domingo, 17 de julio de 2011

PAN MULTICEREALES

Este pan salio riquisimo, una consistencia blandita tipo mollete y con mucho sabor..Espero que lo probeis y que os guste!
Ingredientes:
3 tazas de harina
1 cucharada de salvado de trigo
1 cucharada de copos de avena
1 cucharada de lecitina de soja
1 cucharada de semillas de lino
1 sobre de levadura de panadero
1 taza de leche
Medio vaso de agua
40 gramos de mantequilla
1 cucharada de miel
1 cucharadita de sal
1 huevo
Como se hace:
Se disuelve la levadura en la leche templada con la azucar. En un bol se prepara la harina y se mezclan las semillas, el salvado, etc y la sal. Se hace un hueco en el centro y se echan el agua y la mantequilla derretida, la miel y se empieza a mezclar. Por ultimo anadimos la leche con la levadura y se amasa todo un rato hasta tener una masa fina que no se pegue a las manos. Se deja reposar unos 90 minutos o hasta que mas o menos doble su volumen.
Se forman panecillos o bollitos del tamano que queramos y se ponen en el horno a 180 grados durante 20 minutos, calor por arriba y abajo. Si se quiere se pueden pintar de leche o huevo antes de meterlos y adornar con sesamo blanco o negro. O los dos, claro.
bollitos multicereales

viernes, 15 de julio de 2011

DIRECCIÓN RECTA Y CORRECTA AL CORAZON

Dirigir es orientar a los demás y a mí mismo hacia metas prefijadas. No obstante, dada la debilidad humana, desde el cansancio hasta la propensión a desviarnos para lograr otros objetivos que se oponen a la consecución de esas metas, es preciso afirmar que por lo común dirigir implica, casi inevitablemente, la acción de corregir. El trabajo de las organizaciones no es por lo tanto sólo un trabajo dirigido, sino también corregido. No suele darse una dirección meramente recta, sino una dirección también correcta, es decir, corregida.
En efecto, la conducta humana decae con facilidad porque la voluntad y el entendimiento no se desarrollan sin influencias extrañas. La conducta se encuentra igualmente interferida, para bien o para mal, por los sentimientos, afectos, pasiones, emociones.., como bien ha sido estudiado desde antiguo por la antropología filosófica.
DECIDIR Y VOLVER A DECIDIR
Las relaciones entre la dirección y la corrección fueron objeto de disputa filosófica de importancia entre Vázquez y Juan de Poinset. Vázquez peca de un excesivo racionalismo afirmando que, una vez bien ponderadas todas las cosas y las dificultades que pueden provenir, es necesario decidir una sola vez, firmemente. La voluntad así impulsada no tiene otro curso que el de seguir hacia la meta independientemente de los obstáculos que se opongan, los cuales ya habrán sido previstos en aquella decisión. Juan de Poinset, por el contrario, es más realista al afirmar que las dificultades pensadas previamente en la decisión son completamente diversas de los tropiezos con que podemos encontrarnos en la acción real, porque ellos sí son reales. Por tal causa, el hombre que ha decidido antes tiene que volver a decidir frente a obstáculos distintos de aquellos que consideró en un principio. Esa decisión nueva puede impulsar, atemperar o modificar las decisiones anteriormente tomadas. Estos últimos actos son co-rrección de la di-rección decidida. En cierto modo, dirección y corrección se identifican como también se identifican el dirigir y el regir.
CÓMO CAMBIAR DE CONDUCTA
El pensamiento occidental desde hace dos mil 500 años ha pensado, con paciencia, los modos con que cuenta el hombre para cambiar su comportamiento propio y el de los demás. Si nos atenemos a lo que dice Reyes Carrasco, estos modos serían los siguientes:3
• El lenguaje: hay que decirle a las personas lo que hacen bien y lo que hacen mal.
• El reforzamiento selectivo: modo psicológico eufemístico de nuestro usual premiar y castigar. Cuando una persona se comporta como es debido debe ser ratificada con un premio y cuando no lo hace así, con un castigo. Premio y castigo serían reforzamientos psicológicos que el hombre tendrá en cuenta al ejercer sus diversas conductas.
• El ejemplo: la persona que desea que los demás se comporten de una determinada manera debe comportarse del modo que desea para los demás. Un intento de cambio de conducta, que no venga precedido por la conducta propia, resulta ineficaz, si no es que contraproducente. Este importante punto se tratará más abajo.
• La expectativa o especulación: las personas suelen comportarse, por una especie de comunicación telepática, de acuerdo con las esperanzas de conducta que su jefe o sus colegas prevén respecto de ellos. Si se espera que una persona se comporte adecuadamente es muy posible que así sea; en cambio, si se prevé que lo hará con errores o fallas, se darán precisamente esos fenómenos. Esto fue mitificado con el caso de Venus, escultura hecha por Pigmalión con tal perfección que quedó enamorado de su obra con el intenso deseo de que se convirtiera realmente en mujer, como así aconteció.
También se hizo realidad, desgraciadamente, en los años treinta en la crisis bancaria de Estados Unidos. El público empezó a pensar que los bancos se encontraban en malas condiciones (lo cual no era en modo alguno cierto) y al retirar su dinero de los bancos, logró que éstos no solamente se encontraran en malas condiciones, sino también quebrados.
• La participación: El corrector busca que sea el propio corregido el que acierte a ver sus defectos o limitaciones, y haga un esfuerzo para corregirlos o tenerlos en cuenta.
• Retroalimentación de los resultados o reafirmación: el modo más efectivo sin duda (salvado quizá el tercero), es dar a conocer al interesado los frutos nocivos o favorables de sus acciones. Lo que los norteamericanos llaman feedback y nosotros traducimos de un modo no del todo acertado como «retroalimentación», resulta inevitable si deseamos que las personas que trabajan con nosotros ajusten su comportamiento a lo verdaderamente deseable. Cuando la conducta que debe cambiarse es negativa, el feedback toma el nombre de corrección.
CORRECCIÓN Y AMISTAD
El acto de corregir se suele englobar en los estudios antropológicos como una de las relaciones de amistad característica. Se dan en general tres modos de amistad:
• Amistad de necesidad o desiderativa, que reside en el deseo de obtener del otro aquello que yo necesito. Es la forma mínima de amistad, que puede incluso «cosificar» a la persona: la utilizo como una cosa o instrumento. El dominio y la posesión de una persona se encuentran dentro de este género de relación «amistosa».
• Amistad de reciprocidad, que consiste en la entrega al otro bajo la condición de tener al menos la conjetura de que esa entrega será mutua; en lugar del siderium se da solamente la reciprocatio. Tales serían, por ejemplo, las relaciones entre compañeros y amigos que buscaran intercambiar, acompañarse, compartir, etcétera.
• Amistad de dádiva, que reside en la búsqueda del bien para el otro, aunque (y aquí se diferencia de la amistad de reciprocidad) el otro no se me entregue mutuamente. La antropología clásica señala entre las relaciones efusivas o de dádiva algunas como agradecer, dar, darse, enseñar, corregir, perdonar, comprender y acoger.
En un ejercicio hecho en el área de Factor Humano IPADE Bussiness School con 200 directores generales de empresa mexicanos, para sorpresa nuestra, entre las diversas modalidades de la relación de dádiva señaladas, las personas objeto de la encuesta dijeron que aquel aspecto en el que deseaban una mayor mejora dentro de la relación de dádiva era precisamente el de corregir. Esto encierra mucho interés porque presenta en cierto modo el meollo de los proyectos del empresario, supuesto que la empresa es, a fin de cuentas, una prolongación o redundancia del modo de ser de aquel. Para los empresarios encuestados, el camino preferente para avanzar en el amor de dádiva es el de corregir. No nos cause extrañeza: la muestra suprema de amistad es querer la superación de la persona, esto es, querer el bien para ella. Repetimos: dirigir o regir es corregir. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, entre las otras relaciones de dádiva, tal vez la de corregir no es la que reporte de inmediato una mayor satisfacción al individuo; puede causar molestias y conflictos hasta llegar a perder la amistad («quien dice las verdades pierde las amistades»). Tal vez por ello los empresarios mexicanos –y el que escribe lo es– debido al natural deseo que todos tenemos de quedar bien (y quedar bien ante los subordinados), somos deficientes en el cumplimiento de este deber directivo ineludible que es el de corregir. Puede decirse sin equivocación que el know how de estas relaciones personales es más difícil y más imprescindible que cualquier know how técnico.
Se nos ha dicho que la dificultad de corregir en nuestro medio viene acompañada por el hecho de que la persona a la que corregimos «se siente» por causa de la misma corrección y no queremos trabajar con personas «sentidas». Parte de nuestras disquisiciones posteriores se referirán precisamente a la necesidad de corregir sin que el destinatario «quede sentido». (No queremos decir ahora que la corrección consista en que la persona no «se sienta» ante las dificultades y que comprenda que las relaciones interpersonales no siempre son satisfactorias).
IMPORTANCIA DE LA TRANSFORMACIÓN
Hemos dicho que uno de los menesteres directivos es la formación de las personas que el líder tiene a su cargo. La formación puede consistir en avanzar en la línea del desarrollo que ya se está emprendiendo o bien transformar la acción que se realiza y la persona que la lleva a cabo.
Tradicionalmente, los estudios de las relaciones humanas en la empresa han hablado de cuatro modos de referirse a las personas que la componen.6
1. To Transform
2. To Transfer
3 To Tolerate
4. To Tire
A fin de que un subordinado rinda al máximo –si no lo hace ya–, el primer paso consistiría en transformarlo para que su trabajo sea más efectivo.
Si esto no se hace en el puesto que actualmente desempeña, habría que buscarle un puesto adecuado transfiriéndolo de aquel en que ahora se encuentra.
Si aun después de esta transferencia los resultados no fueran óptimos, habría de adoptarse una postura de tolerancia. La tolerancia es un acto ignorado usualmente en los directivos de la organización. No significa simplemente hacerse de la vista gorda. Tolerar en términos tradicionales consiste en permitir –no aprobar ni prescribir– algún mal con el objeto de que su prohibición no genere males mayores. Se ve claramente que este concepto de tolerancia no se encuentra vigente en el medio cultural contemporáneo. Para muchos, tolerar es lo mismo que consentir o transigir. Aquí se trata de algo distinto: tolero determinadas deficiencias de un subordinado, para no tener que prescindir de él, puesto que tiene cualidades de mucho mayor valor que aquellas limitaciones.
Si llega un momento en que la tolerancia de los errores del subordinado en cuestión tuviera mayor peso que las aportaciones positivas, tendré que pasar al siguiente y último modo de relación: terminar. El terminar tiene también una especificación concreta respecto de la persona de la que tenemos que prescindir. Debemos hacerlo de tal manera que queden claras las razones de esta ruptura de contrato. Una de estas razones va precisamente en beneficio del resto de las personas que componen la organización: por mantener a una persona disfuncional podemos hacer una injusticia con todos los demás compañeros suyos, ya que la institución se deteriora.
Por nuestro lado, de manera modesta, hemos modificado ligeramente estas cuatro relaciones, ampliándolas a seis:
1. Tamiz: antes de contratar a una persona para el trabajo de una organización, debemos acudir al tamiz de una aquilatada selección, para que no lleguen personas que ya de principio no deberían estar ahí. La palabra tamiz, con lo que implica de pasar por un cedazo, ha sido cuidadosamente elegida. La selección ha de caracterizarse por su especial finura, dejando afuera aquellos que no cumplen el perfil que necesitamos.
2. Transformación.
3. Transferencia.
4. Tolerancia.
5. Tarjeta amarilla o amonestación: esta analogía futbolística resulta, sin embargo, importante. Aunque son muchos los directivos que omiten este elemental punto de trato con sus trabajadores, la persona que no se comporta debidamente en la organización tiene el derecho de ser advertida de sus errores e ineficacias y de que en caso de persistir deberemos terminar su contrato de trabajo. Este es un modo de transformación al que se le aplica el antes dicho reforzamiento selectivo. Se trata de la amenaza de un castigo.
6. Terminar.
TODO ESTÁ EN EL MODO8
Toda corrección entendida como modo de ayuda al desarrollo de los demás y particularmente la corrección que se refiere a aspectos negativos de la persona es, por lo que venimos diciendo, una necesaria tarea de la dirección. Son muy pocos los directivos que saben hacerlo, aunque se trata de un punto clave para conducir adecuadamente las organizaciones. En una corrección bien realizada deben tenerse en cuenta tres elementos constitutivos: posibilidad de actuar, intelección y aceptación.9
1. Posibilidad de actuar
Antes de llevar a cabo una observación correctiva se debe pensar con mucho detenimiento si aquello que deseamos modificar en el destinatario es, como he oído acertadamente a Ernesto Bolio, una limitación o un defecto.
• Defecto y limitación. Llamamos limitación a aquella carencia del individuo que no se encuentra en sus manos remediar. No siempre ocurre lo de «querer es poder». De poco o nada servirá que una persona, gracias a mis estímulos, llegue a querer corregirse, ya que además de quererlo debe poder hacerlo.
• Corrección de los defectos. Lo anterior significa que antes de ejercer un acto de corrección no sólo se encuentre en la inteligencia del destinatario entender las limitaciones, ni en su voluntad el querer corregirse, sino tener la capacidad real de hacerlo. Advertir a una persona que es constitutivamente tartamuda, calva o de baja estatura, no sólo puede resultar inútil sino contraproducente. Otra cosa será si el individuo ignora esas limitantes congénitas y quiere, por ejemplo, monopolizar el cargo de maestro de ceremonias porque no es consciente de lo desagradable de su tartamudez. En tal caso no estaríamos ejerciendo una corrección, sino sólo proporcionándole conocimiento de sus limitaciones.
• Convivencia con las limitaciones. Viéndolo bien, el hecho de la existencia de personas limitadas en la organización, no es un problema de quienes padecen la limitación, sino sobre todo de quienes trabajan con ellas. Un buen compañero de trabajo y un buen jefe deben saber soportar y convivir con aquellas personas limitadas. En todo caso, sería él mismo el que debe corregirse para no mostrar antipatía, desaire o incluso repugnancia ante aquellas carencias que el que las padece no tiene modo y manera de superar. Se trata no tanto de corregir, sino de convivir con las limitaciones. Los verdaderos amigos llegan a amar las limitaciones de sus amistades porque son parte de su persona. No es extraño ver cómo una buena madre llega a tener cariño no sólo a su hijo limitado, sino a la propia limitación del hijo, no por ser una limitación, sino por pertenecer a su hijo. Por analogía, podemos llevar esos ejemplos a las relaciones entre jefes y subordinados
Los defectos, en cambio, son aquellas precariedades –déficits, precisamente– que pueden ser superadas por quien las padece. La falta de superación no siempre es voluntaria, sino a veces inadvertida. Por ello, el director debe hacerle la advertencia correspondiente al mismo tiempo que motivarlo para modificar una carencia que está en sus manos superar. Es por tanto en el campo del defecto en donde se da el ámbito propio de la corrección.
2. Intelección
• Equilibrio entre claridad y agresión. Aquella persona a la que se corrige debe entender lo que le estamos diciendo, esto es, debe saber a qué atenerse en una actuación futura. Hemos de ser lo suficientemente claros para no dejar nuestras advertencias entre bambalinas. Ser claro, pero no agresivo. Ha de existir un equilibrio entre la claridad con la que debemos corregir y el cuidadoso modo para no ofender a la persona con la que hablamos.
Si no lo hacemos así, el destinatario podría «cerrarse» de inmediato, no tanto porque el director no hable con claridad, sino porque lo hace descaradamente. El otro extremo sería hacerlo con tanta «delicadeza» que el interlocutor no llegue a enterarse bien de lo que se le está diciendo, cuyo caso la conversación no tendrá efectividad alguna.
• La claridad. Hay que tener en cuenta que la claridad es una de las manifestaciones más necesarias de la fortaleza. Existen muchas personas que piensan que la fortaleza reside en el ser inamovibles o impasibles, en el regañar, mandar a gritos y con expresiones de mal humor. Todos estos fenómenos son muchas veces encubridores para no emplear un lenguaje claro porque nos da miedo enfrentarnos directamente –intelectualmente– con aquella persona con la que nos relacionamos.
• Pensar alto, sentir hondo, hablar claro. No en vano el pensador griego dejó dicho que el hombre integralmente bueno –el hombre de bien, con deseos de perfección en todos los aspectos, el panaristós– debía tener por lo menos tres cualidades:
• pensar alto: respecto de aquellas personas que de él dependen; debe ser ambicioso, o, mejor, procurar que ellas lo sean y que no se fijen metas mediocres, sino que aspiren a ideales de altura.
• sentir hondo: en el caso de la corrección, esta cualidad es particularmente deseable. El director debe sentir lo que se siente cuando lo corrigen a uno. Los latinos empleamos la expresión coloquial de «meternos en los zapatos del otro», lo cual no deja de ser una acción sucia. Los norteamericanos se expresan todavía de una manera más cruda: «ponernos la piel del otro». Por expresivos que sean estos dos modos de decir, no se aproximan aún a la manera de hablar de los japoneses: en las relaciones interpersonales debemos llevar a cabo el hara jei, que significa literalmente «meternos en la vísceras del otro», lo cual no deja de ser verdaderamente acertado. En nuestras relaciones con los demás, nuestro sentir debe ser entrañable.
• Además de pensar alto y sentir hondo, debemos hablar claro. La falta de claridad en la comunicación se debe frecuentemente no a la incapacidad expresiva ni a la ineptitud técnica, sino, como dijimos antes, al miedo de producir resultados disfuncionales. Ese temor debe compensarse –con todas las salvaguardas del caso, pero compensarse– con la fortaleza. Las cosas que están mal no deben dejar de decirse –del modo apropiado, obviamente–: vale más un resultado disfuncional que un resultado equívoco. Y por otro lado, como decimos coloquialmente, «es preferible ponerse una vez colorado que cien veces amarillo».
• Expresiones más positivas que negativas. Nuestra lexicografía nos permite hacer advertencias negativas con un lenguaje positivo. Y esto es lo que debemos hacer siempre que sea posible. Para poner un ejemplo banal, en lugar de advertirle a alguien que se encuentra mal vestido, podríamos decirle que tal vez sería conveniente no gastar tanto los trajes, o pedirle a alguien que nos planche mejor las camisas.
Cuando personalmente tuvimos que ofrecer los servicios IPADE Bussiness School de modo inicial a los empresarios, lo hicimos no pocas veces con el sistema del «cambaceo», que es, como se sabe, vender a domicilio. En una ocasión, una de las personas a la que vimos, y de la que resultamos después muy amigos, nos hizo esperar tal vez demasiado. Nos comunicó a través de la secretaria que podíamos conocer sus oficinas y sus naves industriales. En ese espacio de tiempo alcancé a leer una lista encabezada de la siguiente manera: «vendedores que no han llegado a su cuota de ventas en el presente mes».
Cuando nuestro supuesto anfitrión nos atendió, le explicamos con detenimiento lo que era el IPADE Business School recién nacido. Con cierto aire de suficiencia, nos preguntó: «¿pero ustedes qué me van a enseñar? Ya han tenido oportunidad de ver lo que hago, y saben que mi producto es tal vez el más conocido de México…». Tímidamente le contestamos que quizá no le enseñaríamos grandes nociones administrativas, pero sí múltiples modos de hacer que mejoraran sus operaciones. «Modos de hacer… ¿como cuáles?». «Por ejemplo –dijimos dubitativamente– quizá en lugar de poner una lista con los vendedores que no han llegado a su cuota de ventas, podía ponerse la lista de aquellos que sí la alcanzaron». Nuestro anfitrión nos dijo de inmediato: «¿dónde me inscribo?» Se había dado cuenta de algo elemental: es más importante decir las cosas de un modo positivo que negativamente.
• Expresiones más descriptivas que evaluadoras. Debemos evitar en las correcciones el incluir una valoración sobre la persona, más que una descripción de los hechos. De la diferencia entre valorar a la persona o describir los hechos podrían darse muchos ejemplos. Bastaría quizá uno: en lugar de decirle a una persona que es mal vendedor, en donde expresamos un juicio de valor, quizá podría decirse que estamos seguros de que sus ventas podrían incrementarse en una quinta parte en el mes próximo; o recomendarle a alguien que reflexione sobre sus intervenciones en la Junta de Consejo porque tal vez ellas –las intervenciones– podrían parecer excesivas a los otros miembros de la reunión; en lugar de decirle: «hablaste demasiado». Otro ejemplo: en vez de decir «tu relación con los subordinados es deficiente», podríamos sugerirle que «debería tener más proximidad en la relación con sus subordinados». Gramaticalmente hemos dicho lo mismo pero no hemos apelado a su persona, sino a los hechos que la circundan.
• Comunicación de hechos reales. Al describir los hechos, según dijimos arriba, hay que tomar en cuenta que deben tener tres condiciones: reales, recientes y concretos. No debemos hablar en suposiciones. Tampoco debemos referirnos a hechos tan lejanos que la persona pueda no acordarse de ellos y llegue a considerarlos incluso como imaginarios de nuestra parte.
Decimos que deben ser recientes, pero no simultáneos. No es conveniente llamar la atención a alguien sobre algo que está haciendo mal en ese mismo momento, ni aun en el caso de que si no se hiciera la corrección los resultados no serían buenos. Vale más que el resultado sea negativo (siempre que no sea desastroso) que ponernos en una situación en la cual el interpelado piense que queremos desahogarnos en una circunstancia determinada, en lugar de darle la ayuda de una corrección. De no hacerlo así, al no haber un espacio ente la acción misma y su corrección, en vez de que tenga lugar un verdadero feedback y el sujeto en cuestión no pensaría que el problema reside en su disfunción al comportamiento, sino en el mal carácter de quien necesita deshogarse con él.
Este tipo de relaciones en las que hay un espacio entre la falta de conducta y la llamada de atención, es especialmente valioso cuando se da entre padres e hijos: lo que ocurre en la familia es un embrión o semilla de lo que después acaecerá entre gobernantes y súbditos. La recomendación es muy sencilla y aparentemente fácil de hacer: basta que entre la aparición del enfado, cuando se da, y el regaño que naturalmente quiere darse, medie un minuto cronométricamente contado. Es fácil que ese minuto sirva para que el interesado recapacite y piense que será más provechosa una advertencia, corrección, regaño o incluso castigo, pasadas veinticuatro horas o siete días. El destinatario de la corrección tendría al menos el convencimiento de que la advertencia o reprimenda no es el fruto de un enfado, sino de un comportamiento real. Ocurre, sin embargo, que, pasado el arrebato de ira, la corrección, al no brotar pasionalmente, resulte más difícil de realizarse. Es ahí donde llega nuestro consejo: la corrección debe ser consecuencia intelectual de que deseamos hacer el bien al otro, y debe realizarse justo cuando no hay enfado, para tener nosotros –y nuestro interlocutor– la seguridad de que lo que deseamos es el bien para el interesado y no el desfogue propio.
Incluso, podríamos llegar a afirmar que las correcciones en verdad incidentes son aquellas que se hacen cuando a nosotros nos cuesta trabajo corregir. No debemos disimular ante el subordinado el costo que tiene para nosotros llamarle la atención. No importa que nos tiemblen los labios o las manos: es preferible que él sepa que nosotros lo pasamos mal al corregirle. No se trata, evidentemente, de «hacer teatro» sino, precisamente, de no hacerlo. Si nos cuesta decir algo no debemos dar la impresión de seguridad o prepotencia.
3. Aceptación
Es importante que la persona cuya conducta queremos mejorar entienda bien la observación que le hacemos. Ello se mueve obviamente en el nivel de la inteligencia. Pero mucho más importante no es que entienda lo que le decimos, sino que lo acepte. El admitir voluntariamente que actuamos con deficiencia en un determinado terreno es difícil para la persona que tiene que reconocer sus fallas. Es un acto de la voluntad que se encuentra sin duda en sus manos, pero que puede ser radicalmente obstaculizado por orgullo, vanidad, deseo de quedar bien, etcétera. A veces, esta falta de aceptación o reconocimiento no se expresa exteriormente. Otras veces se manifiesta con claras negativas, diciendo que el jefe está equivocado, que esos fenómenos no han ocurrido o presentando excusas que justifiquen de alguna manera una determinada conducta. Todo ello, en lugar de tomarse en serio el menester de corregirse. Son muchos los directores que desconocen cuáles son las medidas elementales necesarias para que el subordinado acepte de buena gana las correcciones que se le hacen. No obstante, se trata de una tarea directiva de la mayor importancia.
Proporcionaremos a continuación algunas recomendaciones que pueden obviar esta situación. No queremos asegurar que con ellas tendrá lugar indefectiblemente el reconocimiento por parte de aquella persona cuyo desarrollo deseamos. Pero estamos en condiciones de poder decir que, si no seguimos una buena parte de estas recomendaciones, el resultado será sin duda negativo.
• Muestras previas de amistad. Dado que el acto de corregir es, según se dijo, uno de los paradigmáticos actos de amistad y dado que puede ser considerado al revés, como una extroversión desagradable, es necesario que venga acompañado por muestras previas de amistad en la que no quepan las menores dudas. Sólo si el director ha dado pruebas de que desea la mejoría de sus compañeros y subordinados mediante actos inequívocos, sólo entonces la corrección puede ser admitida por ellos como una muestra más de amistad. Debe haber previos indicios claros de que deseamos el bien del corregido. Sin tal demostración previa sería muy difícil que la corrección fuera interpretada por el sujeto paciente de ella como un acto que busca su propio beneficio. La corrección debe surgir como una prolongación natural de las actitudes de benevolencia hacia el amigo, aunque en este caso la benevolencia tenga que verse con cierta perspectiva de plazo, pues, según ya se dijo, la corrección no rara vez produce malestar a plazo corto.
Ya sabemos que el querer el bien para el amigo es precisamente el acto prototípico de la amistad. Si la corrección es imprescindible para la acción directiva y no es eficaz sin una prueba de amistad previa, hemos de concluir que la amistad –en este sentido de querer el bien para el otro– es esencial en la acción de dirigir.
Haciendo un juego de palabras, diríamos que no basta tener buenos amigos sino que es necesario tener amigos buenos. Nuestra relación puede ser muy estrecha y buena, pero ella no sería del todo cabal si no procuráramos, con base en esa amistad, que nuestros amigos sean buenos.
• Evidencia de nuestra rectitud de intención. Muy relacionado con lo anterior, para la eficacia de las correcciones que hagamos, se debe manifestar esa rectitud de intención que la corrección real persigue: que las personas mejoren. Una prueba empírica de esta rectitud de intención es el hecho de que no nos guste corregir, ya que lo haremos no por gusto, sino por intención recta. Por ello, debemos diferenciar la abismal distancia que existe entre el querer el bien para, y el no querer sentir por. Hay veces que, buscando el bien para una persona, no actuamos con energía porque no queremos sentirnos mal por ello. Este es un caso más en el cual el querer de la voluntad tiene que superar, a veces arduamente, el desagrado de los sentimientos. Todo padre de familia sabe que cuando castiga a un hijo lo hace por su bien, aunque sea con hondo sentimiento propio.
• No crear un callejón sin salida. Procurar que el corregido no se encuentre atrapado. Ha de dársele alguna posibilidad de apertura de manera que no se produzca una depresión que le impida, paradójicamente, corregirse o una agresiva defensa. Se le puede decir que tal vez lo que le estamos advirtiendo puede ser una apreciación subjetiva, pero que haría muy bien en reflexionar sobre el tema, ya que esa subjetiva apreciación puede darse también en terceras personas.
• No todas las reapreciaciones han de ser negativas. Deben darse también de vez en cuando feedbacks alentadores y estimulantes con dos condiciones: a) Que sean justos (es decir, verdaderos). No podemos decir que está bien un resultado mediocre o deficiente; y b) Que no sean frecuentes: las felicitaciones por cualquier bagatela se devalúan más aún que la moneda. Cuando el dinero o la felicitación abundan, ambas cosas valen poco. La felicitación por un buen resultado de las acciones debe tener un fundamento real consistente y apreciable.
• Alabanza y felicitación. Debemos hacer la distinción entre felicitación y alabanza. Felicitamos a alguien por los resultados reales que ha conseguido. Para ello, la felicitación debe ser justa y se refiere a los frutos del trabajo, no a la persona. Esta felicitación no adquiriría el calificativo de justa si se hiciera sólo en vistas a una reprobación pretérita o futura. Se ha de felicitar a alguien cuando el motivo de hacerlo es real y no meramente metódico.
La alabanza, en cambio, no se refiere estrictamente a los resultados conseguidos, sino a las cualidades o buenas condiciones que el destinatario posee. Así como dijimos que las felicitaciones no deben de ser frecuentes, menos lo deben ser las alabanzas. En el caso de las felicitaciones, porque éstas se devalúan; en el caso, en cambio, de las alabanzas, porque pueden despertar en alguien su ya existente tendencia a la vanidad.
Por esto mismo, las alabanzas no se han de hacer nunca en público. En cambio, las felicitaciones por los resultados, que no aluden a los atributos de la persona sino a los de su trabajo, pueden –y a veces deben– hacerse públicamente. La felicitación resulta por múltiples causas un verdadero deber de justicia.
• Felicitación antonomásica. Una de las felicitaciones más recomendables a la hora de tratar, como lo estamos haciendo, sobre la corrección es la que le corresponde a aquel que, habiendo sido objeto de una corrección, ha logrado corregirse durante un espacio de tiempo que ofrezca ciertas garantías de que su cambio de conducta será duradero.
• Reiteración de las correcciones. Por contraposición, hay que tomar en cuenta que la corrección es reiterable. Dada la debilidad humana, no basta generalmente hacer una sola advertencia. No hemos de suponer que porque el hombre sepa cómo debe comportarse lo hará de esa manera. Hemos llamado en otro lugar a esta falsa apreciación falacia socrática. Es muy probable que las correcciones hayan de reiterarse, en el tiempo y modo oportunos, pero habrán de hacerse si la corrección no tiene resultados. Tal vez se puedan emplear distintos y nuevos ejemplos; buscar otras oportunidades y momentos; dar mayores muestras acerca de la disposición de ayuda, manifestando el necesario «de veras quiero ayudarte y no disgustarte». Quizá también haya de corregir otra persona distinta de la primera, vinculada igualmente por lazos de amistad.
• La corrección verbal. La retroalimentación negativa debe hacerse a solas. Únicamente así puede crearse el necesario clima amistoso para que la corrección sea vista como un inequívoco intento de ayuda. Por otra parte, sin espectadores puede quedar más clara la rectitud de intención del corrector, al no aparecer como tal ante nadie más. Lo que dijimos antes sobre la alabanza, en el sentido de que no se debía hacer en público, con la misma razón o aún más, debe afirmarse en el caso de la corrección.
• Corrección verbal y ejemplo. Es importante advertir que la corrección verbal no tiene por qué desgajarse de los otros modos que existen para lograr el cambio de conducta. Sin embargo, una de estas maneras resulta compañera imprescindible de la corrección. Nos referimos al ejemplo. Si el que aconseja a otro un cambio de conducta en un determinado sentido, ejerce la suya en uno distinto, o aun opuesto, su corrección es vana. Los hechos hacen tanto ruido –diría Emerson– que impiden oír lo que decimos. No hay nada que cuente con tanto arrastre –repetimos– como el ejemplo; especialmente, la virtud se transmite más por ejemplaridad que por realimentación positiva o negativa. Por ello mismo, ha de tenerse presente lo que Gregorio Magno dice en sus Moralia: la virtud se transmite especialmente por el ejercicio de ella, de modo tal que el destinatario pueda percatarse de los beneficios que dicha virtud le proporciona a él, estimulándolo para adquirir esas mismas cualidades de aquel que se las contagia.
El recurso al «debes hacer lo que te digo, pero no lo que ves que yo hago» no tiene otro efecto que el de una pastilla tranquilizante de la propia conciencia. Si deseamos que alguien siga una determinada conducta, debe seguirnos en ella: debemos ir delante nosotros. Recordemos que la autoridad tiene un sentido etimológico primario en el hecho de avanzar o aumentar, de ir a la vanguardia, de señalar el camino con los propios pasos, de hacer senda.
• Corrección mutua. La corrección para que sea eficaz debe recibir otro calificativo: ha de ser mutua. Ésta es la máxima dificultad para que en las empresas se instaure la práctica de una corrección bien aplicada. No se trata, evidentemente, de una dificultad técnica, sino de obstáculos pertenecientes al ego de las personas involucradas; no se trata de que un jefe corrija a su subordinado, sino de algo de mayor profundidad, aunque ahora del todo inusual: que el subordinado corrija al jefe.
Hemos dicho que el corregir es uno de los modos paradigmáticos de la relación de dádiva. Cuando sólo hay posibilidades de correcciones descendentes (del jefe al subordinado), cancelándose, de hecho o de derecho, las correcciones ascendentes (del subordinado al jefe), esta asimetría hace que las pretensiones de cambio de conducta sean no sólo inútiles, sino injustas.
• Felicitación del jefe al subordinado que lo corrige. En efecto, la corrección, aunque se refiera propiamente a la conducta, hace alusiones directas o indirectas a las personas. La corrección es personal –por esto debe hacerse a solas. Puede haber jefe y subordinado en los oficios, puestos, cargos y menesteres, pero no en las personas. Por ende, el que una persona pueda y aún deba corregir a otra en cuanto persona, sin establecer la posición retroactiva, originaría una verdadera discriminación personal, diferenciando sin justificación alguna entre las personas con atribución de corregir y aquéllas a las que sólo les corresponde ser corregidas. El corregido considerará que se le valora de clase inferior, situación opuesta al deseo de superarse que se ha de encontrar en el sustrato de toda corrección válida. En El nuevo empresario en México10 describimos los modos tan alentadores que el Gral. William Pagonis utilizaba para ser corregido por sus propios soldados, incluso rasos, y la estrecha relación que ello establecía no ya en el desarrollo de dichos soldados, sino del propio Pagonis, quien crecía en su ya demostrada habilidad, al ser corregido por sus subordinados.
• El corrector debe corregirse a sí mismo. Este comportamiento por parte del corrector se encuentra evidentemente vinculado con todo lo que antes dijimos respecto del ejemplo. Ya decía Lope de Vega: «Si no lo permite quien lo imita, o deje de imitar o lo permita».
• Corrección participativa. La naturalidad de la corrección facilitará en cada caso que ésta sea participativa, es decir, que en la dinámica de su ejecución el corrector dé oportunidad al corregido para que pueda manifestar su opinión. A veces puede ser una excusa o una justificación, pero ello mismo, oportunamente, puede ser a su vez tema de corrección: «tienes tendencia a excusarte de tus errores o a justificarte de los resultados negativos o escasos de tu conducta, en lugar de enfrentarte cambiarla». No obstante este peligro, resulta muy oportuno que el corrector no asiente sus opiniones definitivas sin darle oportunidad al otro de que manifieste su propia opinión propia, o de que le explique alguna razón de su conducta. El peligro de defensa o excusa viene compensado por la ventaja de su misma aceptación.
Lo ideal sería que el corregido se hiciese a sí mismo su propia corrección con sus propias palabras y describiese por sí mismo la conducta reprobable. Esto facilitaría la aceptación que el jefe y el subordinado están buscando

EJECUTIVOS MADUROS

El aumento en la esperanza de vida ha transformado el escenario de aquellos ejecutivos que, más maduros y con años de experiencia, necesitan actualizar sus conocimientos para mantenerse vigentes.
Formación de ejecutivos maduros
Al igual que los profesionales más jóvenes, los directivos de hoy, ya cercanos a la jubilación, también tienen opciones para actualizar sus conocimientos y cursar programas especializados en administración de empresas.
El entorno de los líderes empresariales de hoy dista mucho del de hace unos años. Las teorías y modelos organizacionales ya no pueden guiarse por las experiencias de décadas pasadas porque el mercado ha cambiado, al igual que los clientes y la forma de hacer negocios. Hoy, los directivos de alto nivel deben abordar todos los aspectos del liderazgo y desarrollar una visión más profunda de los conocimientos que ya poseen, para adaptarlos a un entorno cambiante y dinámico. “Un MBA no es para siempre, las técnicas cambian y los modelos de negocio son perecederos, por eso es bueno renovar conocimientos cada cierto tiempo”, dice Santiago Iñíguez.
Pero no sólo estos cambios se han hecho latentes. El aumento en la esperanza de vida también ha transformado el escenario de aquellos ejecutivos que ya, mucho más maduros y aunque con años de experiencia, necesitan actualizar sus conocimientos para mantenerse vigentes en el competitivo mercado laboral. Conscientes de esta realidad, las universidades y escuelas de negocios han comenzado a desarrollar programas de formación empresarial para ejecutivos incluso cercanos a la jubilación, que desean continuar especializándose en distintas áreas de la administración de empresas.
Thomas Ryba, alumno de 50 años del Executive Management Program Advanced, que imparte Stanford Graduate School of Business, declara estar sorprendido “por el uso diario que hago de los principios aprendidos y cómo me están ayudando a restablecer la profesionalidad en mi empresa. Tanto mis superiores y compañeros de gestión han expresado su sorpresa por el progreso que se ha hecho en poco tiempo”. El programa de Stanford basa su malla curricular en estrategias de negocio, liderazgo, diseño organizacional y gestión de iniciativas, entre otras materias. De forma online o presencial, los alumnos reciben una actualización general de la administración de negocios en busca de la adaptación al cambio generacional.
Manuel Bermejo, director de Executive Education IE Business School, comenta que “los empresarios veteranos buscan en estos programas revisar sus conocimientos o ponerse al día en aquello en lo que creen que se quedaron obsoletos”. En definitiva, buscan seguir aprendiendo para compartir experiencias, ideas y buenas prácticas tanto con el claustro de profesores que enseña, como con el resto de compañeros de aula y con personalidades relevantes, que sirven para incrementar sus red de relaciones profesionales.
El experto diferencia dos tipos de programas para ejecutivos maduros que imparte la institución española: los Senior Management Program (SMP) y los Advanced Management Program (AMP). Los primeros son cursados por altos cargos de empresas, de entre 45 y 55 años, con más de 10 años de experiencia directiva y responsabilidades sobre asuntos estratégicos. Los segundos, en tanto, son realizados por directivos de contrastada experiencia, que están en el segundo nivel de sus compañías y han sido llamados a asumir posiciones de liderazgo en sus organizaciones en un horizonte cercano en el tiempo. Son personas con más de 10 años de experiencia directiva y edades entre 35 y 45. Pero además de esta clasificación, el IE imparte programas en distintos formatos: inglés y español; en versión intensiva o una vez por semana; y en versión presencial o “blended”, combinando clases presenciales con sesiones en línea.
Respecto de las metodologías de enseñanza, el académico señala que “son metodologías docentes muy variadas y que incluyen sesiones magistrales de profesores, estudio de casos prácticos, workshops de desarrollo de habilidades, encuentros en formato comida-coloquio o conferencia con líderes económicos o empresariales, trabajos en grupo, entre otros”.
El caso latinoamericano. Las universidades y escuelas de negocios de América Latina también cuentan con programas ejecutivos para empresarios senior.EIPADE BusinessSchool por ejemplo, que incluye cursos avanzados de gestión en diferentes versiones.
Normalmente, este tipo de formación se articula en torno a tres grandes ejes temativos: visión estratégica, eficiencia en la gestión y liderazgo, y desarrollo de habilidades directivas. Los programas suelen combinar cursos de índole técnica (finanzas, gestión de recursos humanos, marketing, gobierno corporativo, entre otros) con otros de desarrollo de habilidades como liderazgo, gestión del cambio, gestión emprendedora o responsabilidad social empresarial.
Y a pesar de que estos programas -en general- están pensados para ejecutivos de mediana edad, los expertos sostienen que quienes tienen más de 60 años, “también tienen la posibilidad de matricularse si es que cumplen con el perfil de alumno que establece las empresas”. Aún así, los empresarios con experiencia y al borde de la jubilación, suelen optar por cursos más cortos enfocados en determinados rubros, por ejemplo, programas intensivos de varios días que permiten un análisis del mundo del management, el entorno político-económico, la tecnología o la gestión del talento. Por tanto, aunque no es demasiado común, los profesionales cercanos a jubilarse también tienen muchas posibilidades de aprender y seguir complementando sus conocimientos.
Fuente: MBA América Economia (Autor: Cristina Vílchez)

jueves, 14 de julio de 2011

QUE LINDO ES EL AMOR

 Hoy pensaba durante la mañana en lo maravilloso que es el Amor...en toda su dimensión, pero más específicamente en el amor de pareja. Que color adquiere la vida cuando el corazón está contento, feliz, ocupado y enamorado. Pareciera que nada de nada importara, sólo el mundo perfecto que construimos con el otro y que es una especie de refugio fantástico en medio de la realidad que muchas veces nos agobia. Este Amor tan bueno, tan verdadero, se convierte sin darnos cuenta, en un apoyo fundamental que ya no podemos dejar ir...y nos preguntamos ¿Cómo lograba sobrellevar todo esto antes, sola?.....Cuando el Amor llega y toca la puertecita de nuestro frágil pero grande Corazón, lo envuelve en un aura de paz y anhelos maravillosos, de ansias, de sueños que nos hacen sentir mejor, más felices, más plenas en todo sentido.....Y la necesidad de la otra persona se hace evidente. Es que ya no concebimos nuestro mundo sin la media naranja que encontramos...Estamos Enamorados... 
 Amor es la ciencia más linda del mundo, pero no se basa en la razón, sino que es netamente puro Corazón. Es sentimiento. Y sin lugar a dudas que es lo más grande que existe...
Estar Enamorados es bello, es algo trascendental...ojalá eterno. Y tiene implícito un lenguaje que va mucho más allá de las palabras...que tiene que ver con los sentidos...con mirar, tocar, escuchar...Que encanta el Corazón y lo vuelve vulnerable, porque dejamos a un lado todo tipo de corazas, para mostrarnos y entregarnos al otro tal cual somos, sin pudores...con Amor. Y todo aquello que nos hacía sentir inseguros se esfuma, se olvida, ya no existen motivos para tenerlos, porque todo ahora en nuestro ser está colmado del Amor de esa personita especial que nos hace ver y disfrutar lo lindo de la vida, de los momentos hermosos que ésta nos entrega por sobre todas las demás cosas, que generalmente crean sólo infelicidades estúpidas, carentes de sentido.  

Cuando hay Amor, sólo existe la magia que brinda vivir la vida de a dos, entregando siempre lo mejor de cada uno...entregándose uno mismo. Preocupándose, apoyando, estando siempre, ahí, cuando más se necesite, alegrando la vida, dando ánimo, entregando felicidad.....Amando con todo el Amor que el Corazón conoce y que tambíén desconoce, pero que sabe algún día llegará a sentir...  Así la semillita que un día se plantó da brotes, que crecen diariamente con el alimento que brindan los detalles exquisitos del Amor..... crece para convertirse en planta, una robusta y sólida plantita, incapaz de ser arrasdada por nada ni nadie y que al final comienza a dar los frutos que durante toda una vida se cuidaron con amor.....

Es el Amor el que nos abre a la vida que se nos ha dado para hacer de ella nuestra propia Leyenda Personal. Es el Amor el que despierta todos nuestros sentidos, y es el Amor el que nos volverá siempre, las personas más felices del mundo, porque desde el Amor se viven los mejores momentos de la Vida

LA SINCERIDAD


La sinceridad y la prudencia..*.♥

La sinceridad es un valor muy relacionado con la verdad.
Es la expresion de sentimiento e ideas en congluencia con nuestras acciones y nuestros principios, es una expresion franca de nosotros mismos.

La sinceridad pasa a ser un valor en nuestra vida personal cuando la aplicamos a nuestras relaciones con nuestros semejantes.
Por supuesto, la sinceridad como valor exige madurez para recibir tambien palabras que muchas veces no nos gusta.
La sinceridad por ejemplo no tiene que ser groseria, para decirle algo a tu vecino o amigo, o a cualquier otro semejante, algo que en realidad piensas o sientes, no tienes por que molestarlo, ofenderlo o agredirlo.

Esto ya no es sinceridad, sino falta de prudencia y agresividad.
Por ello se le debe agregar otro valor, llamado tolerancia, y bastante amor para no quedarse en unas palabras duras, sino asimilarlas y reconocer muchas veces, el conocimiento cierto que se esconde en ellas.

Sus profundas exigencias nos ayuda a modelarnos como personas.
Somos inperfectos,pero debemos buscar la mayor suma de perfeccion posible en el intercambio de ideas con nuestros semejantes.

La mayoría de las veces, en las relaciones cotidianas, lo que duele no es la verdad ,
sino la forma de comunicarla. Por qué, además, esta "sinceridad" la elevamos a su máxima expresión en los juicios de opinión negativos y no tanto en los positivos.

La sinceridad debe ir siempre precedida de la capacidad de ser considerado y no pretender herir y lastimar a los demás.
Y nunca debe ser confundido el ser sincero (que no es más que una percepción personal y completamente subjetiva) con tener la verdad.

¿Qué significa entonces ser sincero?

"Ser" sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa."

André Maurois

HISTORIA DE UN ADULTO MAYOR

Entrevista a la abuela Margarita


"Cuando quiero algo me lo pido a mi misma"

Ima Sanchez. Publicado en "La Contra", diario La Vanguardia
La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: “No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra”. Rezuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto, son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.

Ella nos dice: "Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol. He venido a la Fira de la Terra para recordarles lo que hay dentro de cada uno."

-¿Dónde vamos tras esta vida?
-¡Uy hija mía, al disfrute! La muerte no existe. Las muerte simplemente es dejar el cuerpo físico, si quieres.

-¿Cómo que si quieres…?
-Te lo puedes llevar. Mi bisabuela era chichimeca, me crié con ella hasta los 14 años, era una mujer prodigiosa, una curandera, mágica, milagrosa. Aprendí mucho de ella.

-Ya se la ve a usted sabia, abuela.
-El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y nos pusimos a charlar.

-¿Con quién?
-Con el fuego. “Yo estoy en ti”, me dijo. “Ya lo sé”, respondí. “Cuando decidas morir retornarás al espíritu, ¿por qué no te llevas el cuerpo?”, dijo. “¿Cómo lo hago?”, pregunté.

-Interesante conversación.
-”Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me dijo-, ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%, ¿qué te cuesta cargar con eso?”.

-¿Y para qué quieres el cuerpo?
-Pues para disfrutar, porque mantienes los cinco sentidos y ya no sufres apegos. Ahora mismo están aquí con nosotras los espíritus de mi marido y de mi hija.

-Hola.
-El muertito más reciente de mi familia es mi suegro, que se fue con más de 90 años. Tres meses antes de morir decidió el día. “Si se me olvida -nos dijo-, me lo recuerdan”. Llegó el día y se lo recordamos. Se bañó, se puso ropa nueva y nos dijo: “Ahora me voy a descansar”. Se tumbó en la cama y murió. Eso mismo le puedo contar de mi bisabuela, de mis padres, de mis tías…

-Y usted, abuela, ¿cómo quiere morir?
-Como mi maestro Martínez Paredes, un maya poderoso. Se fue a la montaña: “Al anochecer vengan a por mi cuerpo”. Se le oyó cantar todo el día y cuando fueron a buscarle, la tierra estaba llena de pisaditas. Así quiero yo morirme, danzando y cantando. ¿Sabe lo que hizo mi papá?

-¿Qué hizo?
-Una semana antes de morir se fue a recoger sus pasos. Recorrió los lugares que amaba y a la gente que amaba y se dio el lujo de despedirse. La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Mi hija me está diciendo: “Habla de mí”, así que le voy a hablar de ella.

-Su hija, ¿también decidió morir?
-Sí. Hay mucha juventud que no puede realizarse, y nadie quiere vivir sin sentido.

-¿Qué merece la pena?
-Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra Madre y el Sol nuestro Padre. Hasta hace bien poquito los huicholes no aceptaban escrituras de propiedad de la tierra. “¿Cómo voy a ser propietario de la Madre Tierra?”, decían.

-Aquí la tierra se explota, no se venera.
-¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y somos tierra, cosmos y gran espíritu. Y cuando hablamos de la madre tierra, también hablamos de la mujer que debe ocupar su lugar de educadora.

-¿Cuál es la misión de la mujer?
-Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. La vida llega a través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero decirle algo a todo el mundo…

-¿...?
-Que pueden usar el poder del Gran Espíritu en el momento que quieran. Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.

-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.
-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes, y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y entre nosotros.

-Mientras no te empaches de ti mismo.
-Debemos sutilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.

-¿Desde cuándo lo sabe?
-Momentos antes de morir mi hija me dijo: “Mamá, carga tu sagrada pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No temas, yo te acompañaré”. Yo vi con mucho asombro como ella se incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por eso ahora puedo verla y escucharla, ¿lo cree posible?

-Sí.
-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento: “Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos abiertos”. Creo que ese tiempo ha llegado.

Tomado del blog http://lavozdelaarboleda.blogspot.com/

miércoles, 13 de julio de 2011

EL PODER VIVIR SANO Y FELIZ


Un estudio realizado con 545,000 estadounidenses descubrió que quienes comen unos 100 gramos de carne de res o de cerdo al día (el equivalente a una hamburguesa común) tienen al menos 30% más probabilidades de morir prematuramente, en comparación con quienes consumen 30 gramos o menos.

Aunque las dietas ricas en carnes rojas ya habían sido vinculadas con un mayor riesgo de males cardiacos y cáncer de colon, éste es el primer estudio amplio que analiza sus efectos en la esperanza de vida.

Pero no es necesario eliminar por completo esos alimentos, dice la doctora Paula Quatro-moni, profesora de nutrición en la Universidad de Boston. "Solo hay que comer mucho menos", agrega. Para hacer esto más sencillo:
  • No dejes la carne, sustitúyela. Las personas que comían más pescado, pollo y pavo tuvieron un riesgo ligeramente menor de morir durante el estudio. Utiliza carne de pavo para preparar pastel de carne y camarones en los sofritos; prueba también el pollo en las brochetas adobadas o unos pedazos de filete con muchas verduras variadas.
  • Pon reglas sencillas. Si comes muchas carnes rojas, empieza por eliminarlas únicamente en dos de tus comidas. Evita el tocino en el desayuno y sustituye el jamón por pavo cocido en el sándwich o la torta de tu almuerzo. Después, declara un día de la semana como "libre de carne".
  • Date gustos, pero no todos los días. Si mueres por una hamburguesa, una chuleta o unas costillas a la barbacoa, !adelante, no te prives! Eso sí, el resto de la semana trata de comer únicamente pescado, granos variados y otras fuentes de proteína más saludables.