicosociales que acontecen durante la vejez parecen determinar en algunos ancianos su incapacidad para percibir sus competencias y habilidades y, desde luego, los aspectos positivos del entorno que les rodea y de la vida en general. En este sentido, existen hallazgos empíricos que demuestran que la autoestima decrece con la edad. Esta autoestima o autosatisfacción puede considerarse, según Schwart (1975 en Fernández-Ballesteros, 1999), como el eje de la calidad de vida de los ancianos.

Mroczek y Kolarz (1998), señalan la importancia de algunas variables sociodemográficas contextuales y de personalidad en la relación edad-bienestar. En particular, estos autores encuentran que se presentan mejores índices de bienestar en los adultos mayores casados y extrovertidos, en detrimento de los solteros e introvertidos, no encontrándose relaciones lineales en el caso de las mujeres.

Sin embargo, la investigación básica en psicología gerontológica ha demostrado que consideraciones como las descritas anteriormente pueden estar basadas en situaciones poco objetivas. Así Madox (1982 en Fernández Ballesteros, 1999) basado en investigaciones realizadas durante los años 70, señalaba que la mayoría de los adultos mayores permanecen socialmente integrados, son competentes y las posibilidades de que presenten deficiencias en algunos aspectos pueden ser modificables. Más aun, recientes investigaciones como la recopiladas por Mroczek y Kolarz (1998) han llegado incluso a conclusiones tales como que el afecto negativo (infelicidad) es más alto entre los adultos jóvenes que entre los adultos mayores.

Producto de estas y otras investigaciones recientes se ha concluido que existen múltiples diferencias individuales en el bienestar percibido en la vejez (Stanley & Cheek, 2003; Hagberg, Hagberg & Saveman, 2002) y, en definitiva, existen también múltiples investigaciones que ponen de relieve que no es exactamente cierto que a medida que envejecen las personas se sientan más insatisfechas (Ormel, Kempen, Deg, Brilman, Van Sonderen & Relyveld, 1998; Fernández-Ballesteros, 1999).

Dentro de las variables sociodemográficas destaca lo señalado por Bromley (1990 en Fernández-Ballesteros, 1999), quien indica que la edad cronológica no parece explicar sino una pequeña porción de la varianza en el grado de bienestar del sujeto.

Por otra parte, integrando la descripción hecha por Ryff (1989) en torno al concepto de bienestar nos podemos dar cuenta de que al menos la autoaceptación, la autoestima y el propósito en la vida tienen que ver con muchos de los síntomas asociados comúnmente a depresión, así como el dominio del ambiente y las relaciones positivas con los demás se relacionan con el concepto de apoyo social percibido.

Depresión

En cuanto a la depresión en el adulto mayor, se debe partir por señalar que los problemas afectivos en los ancianos son importantes por su frecuencia, por su impacto sobre el estado mental y por su potencial influencia sobre la evolución de las enfermedades físicas. Los investigadores señalan una prevalencia de trastornos mentales severos que oscila entre un 15 a 25% en los ancianos que viven en comunidad, y hasta el orden del 40 a 75% en contextos residenciales de atención especial (Kermis, 1986). En nuestro país, se ha reportado una prevalencia de hasta un 47% de depresión en una muestra de adultos mayores (Hoyl, Valenzuela & Marín, 2000).

Para Calderón (1990), la vejez es una etapa especial, en la que el individuo debe hacer un gran esfuerzo por adaptarse a los múltiples cambios en diversas dimensiones que debe enfrentar. Esta perspectiva es bastante coherente con una visión de proceso de envejecimiento más que de una distinción entre lo normal y lo patológico del tipo DSM IV o CIE 10. En virtud de esto último, la depresión sería un continuo y la descripción de esta debería basarse más en criterios cuantitativos que cualitativos.

Sin embargo, en términos diagnósticos, existe en el DSM-IV, una gran variedad de síndromes que cursan con síntomas depresivos, siendo el común denominador en todos ellos la modificación profunda del estado anímico, con predominio de la tristeza y el sufrimiento, o la preocupación excesiva. A menudo, en el uso corriente, se confunde este común demoninador con una entidad única y global, confundiendo más que aclarando el diagnóstico.

Así, debido a que el término depresión hace referencia tanto a un constructo como a un conjunto de síntomas, se produce una utilización ambigua del mismo, estando frecuentemente presentes ambos significados. De hecho, con frecuencia en el paciente mayor, la depresión se presenta en forma atípica y clínicamente no cumple con los criterios de una depresión mayor. Estos síndromes incompletos, denominados trastorno depresivo no específicado, trastorno del estado de ánimo no especificado, depresión menor o depresión por el DSM-IV, pudieran tener la misma repercusión en cuanto a morbimortalidad que la depresión mayor (Hoyl, Valenzuela & Marín, 2000).

Como respuesta al problema conceptual de la depresión, se ha intentado establecer una mejor delimitación y diagnóstico de la depresión en personas mayores, destacándose la propuesta de Gallagher y Thompson (1983), quienes consideran la depresión como un producto final, que refleja una serie de problemas relacionados con distintas áreas psicológicas, sociales y biológicas. Es importante destacar que Gallagher y Thompson no incluyen otros síntomas regularmente contemplados en el diagnóstico de la depresión que discriminan escasamente en este grupo de edad, como son los sentimientos excesivos de culpabilidad, inadecuación, preocupación excesiva y quejas hipocondríacas.

El bienestar emocional de los adultos mayores declina con niveles más bajos de ejercicio y salud física. Se ha observado que entre los mayores, la depresión se correlaciona fuertemente con limitaciones tales como dificultad para preparar alimentos, comprar, salir, bañarse, etc. Más aún un bajo sentido de control sobre la propia vida aumenta la depresión. Un ajuste de las funciones físicas y sentido de control, eliminaría algunas de las apariciones de depresión asociadas con esta edad (Mirowsky & Ross, 1992).

Ahora bien, en este contexto y en resumen, sería necesario hacer al menos dos observaciones básicas: que los criterios diagnósticos tipo DSM IV se vuelven insuficientes para la conceptualización de los trastornos del ánimo en esta población, y segundo, que muchos de los estresores que podrían estar causando reacciones adaptativas que cursen con síntomas depresivos en los adultos mayores, se relacionan con la capacidad funcional del adulto mayor.

Salud Física

En esta línea, la salud física, es otro de los elementos a considerar como relevantes. Se ha reportado que los ancianos refieren, por lo general, pocas preocupaciones a excepción de las que tienen que ver con el área de la salud (Fernández-Ballesteros, 1994). De hecho, no sería extraño pensar que la salud fuera la preocupación más importante, en las personas de mayor edad, a partir de que lo que caracteriza esta etapa de la vida es el declive biológico, en definitiva, el deterioro físico (Majos, 1995)2, que a menudo se traduce en hospitalizaciones en clínicas geriátricas u hospitales generales.

Aún cuando partamos de una concepción global de la salud, entendida como "un estado completo de bienestar físico, mental y social y no simplemente como ausencia de enfermedad" (Postel, 1996, p. 726), se hace necesaria la multidimensionalidad del concepto en sus distintos componentes que, en términos de definición, la forman: el funcionamiento físico, mental y social. Una evaluación integral de la salud respondería a una evaluación conjunta de estos tres aspectos.

Dos investigaciones realizadas en los Estados Unidos y Finlandia demuestran una correlación positiva entre nivel socioeconómico y salud autorreportada. En ambos estudios, los factores psicológicos positivos como mayor apoyo social, menor rabia, menor depresión y menor estrés percibido, y prácticas de salud beneficiosa como no fumar, no beber, y hacer ejercicios moderados, fueron asociados con un nivel alto de estatus socioeconómico y mejor salud autorreportada (Cohen, Kaplan & Jukka, 1999).

En relación al vínculo entre salud y depresión, se debe señalar al menos, que las enfermedades somáticas pueden causar síntomas depresivos y que ambos trastornos pueden coexistir (Martínez, s/f). Entre el 30 y el 70% de los ancianos ingresados en un hospital general presentan trastornos psiquiátricos, y un 20 a 30% manifiestan sintomatología depresiva evidente, mientras que sólo en un 2% de los pacientes ancianos se realiza consulta a psiquiatría (Padierna et al., 1994 en Martínez, s/f). Esta contradicción se puede explicar entre otras cosas por los errores médicos en la identificación de trastornos psiquiátricos, la menor prioridad de las enfermedades psiquiátricas comparadas con las médicas, y el difícil acceso de los ancianos a los servicios psiquiátricos.

En ocasiones es factible encontrarse con pacientes que presentan síntomas depresivos que preceden a una enfermedad somática no diagnosticada. Sin embargo, lo más frecuente será enfrentarse con pacientes ya diagnosticados de alguna enfermedad somática que presentan síntomas depresivos. En estos casos se debe plantear, entre las posibilidades diagnósticas el trastorno afectivo debido a enfermedad médica y las depresiones somatizadas (Martínez, s/f).

Así, la salud autorreportada, que entraña claramente un concepto psicológico y es un excelente predictor de la salud física del individuo y aún de su morbi-mortalidad, está fuertemente asociada a otras condiciones psicológicas como la satisfacción en la vida, la autoestima, las habilidades funcionales, las actividades de la vida diaria, la depresión y aún el funcionamiento intelectual (Fernández-Ballesteros, Izal, Montorio, González & Díaz, 1992).

Apoyo Social

En cuanto al apoyo social, los gerontólogos que intentan explorar esta variable en la vejez han visto obstaculizados sus esfuerzos por la falta de una base conceptual unificada, lo cual hace difícil identificarlo en la investigación (Turner & Helms, 1994). En concreto, existen múltiples definiciones de apoyo social. Por ejemplo en Peiró y Salvador (1993), se enumeran diversas definiciones, como la de Caplan (1975) que lo define como la presencia o ausencia relativa de recursos de apoyo psicológico provenientes de otras personas significativas, Cobb (1976) lo considera como la información que permite a las personas creer que: a) se preocupan de ellos y les quieren; b) son estimados y valorados y c) pertenecen a una red de comunicación y de obligaciones mutuas. Posteriormente, House (1981) plantea que el apoyo social es la disponibilidad de ayuda proveniente de otras personas y Thoits (1982) como el grado en que las necesidades sociales básicas se satisfacen a través de la interacción con otros.

Aún cuando la intención no es abordar el tema del apoyo social en toda su complejidad, se puede decir que este es un concepto multidimensional que incluye apoyo social percibido, apoyo en términos de información, apoyo emocional, existencia de redes, entre otros. Por supuesto, la investigación en torno al tema estará en gran medida definida por cual sea la definición operacional de apoyo social que se utilice para encauzarla (Weber, 1998).

Por otra parte existe una polémica con respecto a las distintas formas como el apoyo social podría modular las experiencias de estrés. Entre ellas, se cuenta el cambio en la apreciación subjetiva del estresor, la modificación en las estrategias de afrontamiento, el incremento de la motivación y/o la autoestima, y por último, la alteración del estado de ánimo, contribuyendo a que el estresor afecte menos (Peiró & Salvador, 1993).

Más allá de todas las definiciones, el estudio del impacto del apoyo social en la vejez, tiene ciertas peculiaridades producto de las características distintivas de este grupo etáreo, como por la mayor probabilidad de que este grupo pierda relaciones sociales, producto de sucesos característicos de esta edad (jubilación, viudez, institucionalización, etc.), o por características personales (salud o escasos recursos educativos), lo que haría pensar que los adultos mayores cuentan con menores posibilidades de recibir el apoyo social necesario para afrontar los diversos acontecimientos estresantes (Fernández-Ballesteros et. al, 1992), hecho alarmante en la medida que lo necesitan para hacer frente al deterioro propio de esta edad (Barros, 1996a).

Complementando lo anterior, habrían razones para suponer que la experiencia de la jubilación afecte mayormente a los varones, en la medida que es este subgrupo el que mayoritariamente deja de trabajar remuneradamente, enfrentando más intensamente esta pérdida (Meyer, Muñoz, Ortiz & Parada, 2002), y contando además con menos redes de apoyo (Weber, 1998).

Sin embargo, a pesar de estar comprobada una disminución en la actividad social de los adultos mayores producto en muchas ocasiones de la pérdida de relaciones sociales importantes (viudez por ejemplo), diversos estudios realizados en países distintos culturalmente demuestran lo escaso del sector de adultos mayores que no cuenta con alguna persona que le preste ayuda diaria, aún cuando hay diferencias en cuanto a quién se recurre: en Estados Unidos acuden más a los vecinos, mientras que los europeos buscan más apoyo emocional en sus hijos que sus contrapartes africanos o asiáticos (Fleishman & Shmueli, 1984). En general, tiende a pensarse que producto de las pérdidas sufridas, los adultos mayores cuentan con redes sociales integradas por un número menor de miembros que los individuos más jóvenes (Minkler, 1985 en Fernández-Ballesteros et al., 1992). Una investigación realizada por Antonucci y Akiyama (1987), llegó a la conclusión de que no existen diferencias entre los distintos grupos de edad en el número de relaciones sociales mantenidas. Se encontró que la familia es la fuente de apoyo más común en todos los grupos etáreos, pero los adultos mayores informaron contar con un número mayor de amigos en su red social en comparación con los demás grupos más jóvenes. Finalmente, así como para los adultos mayores en otros países cobran especial importancia los amigos en Chile este sitial estaría ocupado por la familia (Barros, 1996b).

Objetivo

Determinar la relación existente entre la variable bienestar subjetivo en el adulto mayor y las variables depresión, salud autorreportada, apoyo social percibido, género y edad, en una muestra de beneficiarios del Sistema de Salud Municipal de Talcahuano.

Hipótesis

1. Los adultos mayores que presentan una mejor salud física percibida tienden a presentar un mejor bienestar subjetivo.

2. Los adultos mayores que presentan un mayor apoyo social percibido tienden a percibir menos síntomas depresivos.

3. Los adultos mayores que presentan una mejor salud física percibida tienden a presentar menos síntomas depresivos.

4. Los adultos mayores que tienen un mayor apoyo social percibido tienden a presentar un mejor bienestar subjetivo.

5. Los adultos mayores que presentan un mayor apoyo social percibido, tienden a presentar una mejor percepción de salud.

6. Los adultos mayores que presentan un mayor bienestar subjetivo tienden a presentar menos síntomas depresivos.

7. El bienestar subjetivo está determinado por la percepción de salud, el apoyo social, la ausencia de síntomas depresivos y el género.

Método

Esta investigación es de tipo explicativo, ya que pretende predecir el cambio en una variable dependiente, a partir de la variación en una o varias independientes.

Población

La población estuvo constituida por "todos los Adultos Mayores beneficiarios del sistema Municipal de Salud de Talcahuano (DISAM)". La DISAM de Talcahuano incluye cinco Centros de Salud, estos son, "Los Cerros", "Hualpencillo", "San Vicente", "Talcahuano Sur" y "Centro de Salud Las Higueras".

El tamaño de la población fue de 15576 personas, el cual corresponde al total de Adultos Mayores beneficiarios del Sistema Municipal de Salud de Talcahuano. El total se desglosa de la siguiente manera. Al Centro de Salud Higueras corresponde el subtotal de 5481 beneficiarios, al consultorio Los Cerros corresponden 1582 beneficiarios, al consultorio Hualpencillo corresponden 6115 beneficiarios y, por último, el consultorio San Vicente tiene 2398 beneficiarios. El Centro de Salud Talcahuano Sur no fue incluido en la presente investigación.

Muestra

La muestra a seleccionar fue de tipo no probabilística e intencionada, ya que solo se encuestó a aquellas personas que se atienden por enfermedad o por controles preventivos y se dejó fuera a aquellas personas que aún siendo beneficiarios del sistema, no asisten a los consultorios de su comuna.

El tamaño estimativo de la muestra se estableció en 150 personas, siendo esta selección intencionada, puesto que se realizó con aquellas personas que asistieron a los consultorios en los días en que se acudió a encuestar.

La muestra se seleccionó de acuerdo a la proporción de beneficiaros de cada consultorio. En porcentaje cada consultorio posee la siguiente cantidad de beneficiarios: Hualpencillo 39%, San Vicente 16%, Higueras 35% y Los Cerros 10%. Al utilizar 150 personas como muestra, a cada consultorio le correspondió la siguiente cantidad de personas: Hualpencillo 58 personas, San Vicente 24 personas, Higueras 53 personas y Los Cerros 15 personas.

De la muestra original de 150 sujetos quedó una muestra válida de 145 sujetos eliminando datos incompletos, de los cuales 48 (33.11%) fueron hombres y 97 mujeres (66.89%). En cuanto a la distribución por tramo FONASA3 (Fondo Nacional de Salud), 29 personas correspondieron al tramo A, 72 al tramo B, 12 al tramo C, 31 al tramo D, y 1 fue particular.

Finalmente, aún cuando el Ministerio de Salud considera como adulto mayor a toda persona con más de 65 años, para los fines del presente estudio el límite inferior del rango de edad se fijó en 58 años.

Instrumentos

Para el presente estudio se utilizaron cuatro escalas.

1. Escala de Autoreporte en Salud, adaptada y traducida de Mui (1996). Esta escala está compuesta por 12 itemes, cuya alternativa de respuesta es cerrada y dicotómica.

2. Escala de Depresión Geriátrica, adaptada de acuerdo a la "Geriatric Depression Scale" (Olin et al., 1992, en Mui, 1996) y compuesta por 30 itemes4, con escalamiento tipo Likert de tres alternativas.

3. Escala de Bienestar Subjetivo. La escala de satisfacción vital de Diener (Arce,1994), posee un gran prestigio internacional y salvo inconvenientes transculturales dispone de una gran confiabilidad. La Escala original de Diener está compuesta por 5 itemes con escalamiento tipo Likert de tres alternativas.

4. Escala de Apoyo Social Percibido, adaptada de la "Perceived Social Support Scale" (Zimet y cols s/f, en Blumenthal, Burg, Barefoot, Williams, Haney & Zimet, 1987). Esta escala fue estandarizada en la Universidad de Duke (EE.UU.), con 269 estudiantes. Originalmente está constituida por 12 itemes y tres subescalas: personas significativas, familiares y amigos, con escalamiento tipo Likert de tres alternativas.

Para todas las escalas se llevó a cabo una aplicación piloto, donde se obtuvieron datos de confiabilidad y validez para la población en estudio, además de identificar posibles dificultades en la aplicación. La validez de criterio fue medida verificando la correlación entre el instrumento a aplicar y pruebas análogas utilizadas en nuestro país. La confiabilidad fue medida con Alpha de Cronbach.

martes, 18 de agosto de 2009

DIETA PARA EL ADULTO MAYOR

Se debe consumir una dieta variada que incluye todos los grupos de alimentos, con la finalidad de evitar deficiencias nutrimentales.

Durante la preparación de los alimentos o durante su consumo, se sugiere evitar agregar cantidades excesivas de sal, ya que esto incrementa el riesgo de padecer hipertensión. Tambien se recomienda el consumo por lo menos de 3 litros de agua al día.

Esta dieta se puede realizar hasta por 2 meses consecutivos sin problema

Desayuno:

1 platano o ½ bolillo sin migajón
Chilaquiles sin freir con 2 tortillas
1 vaso de leche descremada
1 jugo de naranja chico.

Cominda:

1 papa ó 1 taza de arroz ó 1 taza de frijoles
Sopa de verduras o consomé
100 gr. de pollo o pescado
Ensalada verde

Y de postre:

Arroz con leche ó gelatina.

Cena:

1 pan de dulce ó 2 enfrijoladas con queso
ó 1 mollete con frijoles
Café o leche descremada.

*Alimentos que no estan permitidos:

*Carnes grasosas
*Cremas, aderezos cremosos
*Dulces y chocolates

lunes, 17 de agosto de 2009

SENTIRSE BIEN.

Por supuesto, que los hábitos adquiridos durante el trayecto de su existencia, son un pilar muy importante a la hora de evaluar su calidad de vida. Una dieta sana y frugal, a base de frutas, verduras, legumbres y pescados, etcétera; y un ambiente de tranquilidad, ejercicios físicos y mentales, son factores fundamentales para sentirse bien, una vida más sana y longeva.

Actualmente en gran parte del mundo, nos alimentamos de manera distinta a cómo lo hacían nuestros abuelos y nuestros propios padres. Con la ciencia de nuestro lado, se hace más fácil saber con exactitud las propiedades beneficiosas de los alimentos.
Los científicos y los médicos ,ponen cada día más, y denodado empeño para desarrollar alimentos más frescos, sanos y económicos que el llegar a la vejez uno pueda sentirse bien.
En varios países se ha aceptado comercializar productos obtenidos mediante los conocimientos de la ingeniería genética. Aunque también hay que decir, que aún hay mucho desconocimiento y rechazo, con respecto a lo que puede sentirse a éstos innovadores productos.
Sin embargo y pese a ello, se cree que gracias al desarrollo de esta tecnología, se podría acabar con el flagelo del hambre en el tercer mundo. Siempre y cuando los países que han logrado desarrollado estas técnicas, la quisieran dar a conocer en los países de mayor pobreza.

Como es bien sabido, el hombre no sólo vive de pan. Y para ser feliz, vivir más años y mejor, no solamente debe preocuparse por alimentar su cuerpo, sino que también debe de alimentar su mente y espíritu. Tiene además que estar consciente, y prepararse para enfrentar los infaltables conflictos, problemas y avatares que le surgirán en algún momento de su vida.
Los profesionales de la psicología se han transformado en nuestros mejores aliados para superar tales conflictos; principalmente, aquellos suscitados en nuestra más tierna infancia. Haciendo uso del conocimiento de la mente humana y su comportamiento, mediante la aplicación de diversas terapias, para sanar sus cicatrices y lograr sentirse bien.

Evitar el agotamiento y el estrés. Tratar de ser feliz con lo obtenido, sin ponernos metas imposibles de lograr. Conocernos a nosotros mismos, superando los miedos y las ataduras de los complejos. Vivir cómo queramos, y no cómo nos lo imponen los demás. Tratar de no caer en depresiones ni en las redes de la soledad. Por el contrario, vivir en armonía en los lugares y con las personas que nos rodean.

Éstas son algunas de las simples reglas que deberíamos intentar seguir para lograr el objetivo que nos atañe hoy y nos convoca : vivir más y mejor. En conclusión : ser feliz y sentirse bien. Porque deberíamos recordar siempre, que la vida vale la pena vivirla; y honrarla es nuestra obligación.

domingo, 16 de agosto de 2009

LA INCONTINENCIA URINARIA.

La incontinencia urinaria se define como la “condición en el cual se produce una pérdida involuntaria de la orina por la uretra suficiente para constituirse en un problema social/ médico”.

Es un síntoma-problema heterogéneo, frecuente de encontrar en los adultos mayores. Su presencia produce en la persona múltiples problemas psicológicos y sociales, ya que se ha demostrado que siempre contribuye a: • Promover al aislamiento social.

  • Producir trastornos psíquicos.
  • Producir abrasiones cutáneas.
  • Producir infecciones urinarias.
  • Es una razón frecuente de ingreso a instituciones.

En los miembros del equipo de la salud y en la población general existe una escasa y mala información sobre la incontinencia urinaria. Frecuentemente, se atribuye a una consecuencia normal del proceso de envejecimiento y, lo que es aún peor, a un trastorno sin solución o irreversible. La Geriatría ha demostrado que dichas suposiciones son falsas y promueve que el médico de atención primaria y los otros especialistas tengan conocimientos suficientes para detectar y evaluar casos de incontinencia urinaria en el adulto mayor. Todo médico debe saber cuáles son las posibilidades terapéuticas en cada caso y saber cuándo derivar a tiempo a los pacientes. En el adulto mayor siempre debemos buscar una solución que mejore su calidad de vida y poder aliviar a los cuidadores.

Prevalencia

Los estudios epidemiológicos indican que es un trastorno de alta prevalencia: en promedio varían las series entre un 10 a 34% en las personas mayores de 65 años de edad que viven en la comunidad y puede llegar a un 50 a 60% en las instituciones geriátricas y hospitales generales. Sabemos que estas cifras son aún mayores entre las mujeres, aumentan a mayor edad (>75 años) y se relacionan estrechamente con aquellos que presentan alteraciones y/o fallas de las funciones cognitivas y funcionales-físicas.

Con toda seguridad la prevalencia está subestimada, ya que sólo una pequeña proporción de los pacientes que la padecen solicitan ayuda médica, por considerarla parte del envejecimiento normal. Además, hay miedo y sobre todo vergüenza de los propios pacientes de contárselo a sus familiares. Por otra parte, algunos estudios demuestran que el 30% de aquellos que refieren el síntoma al médico general no reciben ningún tipo de evaluación.

Las preguntas recomendadas para su pesquisa son: “¿Pierde Ud. orina cuando no lo desea?” “¿Usa Ud. algún protector, toalla o paño higénico en caso de pérdida de orina?” “¿Tiene Ud. problemas con su vejiga, se moja sin querer?

Fisiopatología de la incontinencia urinaria

Antes de discutir el proceso diagnóstico y el tratamiento, es necesario conocer el proceso normal de la continencia urinaria y algunos de los cambios que sufre el aparato urinario inferior con el paso de los años.

Para mantener la continencia urinaria es básico que estén indemnes las estructuras anatómicas que participan en la micción, vejiga, uretra, músculos del piso pelviano, así como también la médula espinal y los nervios periféricos que inervan el aparato urinario. Lo anterior debe ser acompañado de un estado cognitivo que permita reconocer la necesidad de la micción y una adecuada movilidad. Una alteración en cualquiera de estos niveles podría inducir incontinencia urinaria, pero muchas veces en el adulto mayor existe una sumatoria de factores. Además, debemos tener presente los factores ambientales (tipo de habitación, calidad de los baños, etc.) y los iatrogénicos. (fármacos, amarras, etc.) que son frecuentes de observar en los pacientes de edad.

No se sabe exactamente cómo el proceso de envejecimiento afecta a la morfología y funcionamiento del sistema urinario. Con los años se produce una disminución de células del sistema nervioso central, de la musculatura estriada, de los nervios autonómicos y de la actividad estrogénica. Uno de los fenómenos más importantes a destacar es el cambio en el patrón urinario, ya que los adultos mayores tienden a excretar en la noche la mayor parte del líquido ingerido durante el día (nicturia). Mediante los estudios urodinámicos se ha determinado otros cambios, como una disminución de la capacidad vesical, disminución de la compliance vesical y uretral, disminución de la presión de cierre uretral máxima, aumento del residuo postmiccional y un aumento de las contracciones no inhibidas del detrusor.

Sabemos que en la vegiga los receptores parasimpáticos colinérgicos están fundamentalmente en el cuerpo vesical (producen contracción); los receptores simpáticos alfa adrenérgicos están principalmente en la base de la vegiga, cuello vesical y uretra (producen contracción); los receptores beta adrenérgicos en mayor proporción en el cuerpo vesical (producen relajación), aunque existen en el cuello y uretra.

Clasificación clínica de las incontinencias

Los síntomas, pueden ser producidos cuando se afecta la vegiga y la uretra por procesos inflamatorios, problemas de almacenamiento, disfunción del vaciamiento, vegiga neurogénica y nicturia.

Para un manejo clínico práctico, la incontinencia urinaria se subdividen en:

Incontinencia urinaria aguda

En toda evaluación de un paciente incontinente es siempre necesario identificar si el baño está muy lejos o si existe alguna falla funcional que no permite llegar a tiempo; además debemos buscar y tratar las llamadas causas transitorias. Estas se pueden agrupar en el método nemotécnico DRIP (goteo en inglés).

  • Delirio-confusión: siempre requiere su identificación y tratamiento médico de la causa subyacente.

  • Restricción de la movilidad-inmovilidad, ya sea secundaria a enfermedades médicas o impuesto por el personal del equipo de salud; también se inducen al disminuir la conciencia del paciente en cuanto a la necesidad de orinar o simplemente no hay una accesibilidad y/o un lugar físico adecuado para efectuar la micción. Siempre se debe intentar primero manejar estas situaciones con cambios de las condiciones ambientales, tales como horarios fijos para ir al baño, uso de sustitutos del baño, baños portátiles cercanos, educación al paciente y cuidadores. Si ello no resultara, se puede utilizar una sonda o recolector por tiempo corto.

  • Incontinencia urinaria por rebosamiento: sospecharla en todo caso de incontinencia urinaria de comienzo brusco en presencia de globo vesical. Puede ser causado por causas prostáticas, neurológicas, fármacos (anticolinérgicos, alfa-adrenérgicos, narcóticos, etc.) y también por la impactación de un fecaloma.

  • Inflamación-infección: cualquier proceso inflamatorio (infeccioso o no) puede inducir incontinencia: vaginitis, uretritis, infección urinaria. El rol de la bacteriuria asintomática en la incontinencia es incierto, algunos autores sugieren tratarla si es de reciente comienzo y observar el resultado; otros no tratar aquellos casos de incontinencia de larga data.

  • Poliuria: relativamente poco común de observar en los ancianos. Buscar y manejar los trastornos como diabetes mellitus mal controlada, hipercalcemia, ingesta de bebidas que contienen cafeína y reabsorción de edemas, entre otros.

  • Polifarmacia: frecuentemente los adultos mayores utilizan varios medicamentos en forma simultánea, muchos de los cuales pueden inducir incontinencia: diuréticos, anticolinérgicos, alfa adrenérgicos y narcóticos (pueden producir retención urinaria); bloqueadores alfa adrenérgicos (disminuyen el tono uretral) y psicotrópicos (disminuyen la conciencia de la necesidad de micción). Siempre que sea posible, se debería suspender el medicamento en cuestión, modificar su posología o cambiar en el horario de administración. No olvidar el papel que puede tener la ingesta exagerada de alcohol.

    Incontinencia urinaria persistente

    Existen algunos tipos básicos de incontinencia urinaria persistente en el anciano. No son necesariamente excluyentes y pueden coexistir varios de ellos en un mismo paciente.

    Incontinencia de esfuerzo (stress). Es el tipo más frecuente en mujeres postmenopáusicas recientes y muy poco común en los mayores de 75 años. Se produce pérdida urinaria de pequeños volúmenes frente a esfuerzos físicos que suponen un aumento de la presión intraabdominal (toser, reír, estornudar) por esfuerzo. En estos casos, la presión intravesical supera la presión de cierre uretral, no hay falla intrínsica del esfínter ni participación de contracciones del detrusor. Frecuentemente se debe a una falla a nivel de los mecanismos de soporte pélvico, relajación de las estructuras perineales, traduciéndose en un descenso de la vejiga y la uretra. Es característico el hipoestrogenismo y a veces se observa cistocele. El manejo general es evitar tener la vegiga llena, disminuir la obesidad y tratar la tos; además los ejercicios de Kegel o la colocación de un pesario pueden ser útiles. Debe diferenciarse de la producida por incompetencia esfinteriana intrínseca (llamada grado III), que es producida por daño del esfinter post cirugía vaginal múltiple, algunas enfermedades neurólogicas, vasculares y divertículos uretrales.

    Incontinencia de urgencia o urgeincontinencia (inestabilidad del detrusor, hiperreflexia, incontinencia no inhibida). Es común de observar en ambos sexos (en hombres es generalmente secundaria a obstrucción) y en los mayores de 75 años. Típicamente el paciente relata que no alcanza a llegar al baño. Consiste en la pérdida involuntaria de orina asociada a un deseo repentino, brusco, de orinar. La vejiga no se relaja durante la fase de acomodación y se vacía apenas siente el deseo de orinar, por lo que puede perder gran cantidad de orina. Frecuentemente está ligada a una hiperreflexia del destrusor, por lo que la vejiga se contrae durante la fase de continencia, sobrepasando la presión del esfinter. Se asocia también a trastornos neurológicos como la demencia y enfermedades cerebrovasculares. Se recomienda horario fijo para ir al baño y relajantes de la vejiga.

    Incontinencia por rebosamiento (overflow). Hay un volumen residual excesivo. Se produce pérdida de orina, generalmente de pequeños volúmenes, que es secundaria a una dificultad del vaciamiento vesical por obstrucción mecánica o falla vesical. La vejiga es incapaz de vaciarse en su totalidad y va acumulando orina en su interior, hasta que la presión intravesical sobrepasa la presión esfinteriana y se produce un goteo. Entre las causas mecánicas cabe destacar hipertrofia benigna de la próstata, estrechez uretral, gran cistocele. Las causas funcionales son aquellas en que la vejiga no es capaz de contraerse adecuadamente (vejiga hipotónica) como la vejiga neurogénica y lesiones de médula espinal.

    Incontinencia funcional.
    Existe pérdida de orina asociada a la incapacidad de ir al baño debido a trastornos mentales o físicos, resistencia psicológica u obstáculos ambientales para ese paciente. Algunos ejemplos son demencia grave, trastornos neurológicos, depresión, ira, hostilidad.

    Incompetencia esfinteriana masculina.
    Es muy poco común, en general se presenta después de cirugía prostática o urológica en que se produce un daño del esfinter. Fisiopatológicamente corresponde a un incontinencia urinaria de esfuerzo Grado III de la mujer.

    Incontinencia mixta.
    Probablemente ocurre en el 10% de los casos de adultos mayores; coexiste inestabilidad del detrusor y debilidad del esfínter uretral.

Evaluación de la incontinencia urinaria

Es un síntoma-problema cuyo diagnóstico debe ser abordado mediante una anamnesis completa (incluye cartilla miccional o ciclo miccional), exámenes de laboratorio generales y exámenes complementarios (residuo post miccional, estudio urodinámico y cistoscopia o uretrocistografía) los cuales no abordaremos. No es el propósito de este artículo profundizar extensamente sobre los diferentes tratamientos disponibles actualmente para la incontinencia urinaria. Sí es recomendable para los médicos generales que se enfrentan día a día con pacientes incontinentes saber el manejo inicial de ellos, cuándo derivarlos al especialista y sobre todo conocer una aproximación básica de los tratamientos.

Evaluación diagnóstica – primera fase. En todos los pacientes se debe realizar una acuciosa anamnesis respecto a inicio de la incontinencia y factores precipitantes, síntomas asociados, así como frecuencia y cantidad de pérdida de orina (ciclo miccional).

En en el examen físico es necesario evaluar la función cognitiva, la movilidad, el estado neurológico, especialmente en lo que se refiere a la inervación lumbosacra, un examen pelviano y rectal: buscando cistocele, hipertrofia benigna de la próstata, vaginitis atrófica, etc. Además es conveniente efectuar una Cartilla Miccional, que es un autorreporte sobre episodios de vaciamiento vesical: se anota diariamente y durante una semana la hora y volumen urinario y si alcanzó o no a llegar al baño.

Con estas simples herramientas, en la mayoría de los casos es posible realizar una buena aproximación diagnóstica, evitando así someter a todos los pacientes a otros exámenes que pueden ser costosos, incómodos e invasivos.

Evaluación diagnóstica - segunda fase. Lo primero que debe realizar el médico es buscar, para descartar y tratar, alguna de las condiciones reversibles que predispongan a la incontinencia urinaria. Para ello, en la literatura se sugiere solicitar a todos los pacientes mayores examen de orina completa, urocultivo, niveles plasmáticos de glucosa, urea y creatinina, tacto rectal y ginecológico y determinación del volumen residual postmiccional.

Indicaciones de derivación a especialista

  • Anamnesis:
    - Antecedente de cirugía del tracto urinario inferior o pelviana, irradiación pelviana en los últimos 6 meses.
    - Recaída o recurrencia frecuente de infecciones sintomáticas del tracto urinario.

  • Examen Físico:
    - Prolapso pelviano pronunciado o masa pélvica.
    - Hipertrofia prostática o sospecha de carcinoma

  • Pruebas simples de función del tracto urinario inferior:
    - Dificultad marcada en el inicio de la micción o interrupción del chorro urinario.
    - Incontinencia urinaria de esfuerzo marcada en una mujer que es candidata para cirugía, fracaso de la terapia conductual o farmacológica, incontinencia urinaria de esfuerzo en un hombre.
    - Pasaje dificultoso de un catéter recto French 14.
    - Residuo postmiccional mayor a 100 ml.

  • Análisis de orina.
    - Microhematuria en ausencia de bacteriuria y piuria.

  • Incertidumbre diagnóstica, incapacidad para realizar un diagnóstico luego de la evaluación inicial y pruebas simples de la función del tracto urinario inferior.

  • Falla de respuesta a un ensayo terapéutico adecuado en aquellos casos de incontinencia de urgencia o de esfuerzo.

    Estudio urodinámico Permite el más acabado análisis de las variables fisiopatológicas que intervienen en la acumulación de orina y la micción. Además, establece con seguridad la presencia de inestabilidad vesical y la presencia de hipocontractilidad del detrusor, la incompetencia esfinteriana, disinergia del esfinter (descoordinación en la apertura del esfínter durante la mición). Este estudio ayuda mucho en los casos difíciles, en el control pre y post operatorio, Parkinson, etc.

Tratamiento de la incontinencia urinaria

Un concepto clave del tratamiento de un adulto mayor es que el objetivo del tratamiento no siempre es la cura del problema, sino que la mayoría de las veces es intentar mejorar los síntomas, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente. Debe ser además individualizado a cada caso en su contexto social y familiar. Por ello, es fundamental plantear en conjunto con el paciente y sus familiares o cuidadores expectativas que sean realistas para cada caso.

Al elegir un tipo de tratamiento, se debe tener en cuenta por un lado la mayor vulnerabilidad de los adultos mayores a la cirugía y a la terapia farmacológica y por otra siempre buscar el grado de confort del paciente, ya que muchas veces para sentirse cómodo puede bastar el disminuir la intensidad de los síntomas.

Es muy importante, asimismo, informar a los pacientes que los resultados positivos de cualquier intervención terapéutica (especialmente con fármacos) no siempre son inmediatos, pudiendo pasar semanas a meses para observar alguna mejoría.

Existen una serie de medidas generales aplicables a la gran mayoría de los pacientes mayores que sufren de incontinencia urinaria como asegurar un ambiente que facilite la continencia: tener accesos fáciles a los cuartos de baño, que deben estar bien iluminados y con una altura de WC adecuada. En el caso de pacientes con problemas de movilidad: sillas con orinal al lado de la cama, botellas sanitarias, cuñas etc.

Terapias Conductuales

Dependientes de los pacientes. Exigen un estado cognitivo adecuado para aprender las técnicas. Aquí se encuentran los ejercicios de Kegel (o del suelo pélvico) destinados a fortalecer la musculatura del cuello vesical y mejorar la función del esfínter uretral. El paciente debe tratar de parar el chorro miccional cada vez que acude al baño por períodos de 10 segundos. Otro método es el Reentrenamiento de la Vejiga: se le solicita que orine sólo cuando está programado y con intervalos progresivamente más largos hasta llegar a cada 3-4 horas.

Dependientes de los cuidadores. Utiles en pacientes que están mental o físicamente deteriorados. Más que cambiar un hábito, se intenta en ellos mantener al paciente seco. Un método demostrado como eficaz es el “Prompt Voiding”, en que se pregunta al paciente a intervalos regulares si desea orinar.

Tratamientos específicos de la incontinencia urinaria

Incontinencia urinaria de urgencia. Se debe buscar problemas corregibles, como edema, ajustar cantidad y horario de ingesta de líquido, acercar el WC, etc. Si con lo anterior no se obtienen buenos resultados, es efectiva una combinación de terapia conductual y fármacos. Algunos de ellos son anticolinérgicos, oxibutidina (combinación de relajante músculo liso y anticolinérgico), flavoxato (relajante músculo liso), antidepresivos tricíclicos (imipramina), que en general deben usarse a dosis bajas por los efectos secundarios indeseables que producen en los adultos mayores. Actualmente está tolterodina que es más selectiva, con menos efectos secundarios y alcanzando hasta un 70% de efecto positivo en los síntomas.

Incontinencia urinaria de esfuerzo. Incluye los ejercicios del suelo pélvico (Kegel) para fortalecer la acción del esfínter uretral. Si son comprendidos y practicados regularmente, se ha comunicado hasta un 70% de éxito a las 6 semanas y 50% a los 5 años. Se recomienda además apoyo farmacológico, estrógenos orales o tópicos para tonificar las partes blandas, combinados o no a un agonista alfaadrenérgico como la fenilpropanolamina (que eleva el tono muscular uretral). En los casos sin respuesta a estas terapias, se indica la cirugía.

Incontinencia por rebosamiento. La finalidad del tratamiento es mejorar el drenaje vesical. En los casos de adenoma prostático, gran cistocele y la estenosis uretral el tratamiento definitivo de elección es la cirugía. Cuando este es rechazado, puede plantearse un tratamiento farmacológico basado en antagonistas alfadrenérgicos: prazocina, terazocina, doxazocina. Para el caso de rebosamiento por vejiga hipotónica, existe poca experiencia con agentes colinérgicos. Mejores resultados se ha obtenido con el cateterismo intermitente cada 4-6 horas o con la frecuencia necesaria para mantener volúmenes residuales menores de 150 ml.

Incontinencias funcionales. Se benefician con las terapias conductuales y algunos simples cambios ambientales.

Catéter definitivo. Cuando todas las medidas terapeúticas fallan o si el paciente no tolera el cateterismo intermitente o en situaciones especiales, como en pacientes terminales, se puede usar los catéteres permanentes o también los colectores externos.

Las complicaciones y los riesgos potenciales de su uso son las infecciones urinarias, sepsis y la formación de cálculos en la vegiga.


sábado, 15 de agosto de 2009

COMO RECONOCER Y SUPERAR LA DEPRECION

Si es que muchos tenemos sentimientos de nostalgia, alegría o pena durante las fiestas, el adulto mayor lo experimenta mucho más. Según el doctor River Cerso Bendezú, médico geriatra y subgerente de protección del adulto mayor de Essalud, señala que los síntomas de la depresión se agudizan en el adulto mayor.

La depresión en el adulto mayor es distinta a la que podría experimentar un joven o adulto. A medida que envejecen los órganos, el cerebro también envejece. La función misma de las neuronas se va perdiendo. Por lo tanto, de acuerdo con el experto, hay una predisposición a la depresión en el adulto mayor.

Sin embargo, el especialista aclara que un adulto mayor no es “sinónimo” de depresión, pues el entorno influye mucho. “La baja autoestima es producto del maltrato que se dan en la mayoría de hogares y que no se hace con intención, sino por desconocimiento”, explicó.

Asimismo añadió que “si los hijos, padres o nietos pueden modificar ese entorno, es muy probable que no se agudice el riesgo de depresión en estas personas”. Además, señala que es recomendable que el geriatra indique algunos medicamentos para tener a una persona activa, inteligente y lucida como muchos adultos mayores.

RECONOZCA LOS SÍNTOMAS. La familia tiene que observar cualquier cambio en el quehacer diario de la persona, por ejemplo en las rutinas de sueño, ingesta de alimentos, reacciones agresivas o de ansiedad podrían ser signos de depresión.

“Los nietos deben conversar a diario con el adulto mayor, los hijos deben estar involucrados con sus padres, y no solo en los días festivos”, advirtió el médico geriatra.

“A veces las familias tratan de darle mayor comodidad al adulto mayor con bienes materiales y prácticamente lo exoneran y le dicen que no hagan nada. En vez deberían darle roles importantes diarios en la casa y familia”.

SIN SOBRECARGARLOS. Además, insistió en la importancia de involucrar a los adultos mayores en lo ocurre en la casa, pero sin sobrecargarlos.

“Los hijos tienen que enfrentar sus propios problemas. Los padres y abuelos siempre serán los padres, pero podemos sobrecargarlos esperando que los solucionen. Sin embargo si podemos involucrarlos y comentarles las cosas que pasan a diario”, indicó.

viernes, 14 de agosto de 2009

LA EUTANACIA.

La eutanasia es definida como causar la muerte a un ser humano, de esta forma se busca evitar sufrimiento. También es conocido como homicidio por compasión.

La eutanasia es la eliminación directa de una persona agonizante, sufriente o disminuida. Existen diversas clasificaciones, una de ellas es la eutanasia voluntaria, es decir la que se realiza con pleno consentimiento de la víctima, y la eutanasia involuntaria, como el mismo nombre lo dice es porque se realiza sin consentimiento, en contra de la voluntad.

Muchos países buscan el reconocimiento legal de esta práctica. Son diversos los argumentos que defienden los partidarios de la eutanasia para que pueda ser legalizada, algunos de esos argumentos son: si una persona tiene “sufrimientos intolerables” y pide la muerte, las demás personas obedecen debido a la compasión que les embarga.

Otros manifiestan que si un paciente se encuentra en fase terminal de una enfermedad incurable, sucede lo mismo que el caso anterior, configurando el llamado homicidio por compasión.

Para otros es un argumento sólido la falta de control sobre los excesos y abusos que pueden producirse al practicarse la eutanasia de manera clandestina. En muchos casos señalan que la práctica de la eutanasia es un asunto privado, es decir, entre el paciente y su médico (este argumento es muy utilizado).

Los dos primeros argumentos mencionados se refieren a casos dramáticos pero a mi parecer no son argumentos razonables para legalizar la eutanasia, pues las personas deben comprender que el dolor puede disminuir con determinados medicamentos pudiendo mejorar en cierta forma nuestra vida, además no podemos disponer de nuestra vida, pues es una falta de respeto hacia uno mismo, y mucho menos podemos disponer de la vida de los demás.

Cuando los partidarios de la eutanasia quieren evitar “excesos o abusos” dan a entender que en determinadas circunstancias, la práctica de la eutanasia no es un exceso o un abuso, pero lo que realmente solicitan es una legislación permisiva y no restrictiva.

Algunos países están a favor de la eutanasia, países como Holanda, Bélgica, ya han legalizado la eutanasia, de igual forma lo realizó el Estado de Oregon en E.E.U.U.

Suiza y Colombia tienen legislado que la eutanasia no es un delito, pues ayuda a las personas en fase terminal a morir, siempre que se haya realizado una autorización clara y precisa.

Para ser precisos la legislación suiza acepta la eutanasia pero no todos sus tipos, pues esta prohibida la eutanasia activa. Y en Colombia la Corte Constitucional de ese país resolvió que el reconocimiento del respeto a la dignidad humana, y la autonomía en su Constitución, obliga a interpretar que el Código Penal Colombiano no castiga la eutanasia realizada con el consentimiento del paciente; limitando la aplicación del artículo 236, que pena el homicidio por piedad con prisión menor al homicidio simple ( de seis meses a tres años), a los casos donde no exista voluntad de la victima.

Holanda es el primer país donde la eutanasia se practica abiertamente, la ley holandesa permite terminar con la vida de otra persona, ya sea por un doctor o por el deseo expreso de un paciente teniendo en cuenta que “la demanda al doctor debe ser voluntaria, explícita y cuidadosamente considerada y se debe de haber hecho repetidamente.”

Para la realización de la eutanasia activa deben realizarse las siguientes condiciones: debe existir solicitudes del paciente, y estas deben ser repetidas y bien informadas. La enfermedad debe ser mental o física incurable. Se debe haber agotado todas las demás opciones asistenciales. Debe existir la aprobación de otro médico a demás del que va a realizar la eutanasia. Y debe existir documentación de los hechos.

No se considera como condición para la aplicación de la eutanasia activa a la evaluación de un psiquiatra o psicólogo, lo cual dificulta determinar si existe un cuadro depresivo.

La legislación holandesa considera que la eutanasia no es considerado un delito si el médico respeta una serie de códigos estrictos, es decir: el enfermo debe estar sometido a un sufrimiento insoportable, no debe existir ninguna perspectiva de mejora, debe expresar repetidamente su voluntad de morir, el médico debe consultar por lo menos a otro colega antes de tomar la decisión, el médico está obligado a informar inmediatamente a un juez, un especialista en ética y a otra autoridad medica.

En Bélgica la mayoría esta de acuerdo con la aprobación legal de la eutanasia, así podemos ver en diversos informes que el 72% de los belgas están a favor de la eutanasia; y por ello existe una norma aprobada subdividida en 16 artículos, entre ello destacan:

El médico deberá asegurarse de que el paciente sea mayor de edad y se encuentre en plenas facultades mentales. El médico debe verificar que la enfermedad sea incurable y provoque un sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable.

Debe consultar a otro médico independiente para valorar la gravedad de la patología. La petición debe ser reiterada en cualquier momento y exige que el médico informe al paciente de las diversas posibilidades de cuidados paliativos existentes para su caso. La petición del paciente debe contar con un testigo capaz de entender y traducir su voluntad.

Cada caso de eutanasia deberá ser notificado a una comisión federal de diecisiete miembros (profesores de Derecho, abogados, expertos) que será la encargada de verificar si se han respetado todas las condiciones exigidas por la ley. En caso contrario los expedientes serán enviados a la autoridad judicial.

Si bien es cierto la eutanasia es legal en varios países, pero en el Perú ¿la eutanasia es legal?, pues no lo es, debido aquí se respeta el derecho a la vida que es el “derecho básico para materializar los demás derechos humanos”.

En la Constitución Política del Estado, en el capítulo I, artículo 2 señala: “Toda persona tiene derecho a: 1)A la vida,…. Y en el Código Civil en el artículo 1 se define al nasciturus, y de esta forma se evita atentar su vida.

Para evitar la aplicación de la eutanasia se ha creado una serie de normas que regulan la pena de muerte, el genocidio, y la misma eutanasia.

Debido a ello, la pena de muerte está en principio prohibida y no puede restablecerse en los países en que ha sido abolida (ejm. Perú). Por ello se establece un régimen de transición que comprende reglas de prohibición aplicables a todo caso y reglas de aplicación en los países que no han abolido a pena de muerte.

Las leyes de prohibición a todo caso son: No se aplica la pena de muerte a personas menores de dieciocho años, no se aplica la pena de muerte a mujeres en estado de gravidez, no se aplica la pena de muerte a personas mayores de setenta años, no se aplica la pena de muerte por delitos políticos ni comunes conexos con los políticos, y no se aplica la pena de muerte en los países que han abolido la pena de muerte.

En el caso del genocidio, su prohibición se debe al cumplimiento del Tratado Internacional sobre Prevención y sanción del delito del genocidio, el cual fue aprobado por el Perú, por Resolución Legislativa N° 13288.

La prohibición del genocidio implica la prohibición de privar a miembros de un grupo etnico, social, nacional, o religioso, o someterlos a condiciones de existencia que produzcan su destrucción física de manera total o parcial, y las medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seño del grupo.

En cuanto a la prohibición de la eutanasia, por ser una forma específica de la privación arbitraria de la vida, aunque ni los tratados internacionales, ni la Constitución establezca su prohibición expresa, se puede encontrar su prohibición en el Código Penal Peruano, en el capitulo de Delitos contra la vida.

Ante la legislación permisiva de la eutanasia, la Iglesia se opone a esta, pues considera que a través de la práctica de la eutanasia se esta eliminando una vida humana inocente, por ser portadora de una dignidad que debe ser respetada absolutamente. Debemos recordar que para la iglesia la eliminación de la vida es una violación de la ley divina, es una ofensa a la dignidad de la persona, un atentado contra la vida, lo cual atenta contra la humanidad; pero este acertijo religioso en lo concerniente al punto de vista de la iglesia lo veremos más adelante en un siguiente artículo un poco más detallado.

Pero si hablamos de la legitimación de algo que tiene que ver con la vida tendríamos que hablar de la tan famosa mentalidad antivida que ha generado la aceptación legal del aborto, en la que podemos encontrar que la base de la legislación del aborto, también es la misma para la aceptación de la eutanasia, por ende esta en cada uno de las personas eliminar la mentalidad antivida, pues nosotros somos seres con vida; ya que estaríamos yendo en contra de lo que más cuidamos: “la vida”.

La eutanasia es aceptada legalmente debido a que los tribunales no entienden la sencilla diferencia entre el homicidio y la suspensión de tratamientos desproporcionados, pues el desconectar los aparatos de reanimación artificial a una persona, luego de pasado un tiempo prudencial, no es homicidio, sino que se le está dejando morir naturalmente ( de esta forma se evita practicar la distanasia).

Al hablar sobre la legislación de la eutanasia, es interesante conocer que en España, se viene utilizando la figura del testamento vital, el cuál es considerado válido jurídica y éticamente si es producto de la “expresión de la voluntad de una persona de enunciar a que le sean aplicados medios desproporcionados para alargarle artificialmente la vida o mecánicamente la agonía cuando ya no sea posible salvarle la vida.” Pero si la persona lo realiza para eliminarse producto de una enfermedad, pero sin antes haber consultado sobre los posibles cuidados para su recuperación , este testamento será inválido.

La legislación de la eutanasia es un tema muy complicado y muy controversial para que surja una estricta conformidad universal, pero lo que si se debe dejar en claro que en algunos lugares ya es aceptada por diversos motivos, lo que nos hace darnos cuenta lo diferente que somos cada uno de nosotros al tener pensamientos diferentes; en este artículo hemos podido observar como algo que en el pasado era un tabú y más que un pecado realizarlo, ha sido aprobado por la legislación de algunos países quienes tienen motivos muy preclaros para la decisión que han tomado; al igual que la iglesia que tiene una posición contraria a la de estos países y la cual tiene unos motivos y unas bases igual de bien cimentadas, lo cual hablaremos en un siguiente artículo como lo referí anteriormente.