martes, 22 de febrero de 2011

EL ADULTO MAYOR Y EL AUTOESTIMA

Los adultos mayores con mejor salud y más recursos económicos, marcaron mayores niveles de autoestima en el estudio.

La autoestima decrece con los años. La llegada de los sesenta marca un punto crítico en la imagen propia de muchas personas.

Los sentimientos de aceptación y amor hacia nosotros mismos, de competencia y valía personal, varían a lo largo de los días y las semanas, empujados hacia arriba o hacia abajo por las diversas situaciones que afrontamos con mayor o menor éxito, o debido a las evoluciones y los cambios de nuestro aspecto físico, los vaivenes de nuestra mente y los altibajos de nuestras emociones.

Nuestro nivel de autoestima también se modifica a medida que somos mayores, aunque no lo hace de manera previsible y lineal: aumenta a medida que la gente envejece, pero al llegar a los 70 años la persona atraviesa un punto crucial, en el cual su autovaloración tiende a decrecer.

La excepción a esta regla la constituyen los mayores que ganan más dinero y están más sanos y que suelen tener mejores opiniones de sí mismos.

Estas son las conclusiones de un estudio del investigador Ulrich Orth, en colaboración con Richard Robins, ambos de la Universidad de California, en Davis (Estados Unidos).

En desarrollo de esta investigación se encuestaron 3.617 adultos estadounidenses de entre 25 y 104 años, con quienes mantuvieron contacto cuatro veces al año, a lo largo de seis años consecutivos.

"La autoestima de una persona se relaciona con una mejor salud, un menor comportamiento criminal, menores niveles de depresión y un mayor éxito en la vida. Por ello, es importante conocer más sobre cómo cambia con el tiempo", señaló Orth, el autor principal del estudio, publicado en The Journal of Personality and Social Psychology.

A través de su estudio, los investigadores descubrieron que los individuos jóvenes tienen una menor autoestima, la cual va aumentando con el paso de los años, hasta alcanzar su punto máximo al inicio de la sexta década de vida.

Clave sentirse activo y útil

Encontraron que las personas con mayores ingresos y una mejor salud y bienestar en una etapa tardía de la vida mantienen su autoestima a medida que envejecen. "Probablemente se deba a que, sentir mayor independencia y poder contribuir mejor con la familia y la sociedad, refuerza la autoestima de una persona", asegura Orth.

Sobre las razones de que la autoestima suba en la mediana edad y baje a medida que se envejece, los investigadores creen que ello puede obedecer a que "en la mediana edad las relaciones laborales, familiares y románticas son estables, y las personas ocupan posiciones de poder y disfrutan de un mejor estatus social, lo que podría potenciar su autoestima".

En cambio, "los adultos mayores pueden experimentar cambios de roles como el 'síndrome del nido vacío', la jubilación y la decadencia de sus destrezas laborales, además de tener una peor salud", lo cual puede afectar negativamente su autoestima, según el coautor de la investigación, el psicólogo Richard Robins.

Para la psicóloga Cristina Ruiz Coloma, especialista en atención psicológica de adultos, "muchas personas aceptan el envejecimiento como un proceso normal, lento e inevitable, y siguen viviendo felices, pero otras, que asocian los cambios con pérdidas, decrepitud y discriminación, lo viven con mucha dificultad".

¿Y de qué se trata la autoestima?

La autoestima es definida en los manuales de psicología como la idea que una persona tiene de sí misma, es decir la percepción que los seres humanos tenemos de nosotros mismos, sin importar o verse afectada por lo que crean o nos digan los demás.

Es, en síntesis, el núcleo central de la personalidad y lo que determina la conducta.

Es un tema importante en términos psicológicos, porque el amor propio o cariño hacia uno mismo es el motor de una persona y lo que la impulsa a seguir adelante y motiva a conseguir lo que se propone.

La autoestima es un sentimiento positivo, generador de confianza y entusiasmo, que contribuye a la realización, felicidad y éxito personal y social de todo individuo. Debe cultivarse desde la niñez, trabajarse mucho en la adolescencia y consolidarse en la edad adulta.

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