lunes, 11 de marzo de 2013

ENVEJECER CON UN CEREBRO SANO


A los sesenta y largos, se le empezaron a olvidar algunas cosas. Es normal, le dijeron. Es la edad, que no perdona. E Isabel asentía. Al principio, eran tan sólo pequeños despistes, como dónde había dejado las llaves o qué día era el cumpleaños de su hijo. Pero luego la cosa se fue complicando e Isabel ya no sabía ni  encender el calentador del gas ni reconocer a su hija. Solemos pensar que al llegar a la vejez es normal que el cerebro se empiece a deteriorar y que vayamos perdiendo nuestras facultades cognitivas, como le ocurría a Isabel. Pero lo cierto es que hacernos mayores no tiene por qué implicar enfermar. 
Envejecer es una más de las etapas de la vida, como lo es también la niñez. Todos queremos llegar a viejos, vivir noventa, cien años, pero nos da cierto temor pensar que podamos padecer ciertas enfermedades, como el parkinson o el alzheimer. Es cierto que llegada cierta edad comienzan a aumentar nuestras probabilidades de caer enfermos y que el cuerpo ya no es lo que era, que pierde capacidad de reparación. Pero eso no significa que irremediablemente empecemos una cuesta abajo hacia el declive. Envejecer de forma sana está, en buena medida, en nuestras manos. 
“Es el estilo de vida personal de cada uno lo que nos hará llegar en mejor o peor estado de forma” a la edad madura, afirma Francisco Mora, catedrático de Fisiología Humana en la facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Los hábitos que tengamos a lo largo de toda nuestra vida determinarán nuestra salud física y mental en el envejecimiento. 
No a la jubilación mental El primer paso para llegar a viejos sanos, considera el neurocientífico español Mora, es comenzar a cambiar la idea extendida acerca de lo que significa jubilarse. Llegar a los 65 años no es sinónimo de abandonarse y aparcar el cerebro. Ni mucho menos. “Una de las causas, quizás centrales, de no envejecer con éxito y no hacerlo con salud y salud mental en particular está en el sello social y personal al que se aboca con la jubilación (…) Para mucha gente, ya está todo casi hecho, aprendido y casi memorizado. Y se instaura un sentimiento de pasividad y de dejarse rodar por la pendiente”, afirma Mora en su libro ¿Se puede retrasar el envejecimiento del cerebro? 12 claves (Alianza editorial, 2010).
De hecho, Isabel, la mujer con la que comenzábamos este reportaje, a pesar de sus lapsus cada vez mayores y más frecuentes de memoria y de recuerdos, no se quedó de brazos cruzados en su casa. Entre otras cosas, se fue de turismo a Jordania en un viaje organizado; hizo unas fotos estupendas que luego enseñó a toda la familia y a los amigos; se lo pasó muy bien, y aprendió a mirar otras realidades con ojos nuevos, sin prejuicios. Al volver a España, con mucha paciencia, sus hijos la ayudaron a aprender de nuevo aquello que se le iba olvidando, como ,por ejemplo, leer. E Isabel lo consiguió.
Tenemos un cerebro sumamente plástico, moldeable, capaz de adaptarse a las situaciones que van aconteciendo; también en la edad madura. Esa es una de las singularidades propias y únicas del ser humano, que hace posible que podamos aprender hasta el último día de nuestra vida. Y este genial descubrimiento es bastante reciente. 
Hasta hace relativamente poco, la neurociencia pensaba que, llegada cierta edad, las neuronas comenzaban a morir, irremediablemente, y que se comenzaban a perder las capacidades cognitivas sin que se pudiera hacer nada para evitarlo. 
Por suerte, y gracias a las técnicas de neuroimagen cerebral, hoy se sabe que eso no es así. Que las neuronas no tienen por qué morir irremediablemente, que en algunas partes del cerebro, como por ejemplo el hipocampo, nacen nuevas células nerviosas, y que son más importantes las conexiones entre ellas que la cantidad de neuronas que haya. Además, son las células más duras y resistentes de todo el organismo. El cerebro del ser humano contiene más de 100.000 millones de células nerviosas que forman un complejísimo ensamblaje de circuitos que se activan y desactivan codificándose según las diferentes funciones que cumplir, ya sean sensoriales, motoras o mentales. 
El proceso de envejecimiento del cerebro comienza, como el de todo el organismo, a partir de los treinta años, que es la edad que la naturaleza considera que el individuo está maduro (que no es otra que la edad de reproducción). Hasta ese momento, el cuerpo ha ido creciendo, formándose, reparándose gracias a un programa inscrito en los genes desde el momento mismo de la concepción. Cuando ese programa se acaba, más o menos alrededor de la tercera década de vida, el organismo comienza a no producir la energía necesaria para mantener y reparar los desgastes y daños que se producen como resultado de la interacción con el medio ambiente. Y... pueden llegar las enfermedades.
En el caso del cerebro, envejecer afecta a la estructura de las neuronas y, en concreto, a las conexiones físicas que establecen unas con otras, por las que se intercambian la información. No envejece todo a la vez, sino que lo hace por áreas, en función del uso que le demos. Por esa misma razón, cada persona tiene un proceso de envejecimiento distinto, puesto que en gran medida depende de su profesión. No es lo mismo un individuo con un trabajo eminentemente intelectual que otro con uno más mecánico. Pero, aunque el cerebro de un viejo es más rígido que el de un niño, conserva la plasticidad, y con ello la capacidad de mejorar y de aprender. Es capaz de progresos y logros increíbles cuando el aprendizaje va asociado a las emociones.
Reservas cognitivas Para llegar en un estado de forma sano, debemos prepararnos para generar reservas cognitivas, una especie de baterías extra que entran en funcionamiento cuando el cerebro las necesita. Es como si fuera un banco, en el que va depositando todos los beneficios que le reporta el deporte, una alimentación adecuada, el ejercicio intelectual, el descanso. Y al parecer, esas reservas funcionan ya sea para hacer frente a un problema, como una lesión o una enfermedad, o simplemente para paliar el deterioro que supone envejecer. 
De lo que se trata, pues, es de a lo largo de la vida ir cargando esas baterías extra, reforzando las redes de conexiones sinápticas para que, al hacernos mayores, estemos en la mejor forma posible, tanto física como mental. Y afirma Francisco Mora que para tener una buena reserva cognitiva necesitamos trabajar con ahínco tres frentes: la actividad social, la intelectual y el deporte. Son los tres ingredientes básicos para gozar de un cerebro sano y nuestras herramientas más poderosas para protegernos de los procesos neurodegenerativos.
Cómo mantener un cerebro joven En su libro Se puede retrasar el envejecimiento del cerebro, el neurocientífico Francisco Mora apunta algunas claves para intentar promover un cerebro joven y sano. Se trata de estilos de vida y hábitos. Y son los siguientes:
Comer menos y mejor No, no se trata de pasar hambre, ni de volvernos tampoco anoréxicos. Hoy en día, a quien más y a quien menos le sobran unos kilitos. Porque comemos mucho más de la cuenta. En los años setenta, se llevaron a cabo algunos estudios con ratas y ratones, en los que se comprobó que cuando a estos animales se les reducía en un 30% el aporte calórico de la comida que recibían a diario, vivían más tiempo. Eso sí, la dieta era equilibrada y contenía la cantidad necesaria de grasas, proteínas, azúcares, vitaminas y minerales. En aquellos experimentos se vio que el comer menos reducía el estrés oxidativo del cuerpo, lo que rebajaba la producción de radicales libres, los principales culpables de que envejezcamos y que dañan a las proteínas, a los lípidos y al ADN de las células. 
Reducir el estrés oxidativo es de vital importancia para el cerebro, un órgano sumamente sensible a la oxidación; porque, por paradójico que parezca, necesita mucha energía para funcionar y las reacciones que liberan esa energía generan muchos químicos oxidativos; además, el tejido cerebral contiene una gran cantidad de material oxidable, sobre todo las membranas adiposas que rodean las células nerviosas. Comer menos, además, provoca que se produzcan nuevas neuronas en el hipocampo, aumenta el contacto entre neuronas, y activa y favorece los mecanismos de reparación celular.
Y los beneficios de rebajar la ingesta calórica no acaban ahí. También se ralentiza la actividad de determinados genes que repercuten negativamente en las neuronas, y, en cambio, se despierta a otros que estaban dormidos y cuyo funcionamiento es beneficioso y protege a las células del daño producido por los radicales libres. Además, menos calorías nos protegen de enfermedades como el parkinson, el alzheimer, y otras neurodegenerativas, y disminuye el riesgo de cáncer.
Hacer ejercicio físico de forma regular Mens sana in corpore sano. Esta intuición que tenían los griegos y los romanos, ahora la ciencia ha demostrado que es totalmente cierta. Al practicar deporte, los músculos segregan una serie de sustancias químicas que se envían a través de la sangre al cerebro. Entre ellas, se encuentra la proteína IGF-1, encargada de aumentar la producción de neurotransmisores. Los científicos han visto que uno de esos neurotransmisores, el BDNF, tiene un papel esencial. Está muy implicado en la formación de todo el sistema nervioso del feto, de aquellos circuitos responsables de las funciones cognitivas. 
Al practicar deporte de forma regular, aumentan los niveles de BDNF en el cerebro, lo que hace que las células nerviosas empiecen a diversificarse, a unirse, a comunicarse entre ellas de nuevas formas. Por tanto, aumenta la capacidad plástica del cerebro y potencia todas las funciones relacionadas con el pensamiento.
Hacer ejercicio mental a diario Usen su cerebro o… piérdanlo. Como ocurre con los músculos, que si no se utilizan se atrofian, el cerebro hay que ejercitarlo para mantenerlo en forma. Lo ideal es alcanzar la edad de jubilación en un estado óptimo de capacidades mentales y continuar manteniéndolo. Para ello, además del ejercicio físico, se requiere estimular intelectualmente a la mente con nuevos retos. El cerebro se basa en una ley de economía de la naturaleza de sólo mantener en buenas condiciones aquello que usa. De ahí que algunas conexiones se pierdan, porque mantenerlas activas es demasiado costoso a nivel energético para el organismo.
Muchas personas creen que para estimular al cerebro basta con hacer crucigramas y sudokus, leer el diario, escuchar música, o asistir a exposiciones. Y eso está muy bien, pero a nuestras neuronas les va la marcha y requieren retos mentales que las hagan esforzarse al máximo para obtener recompensas. Retos que les exijan estar alertas continuamente. Por ejemplo, aprender a tocar un instrumento o un nuevo idioma puede resultar una tarea motivadora, que proporciona un placer y por la que se obtiene el reconocimiento y aplauso de la familia, de los amigos. Genera satisfacción personal y confianza en uno mismo y en nuestras capacidades intelectuales. Es, por tanto, una forma excelente de mantener en forma a nuestro cerebro.
Viajar Ya hemos dicho que al cerebro le gustan los retos, los nuevos desafíos, aquellas acciones que lo estimulan y le hacen ser más flexible para adaptarse, aprender y adquirir nuevas percepciones. Cuando la vida es rutinaria, el cerebro se apaga. Para mantenerlo activo, necesitamos un estrés positivo continuado, una cantidad de actividad necesaria para que esté activo, como cuando visitamos otros lugares. El viaje comienza con la preparación, con descubrir, con investigar sobre el lugar, pero sobre todo, implica emociones, esenciales para el bienestar de las neuronas. 
Se trata de cambiar siempre que podamos las pequeñas rutinas. Si solemos pasear o salir en bici o a correr, es mejor escoger rutas nuevas, e ir alternándolas. Dejar de lado aquello que conocemos y buscar estímulos nuevos que nos permitan seguir aprendiendo.
No vivir solo Somos seres sociales. Hemos sobrevivido a lo largo de la historia de la evolución gracias a que estábamos en grupo. Es más, nuestro cerebro se forjó mientras establecíamos lazos con otros individuos y tenemos un córtex cerebral, el llamado cerebro social, enorme, para podernos relacionar en comunidades de personas cada vez más complejas. Por lo que para gozar de una buena salud mental, es necesario mantener una relación buena y constante con los otros. Estar integrado socialmente mantiene una capacidad mental alta y nos protege frente a la demencia o el alzheimer. Vivir en pareja, compartir la vida con alguien con quien se pueda establecer un diálogo y una transferencia emocional constantes, es la mejor garantía para una buena salud mental. Por el contrario, vivir aislado merma las capacidades mentales y acelera el proceso de declive por la edad. 
Adaptarse a los cambio sociales Resulta esencial saber adaptarse a los cambios que suceden, puesto que eso implica enfrentarse a lo nuevo, aprender y memorizar constantemente. 
No al estrés Ante determinadas situaciones, el estrés es una respuesta fisiológica que pone al cuerpo en guardia para salvar la vida. Como, por ejemplo, cuando nuestros antepasados se enfrentaban a un depredador. En esa situación, el cuerpo comienza a liberar hormonas, se contraen los músculos, el corazón se acelera. Hoy en día no nos enfrentamos a depredadores pero sí a problemas en el trabajo, o con la pareja. Y eso nos produce estrés crónico que provoca reacciones dañinas para el cuerpo. Entre otros, se liberan glucocorticoides, unas hormonas que, producidas en exceso, dañan a las células nerviosas, sobre todo a las que se hallan en el hipocampo, lo que deteriora los procesos de aprendizaje y memoria. Un buen antídoto contra el estrés diario es el deporte.
No fumar El tabaco puede producir pequeños infartos cerebrales y un declinar acelerado de las funciones mentales. En investigaciones llevadas a cabo con personas mayores de 65 años, se constató que aquellos que fumaban durante al menos tres años presentaban un deterioro de sus capacidades mentales cinco veces más rápido que los no fumadores. La nicotina produce una poderosa acción vasoconstrictora, una caída en la capacidad de memoria, atrofia celular y muerte de neuronas. 
Dormir bien Dormir es esencial para fijar recuerdos y memorias, consolidar aprendizajes y también para neutralizar los radicales libres que deterioran la maquinaria bioquímica productora de la energía que necesitamos para reparar los tejidos y las células. De ahí que sea esencial descansar bien, cada noche, durante al menos siete u ocho horas.
Evitar el apagón emocional Es esencial mantenernos motivados, sentir, interactuar con los demás y con el medio. Las emociones son el motor que nos hace querer seguir estando vivo. Cuando perdemos la ilusión y las ganas de vivir, el cerebro lo detecta y se apaga. Nos lleva hacia la muerte, irremediablemente.
Dar sentido a la vida Hacernos mayores no debe por qué implicar convertirnos en una carga para los demás. Ser conscientes de ello hace que nos preparemos para envejecer bien, siguiendo unos hábitos de vida saludables, como los enumerados en este reportaje. Además, hacer tareas que nos hagan sentir útiles logra dar un sentido continuado a la vida. El envejecimiento es una etapa de agradecimiento, de crear lazos nuevos y tomar consciencia. 
La felicidad de las pequeñas cosas “Ser viejo, sano y de mente clara, es un privilegio”, afirma Francisco Mora en su libro. Es el momento de abandonar necesidades vanas que nos enfrascan en luchas sin éxito y buscar la felicidad en las pequeñas cosas, en una sonrisa, en un abrazo, en disfrutar de un buen atardecer

SOLEDAD DEL ADULTO MAYOR

Soledad en la madurez y riesgo de deterioro cognitivo

  Anciano.
  Soledad

Quedarse solo durante la edad madura, ya sea por enviudamiento, separación o divorcio, o por no querer vivir en pareja, eleva el riesgo de padecer deterioro cognitivo más tarde en la vida, según un estudio realizado en Finlandia y que se publica en la revista British Medical Journal.
El estudio, prospectivo y poblacional, se llevó a cabo en las regiones de Kuopio y Joensuu, al este de Finlandia, con un seguimiento medio de 21 años. Los participantes procedían de otros estudios previos, iniciados entre 1972 y 1987, cuando tenían una media de edad de 50,4 años. El 73% de aquellos sujetos (1.449 individuos) fueron reevaluados en 1998, cuando ya tenían entre 65  y 79 años de edad, examinándose cuáles de entre ellos habían desarrollado con el tiempo deterioro cognitivo leve y enfermedad de Alzheimer.
Los resultados, que no se vieron alterados por la introducción progresiva de diversas variables de ajuste para la edad madura, mostraron que las personas que habían convivido con una pareja en la edad madura habían tenido una menor probabilidad de mostrar deterioro cognitivo en su vejez que el resto de las categorías examinadas: solteros, separados o divorciados y viudos.
Aquellos que habían enviudado o se habían divorciado en la edad madura y habían permanecido solos durante el periodo de seguimiento, tenían un riesgo tres veces mayor de mostrar deterioro cognitivo que los que estaban casados o convivían con alguien. Quienes habían enviudado en la edad madura y, por segunda vez, también en la vejez, tenían una razón media de probabilidades de 7,67 en comparación con los casados o convivientes.
El riesgo más alto para haber llegado a padecer enfermedad de Alzheimer lo tenían los sujetos portadores del alelo ε4 de la apolipoproteína E (APOE-ε4) que habían perdido a su pareja antes de la edad madura y aún permanecían viudos o divorciados tras el periodo de seguimiento.
Como afirman los autores en sus conclusiones:

  «Vivir en el seno de una relación con una pareja podría implicar retos cognitivos y sociales que tengan un efecto protector frente al deterioro cognitivo posterior en la vida, de manera consistente con la hipótesis de la reserva cerebral».

El riesgo incrementado específico para las personas enviudadas o divorciadas, en comparación con la gente soltera, indica que se necesitan otros factores para explicar parte de los resultados de este estudio. Por otra parte, la utilización de un modelo sociogenético de enfermedad podría explicar el espectacular incremento del riesgo de enfermedad de Alzheimer en los sujetos enviudados que eran portadores del APOE

jueves, 7 de marzo de 2013

EJERCICIO PARA EL ADULTO MAYOR

Siempre estamos en la incansable búsqueda de la eterna juventud, y por alguna razón nos negamos a envejecer! Todos queremos ser eternamente jóvenes, activos, lúcidos y dinámicos! ¿Cuál es el secreto que esconden aquellos que a pesar de los años parecen estar inmunes al paso de los años? ¿Podría ser una simple palabra compuesta por nueve (9) letras el tesoro escondido?
SIIII! Adivinaste!

EJERCICIO es la palabra! Fuente de vitalidad, fuerza y frescura! Fuente de VIDA Y JUVENTUD!
Es difícil afrontar que todos envejecemos, al mismo tiempo que nuestra edad, nuestros cuerpos cambian con el paso de los años, por razones fisiológicas vamos ganando grasa, reduciendo masa muscular y perdiendo flexibilidad. Pero muchos de estos efectos se ven acentuados cuando decidimos abandonarnos y lanzarnos al sofá! Porque es más fácil pasar los canales que ponernos en marcha! Estos cambios los cuales creemos son culpa de reloj, debemos reconocer que son simplemente el resultado de
MOVERNOS CADA DIA MENOS!
Estudios han demostrado  que estando aeróbicamente en forma, puedes retrasar el envejecimiento biológico 10 años o más! Increíble no? Pero CIERTO! La clave consiste en mantener el cuerpo en movimiento! A moverse ya!
La relación entre los múltiples beneficios que ofrece la práctica de actividad física y sus ventajas sobre nuestro cuerpo y apariencia son indudables!

Empezaré con esta interrogante: ¿Luce más joven una persona delgada u obesa? La respuesta es evidente! Mantener un peso adecuado te dará un aspecto más joven y saludable! Esto debido a que la actividad física regular acelera el metabolismo, te ayuda a quemar calorías y conservar el peso a lo largo del tiempo. Mejora el tono de tus músculo, la flexibilidad y el aspecto de tu piel. Una piel flácida es el resultado d la falta de actividad física que fortalezca tu tejido muscular! Todo se te cae por la ley de gravedad! No puedes pensar en juventud mientras sigas en el sofá!
Juventud también es sinónimo de salud! Para mantenerte joven debes gozar de buena salud y tomar acciones para preservar tu vida. Los Jóvenes no padecen de enfermedades crónicas como los adultos!
Todo esto se traduce en practicar regularmente ejercicio! No existe una pastilla o remedio mágico! Ejercitarte ayuda a mantener tu corazón joven, contribuye a mantener la presión arterial en límites normales, prevenir ataques cardiacos, mejora la circulación sanguínea y evita complicaciones del corazón y del sistema circulatorio, así como también promueve el buen funcionamiento de los intestinos y el colon, previene el cáncer, Alzheimer y la diabetes. Te ayuda a reducir la grasa corporal, eleva el colesterol “bueno” (HDL) y baja el colesterol “malo” (LDL).

“Mente sana cuerpo sano” cita que nos recuerda que mantener nuestra mente sana nos permitirá mantener nuestro cuerpo en equilibrio! Cuando hacemos actividad física el cerebro libera unas sustancias químicas llamadas endorfinas que te hacen sentir más FELIZ, mejorando tu estado de ánimo y proporcionándote ENERGÍA! Con una mente sana preservaras un cuerpo joven y saludable!
Ahora bien, te estarás preguntando.. ¿Qué tipo de ejercicio realizar para mantenerme joven?
Pues existen distintos tipos de ejercicios y cada uno aporta distintos beneficios! Lo más  recomendable es practicar un poco de todo! Hablo de ejercicio cardiovascular + entrenamiento con pesas + actividades de relajación y estiramiento. Estos 3 pilares conservarán tu cuerpo joven!
  1. Actividad cardiovascular: correr, nadar, bailar, patinar, andar en bicicleta son ejemplos de este tipo de ejercicios que permiten aumentar la circulación del oxígeno por tu cuerpo y son ideales para mantener sano el sistema circulatorio, el corazón, la memoria, entre otros. Puedes realizarlos por intervalos para quemar mas grasas! Te ayudan a quemar muchas calorías y a perder los kilos de más. Se hacen combinando breves períodos de esfuerzo con algunos minutos de descanso.
  1. De resistencia o con pesas: permiten fortalecer y dar tono a los músculos! previene dolores y molestias. Incrementan tu metabolismo, por lo cual quemaras muchas calorías!, también aumentan la densidad ósea, previniendo fracturas! Mejora los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre y reduce el dolor relacionado a la artritis. Como ejemplo tienes el entrenamiento con pesas, TRX y pilates!

  1. Actividades de relajación y estiramiento: utilizan el propio peso corporal para mantener fortalecidos los músculos, así como la flexibilidad corporal en general. También son buenos para contrarrestar el esfuerzo físico que puedas haber hecho al practicar otros ejercicios y te ayudan a mejorar la postura y la alineación natural del cuerpo, lo que reduce la presión en las articulaciones y evita lesiones innecesarias. El yoga es un ejemplo perfecto!
Como ves, no necesitas ser un súper atleta para gozar de mas salud y bienestar!

Simplemente, SER ACTIVO Y COMBINAR EJERCICIOS!  Esta es la clave para “VIVIR MÁS Y MEJOR”.

Qué esperas? Hoy es el momento! A movernos!

PARA EL ADULTO MAYOR CON ACTITUD



¿Es lo mismo decir “anciano” que “viejo”? ¿Qué posibilidades reales tienen los “adultos mayores”- hombres y mujeres- para continuar mejorando cada día su calidad de vida?…

¿Es lo mismo hablar de “geriatría” que de “ gerontología”?
¿Qué “espacio” tiene el “ anciano” de hoy en la sociedad?
¿Cuáles son las necesidades que tiene esta etapa evolutiva en la actualidad?
La búsqueda de algunas respuestas a estos interrogantes nos interna en un camino de investigaciones que sabemos promisorio y nunca acabado.
Dando los primeros pasos en esta senda, nos encontramos con algunas definiciones que servirán como puntos de partida para nuestro análisis.
¿Qué entendemos por Adulto Mayor?
La OMS define la “salud” como “ bienestar bio-psico-social”, es decir que una persona es considerada sana si los aspectos orgánicos, psicológicos y sociales se encuentran integrados .De esta manera, las personas con un organismo en condiciones, logran llevar una vida plena, psicológicamente equilibrada y manteniendo relaciones socialmente aceptables con otros y básicamente consigo mismo .
Sabemos que de la salud se ocupa la medicina.
La geriatría es aquella rama de la medicina que se interesa por dar respuestas científicas a las necesidades médicas de las personas de edad, por ejemplo: los problemas neurológicos o cardíacos en los ancianos.
En cambio, la “gerontología” se ocupa de estudiar la relación entre lo orgánico,lo psicológico y lo social desde una mirada interdisciplinaria y comprendiendo al envejecimiento como un proceso evolutivo normal, esperable e influenciado por el contexto sociocultural en el que se desenvuelve el adulto mayor, por ejemplo: estudia las necesidades emocionales y sociales de los hombres y mujeres de la llamada tercera edad o cómo responde el adulto mayor a las presiones del entorno social.
Nos hacemos eco de las palabras del gerontólogo español, Dr.Fernando Jimenez Herrero cuando dice que “esta cuestión de ignorar y de quitar importancia a la cuestión del envejecimiento es consecuencia del mantenimiento de tabúes vinculados a prejuicios y al sostenimiento de mitos negativos sobre la vejez, que no responden a la realidad de la misma, al menos actualmente”
Creemos que a los inicios del siglo XXI y dados todos los medios para que así sea es necesario crear una imagen positiva de la ancianidad , trabajar para alcanzar una mejor calidad de vida, mejorar la convivencia intergeneracional revalorizando los saberes y experiencias de los mayores en consonancia con las fuerzas y las ideas renovadoras de los más jóvenes.
La necesidad del trabajo con Adultos Mayores
Las Naciones Unidas considera “anciano” a toda persona mayor de 65 años para los países desarrollados y de 60 para los países en desarrollo Dados los avances científicos se prevé para el año 2025 una población mayor a los 1000 millones de personas mayores de 60 años frente a una menos numerosa población juvenil en los países desarrollados.
Esto requiere en el presente, comprender la necesidad de planificar programas de acción para esta población , que favorezcan su continuo desarrollo, la posibilidad de generar nuevos saberes, la creación de caminos alternativos de superación y de mejora de la calidad de vida.

El trabajo con adultos mayores se presenta como respuesta a una necesidad y como un desafío al futuro. “Estaría inscripto dentro del rubro de los Derechos Humanos en el sentido más amplio de su concepción, esto es el derecho de los viejos a formar parte de la sociedad, a ser considerados, a ser queridos a ser escuchados” (Salvarezza: “La Vejez”).
Una experiencia de trabajo con Adultos Mayores
Cuando un grupo de personas se encuentran para desarrollar una tarea decimos que tiene un objetivo en común.
La misma es convocante y todos los integrantes del mismo pasan a formar parte de una estructura , invisible a los ojos, pero que sostiene al grupo con cierta funcionalidad a través de un interjuego de mecanismos y de asunción roles .
El grupo se convierte así en un espacio que supera la suma de individualidades y donde las historias personales se re-significan y encuentran nuevas interpretaciones.
Existen diferentes tipos de grupos de acuerdo a los fines buscados: grupos de trabajo, de estudio, terapéuticos, de reflexión, otros. Podríamos decir que pocas veces esta clasificación es tan rígida adquiriendo el trabajo grupal varias características compartidas de uno u otro, por ejemplo: los grupos de reflexión pueden resultar terapéuticos no siendo este el motivo convocante.
De ..”.Viejo son los trapos”a…“Se hace camino al andar”
El imaginario social relaciona “vejez” con decrepitud, inhabilidad, improductividad, incapacidad de aprender nuevos conocimiento.
Se asocia al adulto mayor con una etapa productiva terminada , con historias de vida para ser “contadas” como anécdotas, leyendas, o conocimientos poco actualizados y por lo tanto desvalorizados.
El trabajo grupal que venimos desarrollando enRe- encontrándo-noscrea una nueva alternativa brindando un espacio cualitativamente diferente a otros grupos. Son encuentros culturales focalizados en el trabajo de :pensar y pensarse, poniendo en duda y desarticulando ideas , descifrando textos, cuestionando prejuicios, argumentando soluciones ,creando historias ,generando nuevos interrogantes y acercando respuestas.
Consideramos el “aprendizaje” como un proceso siempre activo que se realiza a lo largo de la vida. En este proceso se promueve la actualización de los conocimientos ya alcanzados, convalidándolos, asociándolos, comparándolos, reflexionando sobre sus propias creencias y explicarlos frente a los otros .
De esta manera liberamos al adulto mayor de esa imagen iatrogénica de “incapacidad”, de “soledad”y “minusvalía” ,contribuyendo a consolidar su rol social, a redescubrir sus capacidades y habilidades enriqueciendo su autoestima al ser protagonista activo dentro del grupo.
EnRe-encontrándo-nostrabajamos con la oralidad en sus cuatro manifestaciones: hablar, escuchar, escribir y leer , poniendo en funcionamiento las “competenciaslingüísticas”de los mayores, promoviendo situaciones de intercambio de ideas a partir de: cuentos, dramatizaciones, debates, situaciones lúdicas y especialmente por el mantenimiento de undiario de ruta.En el mismo se favorece el registro de las actividades del grupo y trabajos escritos individuales para luego socializarlos mediante la puesta en común. La intención de este diario es actuar de incentivo para el desarrollo de la creatividad, la actualización de los recuerdos, la resignificación de las experiencias e historias individuales, la reorganización de las ideas por escrito y especialmente para reflexionar sobre los pasos andados e”invitar”a transitar nuevos caminos

miércoles, 6 de marzo de 2013

La vida de una persona adulta mayor puede ser frustrante, en particular si ya no pueden funcionar tan bien como solían hacerlo. El orgullo, la incomodidad o en algunos casos la demencia pueden hacer que tengan reacciones violentas con sus cuidadores. Responder a la negatividad de un adulto mayor requiere paciencia y comprensión incluso cuando el berrinche parezca irracional o infantil. Existen algunos pasos que puedes seguir para mantener una buena relación con el adulto mayor en tu vida.

Instrucciones

  1. 1
    Determina si se requiere simple empatía o simpatía. El adulto mayor en cuestión probablemente sólo necesite un gesto amigable o un abrazo, si es apropiado, para ayudarle a mejorar su estado de ánimo.
  2. 2
    Ofrece validación primero en vez de dar soluciones o discutir. Probablemente sólo necesiten hablar sobre lo que los está molestando. Una vez que lo valides, podrás ofrecer una solución, como decir "debe ser frustrante tener que ir a terapia física tantas veces a la semana, "¿qué tal si vamos a almorzar juntos primero para que se olvides un poco de lo que tiene que hacer?".
  3. 3
    No te conviertas en una persona permisiva. Aunque es importante validar y simpatizar con un adulto mayor, no querrás moldear su comportamiento respondiendo siempre de forma positiva al comportamiento negativo. Si continúan con una actitud negativa después de intentar validarlos y redirigir su atención, hazles saber que estarás dispuesto a hablar con ellos en cuanto tengan cosas positivas qué decir.
  4. 4
    Exige respeto para ti y quienes están a tu alrededor, ya sean compañeros de trabajo u otros miembros de la famila de la persona. No reacciones de forma positiva a exigencias, gritos o insultos. Debes recordarle al adulto mayor que responderás cuando pueda hablarte de forma respetuosa.
  5. 5
    Mantén la calma. Reaccionar de la misma manera que alguien con un comportamiento negativo e irracional no ayudará a resolver la situación. Si no puedes controlarte, aléjate para calmarte antes de intentar discutir la manera adecuada de comunicarte con la persona que se encuentra alterada.
  6. 6
    Ten compasión. Imagina cómo debe sentirse ser un adulto autosuficiente que ahora tiene que depender de otros para hacer casi todo. Toma en cuenta que algunos comportamientos son el resultado de la progresión natural de la edad y el deterioro del cuerpo, y probablemente no tenga que ver con su carácter.

FLEXIBILIDAD FISICA EN EL ADULTO MAYOR


Introducción

    La finalidad de esta investigación es levantar información acerca de la flexibilidad en el adulto mayor, y sus posibilidades de mejora. Esta capacidad funcional con el paso del tiempo se va debilitando gradualmente, sin embargo, mediante la práctica sistemática de actividad física se puede detener paulatinamente este proceso directamente ligado al envejecimiento.
    Nuestro país, al igual que los países desarrollados, está viviendo una etapa avanzada de transición al envejecimiento demográfico de su población. Actualmente una de cada diez personas pertenece al grupo Adulto Mayor y se espera que para el año 2025 esta proporción sea de uno por cada cinco.
    Este porcentaje de población merece una enorme atención, ya que, el proceso de envejecimiento es cada vez es mayor en nuestro país.
    Urge la búsqueda de medios eficaces para que la última etapa de la vida transcurra de la manera más satisfactoria posible. La participación en una actividad física ofrece oportunidades favorables, contribuyendo a un envejecimiento saludable, posibilitando un estilo de vida independiente, mejorando la capacidad funcional y la calidad de vida en esta etapa.
    Se debe tener presente que el adulto mayor en esta etapa de la vida que considera como la última, los proyectos de vida ya se han consumado, por tanto disfrutan de su vida con mayor tranquilidad, por haber cumplido con todos sus proyectos de vida, disfrutando de la familia, los nietos y los triunfos acumulados durante su vida.
    Cada vez hay más personas que viven hasta una edad avanzada y cada generación vive más que la anterior, es decir que las expectativas de vida han aumentado, por lo tanto estamos llegando como lo exponen algunos autores a una cuarta edad, para diferenciarla de aquellos que tienen 65 años y presentan una vida activa.
    Ya entrando en la segunda mitad de la edad adulta, se hace más perceptible un descenso paulatino de las capacidades de los movimientos y las cualidades motrices.
    En la tercera edad, se presenta una atrofia evidente de la actividad motriz que se puede calificar como una característica del envejecimiento.
    La disminución periódica de la flexibilidad que se observa con el paso de los años, principalmente en aquellas personas que no realizan frecuentemente ejercicio físico, tiene dos consecuencias importantes: 1) en la vida diaria, las personas perciben que cada vez tienen más dificultades para llevar a cabo las tareas de la vida cotidiana, como por ejemplo, caminar, subir a la micro, peinarse o ponerse una chaqueta, y 2) otra consecuencia a causa de la pérdida de flexibilidad, es que se favorece la aparición de dolores de espalda, lesiones articulares y musculares.
    Un aspecto trascendental durante esta etapa es que las necesidades de moverse van desapareciendo cada vez más, muchos estímulos de movimiento pierden su efecto y solo llegan a realizarse cuando es estrictamente necesario.
    Es por esta razón que cada vez es mayor el número de médicos, fisioterapeutas y especialistas de distintas ramas de la salud que demuestran un interés creciente por la flexibilidad como agente terapéutico.
    El entrenamiento de la flexibilidad es importante en todas las etapas de la vida, y especialmente en la etapa de adulto mayor, quienes muchas veces necesitan realizar de manera eficiente y eficaz las actividades cotidianas de la vida diaria.
    A medida que pasan los 65 años, aumenta progresivamente la probabilidad que en los próximos años aparezcan limitaciones en la funcionalidad.
    Por ello es tan importante y trascendental realizar actividad física durante esta etapa de la vida, para contrarrestar o minimizar estas pérdidas de independencia en la realización de las actividades propias de cada ser.
    El ritmo de progreso en el desarrollo de la flexibilidad esta en directa relación de cuanta actividad física se practique y cuantas veces por semana se practique. Lo que en la actualidad bajo normas generales se recomienda practicar ejercicios físicos más de 3 veces por semana con un tiempo superior a los 20 minutos.
    La flexibilidad es una cualidad física básica, que aqueja fundamentalmente al aparato locomotor; articulaciones, ligamentos y músculos y la entenderemos como aquella movilidad articular y elasticidad muscular que proporciona el máximo recorrido de las articulaciones en posiciones diversas, permitiendo al sujeto realizar acciones que requieran una gran agilidad y destreza, aprovechando las posibilidades de movimiento que le permiten las articulaciones. En consecuencia la flexibilidad puede prevenir los procesos degenerativos naturales y garantizar una amplitud de movimiento que permitirá desarrollar la vida normal de un sujeto.
    Una buena flexibilidad permite obtener múltiples beneficios para la salud de los individuos, dentro de los cuales están:
  • Limitar, disminuir y evitar el número de lesiones, no sólo musculares, sino también articulares.
  • Incrementar las posibilidades de otras capacidades físicas como la fuerza, velocidad y resistencia (un músculo antagonista que se extiende fácilmente permite más libertad y aumenta la eficiencia del movimiento).
  • Garantizar la amplitud de los gestos técnicos específicos y de movimientos más naturales.
  • Realizar y perfeccionar movimientos aprendidos; economizar los desplazamientos y las repeticiones.
  • Desplazarse con mayor rapidez cuando la velocidad de desplazamiento depende de la frecuencia y amplitud de zancada.
  • Reforzar el conocimiento del propio cuerpo.
  • Llegar a los límites de cualquier región corporal sin deterioro de ésta y de forma activa; aumentar la relajación física.
  • Estar en forma y reforzar la salud.
    Para prescribir y programar ejercicios adecuados para el Adulto Mayor, se hace necesaria una planificación cuidadosa y eficiente, en la cual se deben considerar los datos como la edad, la experiencia de vida y salud de cada individuo.
    Los estudios realizados en materia de Actividad Física han puesto de manifiesto que el desarrollo de estas actividades debe y tiene que ejecutarse de forma planificada, todo proceso de entrenamiento de actividades físicas debe regirse por principios metodológicos y técnicos.
    El reconocimiento del valor de los estiramientos como parte de diversos procedimientos y estrategias curativas se acrecienta día a día.
    No sólo desde el punto de vista preventivo, sino también desde el terapéutico propiamente dicho. Se reconoce el poder y el alcance de los estiramientos como complemento, de extrema importancia a veces, de las distintas terapias, aunque se considera exagerada la iniciativa de atribuirle poderes curativos actuando ellos por sí mismos, sin otros recursos auxiliares.
    Con ejercicios aeróbicos adecuados, se puede incrementar de uno a dos años la esperanza de vida, la independencia funcional, y ayudar a prevenir enfermedades. Se ha encontrado que las dos terceras partes de las personas con más de 60 años practican de manera irregular alguna actividad física o son totalmente sedentarios.
    La flexibilidad es un componente primordial del fitness, imprescindible para los ancianos, la flexibilidad actúa como factor de seguridad en la prevención de caídas, y de accidentes domésticos en general. La caída es un problema principal al que se enfrenta el sistema de salud, el cual se verá incrementado con el acelerado envejecimiento de la población, por lo que su prevención debe constituir un propósito fundamental de las intervenciones de salud.
    Las caídas son un problema muy frecuente entre la población anciana, entre 30 y 50 % se ha caído alguna vez al año, a esto se suma que son una de las principales causas de lesiones, de discapacidad y muerte en este grupo de población.
    Se recomienda hacer intervenciones multifactoriales, estas deben incluir: entrenamiento de la forma de caminar y asesoramiento del uso adecuado de aparatos de apoyo, revisión y ajuste de la medicación, programas de ejercicios que incluyan un entrenamiento del equilibrio, movilidad articular y estiramientos
Método y materiales
    En la presente investigación se utiliza un enfoque cuantitativo, debido a que la recolección de datos será en base a la medición numérica y con utilización de análisis estadístico, lo que nos permite dar confiabilidad concreta y objetivo al estudio.
    Se utilizó un alcance descriptivo, ya que, permite describir la distribución de una exposición medida a través del test Wells y Dillon aplicado a los Adultos Mayores de la comuna de Concepción.
    Con un corte longitudinal puesto que observamos, un grupo de adultos mayores de manera frecuente a lo largo de un período de tiempo de tres meses, permitiendo recoger la variable de un mismo grupo de individuos en tiempos diferentes. Este tipo de información se requiere para evaluar el impacto del plan de intervención.
Test de Wells y Dillon
  • Posición inicial, sentado en el suelo.
  • Pies juntos, dedos gordos de los pies en contacto con el cajón.
  • Piernas extendidas.
  • Ambas manos se deslizan hacia adelante.
  • Exhalar durante el movimiento.
  • Medir la distancia (cm).
    El ejecutante mantendrá la posición hasta que el testeador diga basta, con lo que queda claro que el descenso deberá realizarse lentamente y sin hacer rebotes.
    Se anotarán los centímetros que marque la regleta en el extremo de los dedos del ejecutante, pudiendo ser estos de signo Positivo o Negativo.
    Puesto que el valor CERO se encuentra a la altura de la planta de los pies del ejecutante, si se consigue bajar más abajo, los centímetros conseguidos tendrán signo Positivo. Si el ejecutante no consiguiera llegar hasta sus pies, los centímetros conseguidos tendrán signo negativo.
Criterios de evaluación
Resultados y discusión
    Este estudio fue realizado a 25 adultos mayores entren 55 y 105 años de edad, con el propósito de verificar si un plan de intervención basado en la práctica de actividad física integral mejora los niveles de flexibilidad del grupo adulto mayor D.I.P.R.E.C.A. de Concepción, Chile.
    Se realizó análisis estadístico mediante el programa SPSS versión 15.0 en español.
Tabla resumen Pre-test
    La tabla resumen Pre-test nos muestra los resultados obtenidos, lo que denota un bajo nivel de flexibilidad al inicio de la aplicación de este programa de intervención, cabe destacar que los adultos mayores no presentaban práctica de actividad física de manera sistemática en el tiempo.
    El grafico evaluación Pre-test, nos expone la cantidad de sujetos que se clasifican en las diferentes categorías según su nivel de flexibilidad inicial, previo a la intervención quedando 2 sujetos en el promedio (8%), 5 sujetos en deficiente (20%), 9 sujetos en pobre (36%), y 9 sujetos en muy pobre (36%), lo que declara que un 92% de la muestra presenta niveles de flexibilidad bajo previo a la intervención.
    La tabla resumen Post-test nos muestra los resultados obtenidos, lo que denota un aumento en los niveles de flexibilidad al término de la aplicación de este programa de intervención.
    El grafico de evaluación Post-test, nos expone la cantidad de sujetos que se clasifican en las diferentes categorías según su nivel de flexibilidad una vez finalizada la intervención, quedando 1 sujeto en la categoría bueno (4%), 6 sujetos en promedio (24%), 6 sujetos en deficiente (24%), 8 sujetos en pobre (32%), 4 sujetos en muy pobre (16%), lo que muestra un desplazamiento hacia la izquierda (valores positivos) de la muestra en relación a su pre-test.
    El grafico comparativo entre el Pre y Post-test, nos grafica las mejoras en un 72% de los sujetos participantes en relación a sus niveles de flexibilidad iniciales.
Conclusiones
    El presente estudio fue realizado a 25 adultos mayores entren 55 y 105 años de edad y se concluye que la práctica de actividad física integral de manera constante y sistemática, con una planificación ordenada, orientada a la obtención de objetivos claros y alcanzables, mejora los niveles iniciales de flexibilidad presentados por el grupo adulto mayor D.i.P.R.E.C.A. de Concepción, Chile.
    De acuerdo a esta investigación y de los resultados obtenidos, se puede afirmar que la flexibilidad es una cualidad física modificable, ya que se aumentaron los niveles de flexibilidad en los Adultos Mayores a través de un programa riguroso de actividad física integral, como lo demuestra esta investigación aumentando en un 72% la flexibilidad en la muestra, de acuerdo a los resultados obtenidos durante el Pre y Post- test obteniendo un P= 0,01

martes, 5 de marzo de 2013

PARA EL ADULTO MAYOR

Hace más de 2000 años, Hipócrates afirmó en uno de sus aforismos que las personas con exceso de peso presentan una menor esperanza de vida. Le dio la razón en 2006 uno de los más importantes epidemiólogos de la actualidad, el profesor Walter Willett, jefe del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard.
Sin embargo, Willett fue más concreto que Hipócrates: declaró que desde que cumplimos 20 años, en adelante, no deberíamos ganar más de 2 o 3 kilos para mantener nuestra salud. El presente artículo revisa si Hipócrates o Willet tenían razón o se equivocaban en relación al control de peso.
Más años, más kilos… ¿más salud?
Infinidad de estudios han observado que tanto la delgadez como la pérdida de peso en la edad adulta se asocian con un mayor riesgo de mortalidad. Es por ello que la opinión de Willett de 2006 fue motivo de polémica en el ámbito científico. De hecho, chocó de frente contra creencias muy extendidas (incluso entre profesionales sanitarios), según las cuales el exceso de peso no es perjudicial en mayores de 60 años, ganar peso disminuye la vulnerabilidad propia de las personas longevas o cuanto más peso tienen las personas mayores, menor es su riesgo de contraer una enfermedad grave.
Pero ¿estamos ante una “falsa causalidad”, resumida en la expresión latina “Post hoc ergo propter hoc”? Es decir, la delgadez o la pérdida de peso en personas mayores ¿aumenta sus posibilidades de contraer una enfermedad mortal? O funciona al revés: contraer una enfermedad mortal (algo más frecuente con el paso de los años) ¿aumenta las posibilidades de perder peso? Los estudios que han observado al mismo tiempo la pérdida de peso y la mortalidad no pueden dilucidarlo, ya que ya que las dos circunstancias se han evaluado a la vez.
Cuatro años después de la discutida recomendación de Willett, una investigación publicada en la revista Journal of Internal Medicine (agosto de 2010), evaluó esta cuestión. Para ello, los autores realizaron un seguimiento de 64.077 adultos mayores de 60 años, de ocho países europeos: Francia, Grecia, Alemania, Italia, Holanda, España, Dinamarca y Suiza. Su minucioso análisis, que tuvo en cuenta diferentes factores implicados en el riesgo de mortalidad, demostró de forma magistral que la pérdida de peso o la delgadez no son la causa del mayor riesgo de mortalidad sino que reflejan una enfermedad subyacente.
Para entender esta “trama” podemos imaginarnos que la pérdida de peso es como la alarma que suena si alguien intenta robar un coche protegido con un sistema antirrobo. ¿Ha causado la alarma que el ladrón robe el coche? No, desde luego, la alarma se ha activado cuando el ladrón ha intentado abrir el vehículo. Ha sucedido a la vez que el robo. Debemos detener la alarma, pero es más importante capturar o alejar al ladrón. En este caso, la pérdida de peso es la alarma, que debemos intentar “contener”, pero sin olvidar que lo primordial es buscar y tratar la enfermedad que genera la disminución del peso corporal, que no sería más que un síntoma de una enfermedad grave.
Pero la cosa no acaba aquí, porque el estudio antes mencionado también concluyó algo más: que el aumento de peso, sobre todo entre los ancianos con sobrepeso u obesidad se asocia con un mayor riesgo de mortalidad a largo plazo. Añadió más leña al fuego un seguimiento de más de seis mil adultos durante 29 años. Este nuevo estudio, publicado en junio de 2011, confirmó que el exceso de grasa corporal a partir de los 70 años disminuye la esperanza de vida, sobre todo en varones. El principal autor del estudio realizó estas declaraciones: “las personas mayores que tienen un peso normal deben mantener su peso”.
Fue más concreto, por último, un metaanálisis publicado en junio de 2012 en la revista International Journal of Epidemiology: incluso en personas mayores con peso normal, una circunferencia de cintura superior a 102 centímetros en varones, o de 88 centímetros en mujeres se asocia a un mayor riesgo de mortalidad. Así pues, los estudios rigurosos más recientes dan la razón tanto a Hipócrates como al profesor Willett. Las personas mayores, en resumen deberían intentar mantener un peso estable, sin olvidar para ello la importancia de seguir una dieta sana y evitar el (peligroso) sedentarismo.