viernes, 16 de julio de 2010

NECESITO DE ALGUIEN



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  • Que me mire a los ojos cuando hablo.

  • Que escuche mis tristezas y angustias con paciencia y aún cuando no comprenda, respete mis sentimientos.

  • Necesito de alguien que venga a luchar a mi lado sin ser llamado.

  • Alguien lo suficientemente amigo para decirme las verdades que no quiero oír, aún sabiendo que puedo irritarme.

  • Por eso, en este mundo de indiferentes, necesito de alguien que crea en cosas misteriosas, desacreditadas, casi imposibles como la
    amistad, la democracia, la justicia, la sinceridad, la familia, el amor y Dios.

  • Que se obstine en ser leal, simple y justo.

  • Que no se vaya si algún día pierdo mi oro y no pueda ser más la sensación de la fiesta.

  • Necesito de un amigo que reciba con gratitud mi auxilio, me mano extendida, aún cuando eso sea muy poco para sus necesidades.

  • No pude elegir a quienes me trajeron al mundo, pero puedo elegir mi amigo.

  • En esta búsqueda empeño mi propia alma, pues son una amistad verdadera, la vida se torna más feliz, más rica y más bella.
    Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien. Job 22:21
    Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, Y andábamos en amistad en la casa de Dios. Salmo 55:14
    El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo. Proverbios 17:9

  • HISTORIAS DE VIDA

    Tener una mascota en casa no solo brinda compañía, sino que puede ayudar a superar la depresión y el sedentarismo que suelen presentarse en la tercera edad.
    Jeannette Asfura ni siquiera espera a que le pregunten para hablar de Lulú, su pequeña mascota de cuatro años. "Mis hijos me dicen que antes, cuando me llamaban por teléfono, lo único que hacía era quejarme por mis dolores, pero ahora sólo les converso de la perrita", cuenta esta mujer de 76 años, que nunca antes había tenido un animal en casa.
    Su caso no es aislado. Cada vez son más los adultos mayores que pasan sus días en compañía de una mascota. En opinión del geriatra Juan Carlos Molina, este es un recurso terapéutico que ha sido muy eficaz en todo el mundo para mejorar la calidad de vida de las personas de la tercera edad.

    Sanos compañeros
    Los beneficios de tener animales a esta edad son múltiples. El solo hecho de cumplir con ciertas rutinas -como preocuparse de las vacunas o alimentarlos- es algo que mantiene en actividad a las personas.

    De hecho, sacarlos a pasear reduce el sedentarismo, que, se estima, afecta al 98% de los adultos mayores. Además, téngase en cuenta que puede ser un magnífico ejercicio. En este sentido, llevarlos por la calle tres veces al día puede significar un consumo de hasta 140 calorías, según la Agencia de Salud Pública de Barcelona.

    También son de gran ayuda en caso la persona sufra de hipoacusia o deterioro auditivo. En dichas situaciones, una mascota adiestrada puede avisarle a su amo cuando suene el teléfono o si alguien golpea la puerta.

    Pero los principales beneficios pasan por lo anímico. "Hay muchos adultos mayores que se sienten solos o que piensan que no le importan a nadie. A ellos les recomiendo tener una mascota, pues el tener la ocupación de cuidarla es un resguardo ante la depresión", explica el doctor Molina.

    "Para mí, Campanita es el otro integrante de la casa. Tiene hasta sus propias mañas", dice sobre su loro Clara Cabrera (74). Ella disfruta la rutina de darle comida por las mañanas y de echarle agua para que se lave. Lo único que no hace es conversarle. "Es que me imita", explica.

    Igual de positiva ha sido la experiencia de Concepción Donoso (83), con su pareja de inseparables periquitos: "Son como pequeñas personitas, no soy una fanática de los animales, pero me gusta sentarme a mirar las cosas que hacen y cómo cantan. Me alegran mucho estos pajaritos".

    Elegir bien Muchos hijos regalan a sus padres mascotas para que les sirvan de compañía durante la adultez mayor. Pero la selección del animal no debe ser dejada al azar. Lo primero es evaluar si la persona necesita o no este acompañamiento. Hay personas que tienen mucha vida social y un animal puede perjudicar eso. Por ejemplo, si la invitan a un viaje, quizá deba rechazarlo por no tener con quién dejarla.

    Lo siguiente es evaluar las competencias físicas y mentales de la persona. Animales grandes o que necesiten demasiada atención terminan convirtiéndose en una carga en vez de un alivio. Por otro lado, es fundamental preocuparse de que el adulto mayor no sea alérgico a la mascota que se tiene en mente.

    Un punto relevante es que el animal pueda adecuarse al espacio físico del amo. Mucha gente que está sola opta por vivir en departamentos. Y si tiene un perro grande no lo va a poder llevar consigo. Hay que considerar que el impacto emocional de la separación puede ser muy fuerte para el adulto mayor.

    Sin embargo, pese a los riesgos, la mayoría de las experiencias son satisfactorias. Es que, como dice Jeannette Asfura, "tener un animalito regalón le termina cambiando la vida a uno".

    Efectos positivos
    Un artículo aparecido en el British Journal of Health Psycology plantea que quienes tienen mascotas tienden a ser más sanos que el promedio de la población. La mascota más saludable resultó ser el perro. "Es posible que ellos promuevan el bienestar apartándonos del estrés, que es uno de los mayores factores de riesgo de enfermedades", señaló Deborah Wells, psicóloga de la Queen's University y autora del estudio.

    Tener un animal también ayudaría a reducir la presión arterial y el colesterol de us dueños. Además, se cree que los perros serían un factor positivo en la convalecencia de ataques cardíacos

    CREDITO PARA EL ADULTO MAYOR

    La evolución del sistema financiero ha hecho posible que cada vez más adultos mayores obtengan un crédito bancario. En la actualidad, un pensionista de hasta 84 años podría acceder a este beneficio, solo con demostrar que posee un ingreso fijo.
    En un país como Perú, carente de un sistema de seguridad eficiente, el crédito bancario se ha convertido en un servicio vital para las personas de la tercera edad, pues con frecuencia suelen utilizarlo para satisfacer sus necesidades más urgentes, como comprar medicinas o costear sus tratamientos. Por ello, cabe decir, que incluir a un grupo social vulnerable como el del adulto mayor a la oferta financiera, ha sido un gran acierto.

    Una de las primeras entidades en extender la edad para el acceso al crédito fue el Banco de la Nación. En el 2007, esta institución lanzó su programa Préstamo Multired Adulto Mayor, para los jubilados del sector público que tuvieran entre 79 años y 84 años. Los montos pueden llegar hasta los 2000 soles, y son asignados según la capacidad de pago del solicitante. Adicionalmente, el paquete incluye un seguro de desgravamen que en caso de fallecimiento, cancela la deuda.

    Por su parte, las entidades privadas también han seguido la tendencia de reducir los requisitos para otorgarles efectivo a sus clientes más longevos. Por ejemplo, en Scotiabank, un jubilado de hasta 72 años puede solicitar un crédito de libre disponibilidad, con solo demostrar que percibe una pensión mensual y que no sufre de alguna enfermedad grave.

    Rutas alternas
    Si bien lo habitual es conseguir un crédito mediante una solicitud de prestamo, existen otras formas de obtenerlo. Por ejemplo, mediante una tarjeta; adquirible por aquellos adultos mayores de hasta 70 años que ganen como mínimo 1000 nuevos soles.

    Por otro lado, si el objetivo es comprar un inmueble -a diferencia de años anteriores- los bancos han comenzado a entregarles montos considerables a las personas de la tercera edad. Así, alguien de 65 años que perciba un ingreso individual o conyugal mensual de 750 dólares, podría solicitar un hipotecario y pagarlo hasta en diez años.

    Gasto consciente
    Según Julio Rasmussen, jefe de Crédito Personal del Scotiabank, el adulto mayor es muy racional con el dinero de sus préstamos. “Lo utiliza, por ejemplo, para arreglar su casa, para comprar productos de consumo, pagar los estudios del nieto o emprender un negocio”, asegura el funcionario.

    Además, es uno de los grupos más puntuales en el pago de sus cuotas y suelen calcular muy bien los montos que alcanzan a pagar, por lo que no significan un gran riesgo para las entidades financieras. Esto ha motivado que las empresas piensen en ellos como un importante nicho de mercado y diseñen servicios a la medida de sus necesidades

    jueves, 15 de julio de 2010

    DE LA VIDA REAL

    Mi vida como geisha
    Por Komomo
    Yo quería hacer realidad un sueño. Me costó muchos sacrificios poder entrar en un mundo sofisticado, pero también muy exigente. Esto es lo que tuve que aprender para lograrlo. Soy japonesa. Nací en México, donde mis padres vivieron un tiempo. Cuando todavía era chica, volvimos a Japón. A veces mis papás y mi abuela me vestían con quimono, y a mí me encantaba. Poco a poco me fui interesando más en la cultura japonesa, y convencí a mis padres para que me dejaran visitar Kioto, la antigua capital de Japón. Me enamoré perdidamente de la ciudad y de sus tradiciones.
    Al crecer, mi fascinación se hizo aún mayor, y con el tiempo me condujo a los hanamachi, o distritos de geishas, y a las geiko, como llaman a estas en Kioto. Para mí, ellas representaban el estilo y la sofisticación. Cuando terminé la escuela primaria, mis padres me preguntaron si quería ir a vivir a China, pues a mi papá lo iban a transferir allí por trabajo.
    El momento decisivo de mi corta vida llegó cuando mi madre me mostró un artículo de diario sobre una mujer llamada Koito, la primera geiko de Kioto que tenía un sitio propio en Internet. Me emocioné tanto que inmediatamente le envié a la señora Koito un mensaje electrónico en el que le decía que quería convertirme en maiko, o aprendiz de geiko. Podrán imaginarse mi alegría y mi sorpresa cuando ella respondió que estaba dispuesta a iniciarme.
    Antes de que transcurriera otro año, dejé a mis padres en China y volví a Kioto para ponerme en manos de la señora Koito. Fue el principio de mi anhelada aventura como maiko. Acababa de cumplir 15 años. Como aspirante a geisha, tenía muchas cosas que aprender y muchos deberes que cumplir. Todos los días me enfrentaba a cosas que no entendía; a veces parecía que las calles del distrito de Miyagawa estaban llenas de minas antipersonales a punto de explotar en mi cara. Era como estar en la escuela día y noche, los siete días de la semana.
    El horario de una maiko es muy estricto. Desde cerca de las 6 de la tarde hasta entrada la noche, debía yo asistir a una ozashiki, o función artística. Las ozashiki por lo general se celebran en una de las casas de té, aunque a veces también se realizan en restaurantes y hoteles. Se contrata a las geiko para que actúen y entretengan a los clientes, y también deben servirles bebidas y conversar con ellos.
    En ese entonces, la práctica ocupaba la mayor parte de mi tiempo. Como maiko, se suponía que debía aprender a cantar y a tocar el shamisen y otros instrumentos musicales, a realizar la ceremonia del té y, por supuesto, a bailar. En lo que más tenía que concentrarme era en la práctica del baile. Una maiko debe aprender dos tipos distintos de baile para cada mes del año, y ejecutarlos frente a los clientes en las ozashiki.
    Aprender tan sólo un baile me llevaba mucho tiempo. Cada sesión de práctica duraba entre 45 minutos y una hora, y debía asistir a tres o cuatro sesiones para aprender los pasos básicos de un solo baile. Al principio, tardé más de 10 sesiones en dominar algunos de los bailes.
    Por ser la alumna más joven, tenía la obligación de atender a la maestra de baile. Eso implicaba llenar su taza de té cada vez que quedaba vacía, y cerciorarme de que la bebida no estuviera ni muy caliente ni muy fría. También tenía que esperar a que todas las estudiantes mayores, a las que llamamos sempai, la saludaran para poder hacerlo yo.
    Cuando me inicié como maiko, me aterraban las sempai; siempre se enojaban conmigo por una u otra razón, y parecía que yo no les daba gusto con nada. Como les tenía tanto miedo, a veces las saludaba antes que a la maestra, e incluso antes que a los clientes en la ozashiki. Como es lógico, cuando esto ocurría, ellas se enojaban mucho conmigo por no saludar primero a la maestra o a los clientes, lo cual me hacía temerles más.

    Al analizar esto hoy, me doy cuenta de que cerca del 90 por ciento de mi educación como maiko consistió en tratar de sobrevivir cada día.


    Todas las mañanas me despertaba alrededor de las 10. Después de ponerme mi quimono menos formal, tenía práctica de artes escénicas, y a la hora del almuerzo visitaba cada una de las casi 40 casas de té del distrito de Miyagawa, donde se celebran muchas ozashiki.
    En una de mis primeras ozashiki, una sempai me preguntó frente a los clientes qué baile me gustaría interpretar. Cuando respondí muy alegre el nombre de un baile que me gustaba en particular, ella se puso furiosa. Por supuesto, ahora sé que su enojo era parte de mi educación: para parecer humilde y modesta, debía haberme negado a contestar.
    Por extraño que parezca, jamás me pasó por la mente dedicarme de lleno a ser una geiko. Durante todos esos años, pensé mucho en lo que quería hacer cuando acabara mi período de entrenamiento. Había muchas cosas que deseaba realizar: estudiar en el exterior, aprender inglés y tal vez estudiar a fondo la cultura y el folclore japoneses. Sin embargo, dos meses antes de la fecha en que debía abandonar el hanamachi, me di cuenta de cuánto me gustaba este mundo. Pensé en todas las cosas que aún debía aprender, y me sentí avergonzada de haber creído que podía lograr todo lo que deseaba en sólo seis años. Decidí comentarle a la señora Koito que quería convertirme en geiko.
    Resolvimos que me graduaría como geiko el 8 de diciembre de 2005. Pero antes yo debía pasar por el período de sakko, que en nuestra casa de geishas dura 15 días. Tenía que usar un quimono formal negro durante cinco días; luego uno de colores por cinco días, y después el negro otra vez. Pronto me di cuenta de que las ozashiki son completamente distintas para las geiko. A las aprendices se las suele ver como estereotipos; nadie se molesta en conocer al ser humano que hay detrás del maquillaje. En cambio, a las geiko se las ve como mujeres con una personalidad y un nombre únicos. Para las maiko, lo más importante es mostrar la imagen que la gente tiene de ellas; las geiko, en cambio, se pueden mostrar tal como son. Después de toda mi preocupación por convertirme en geiko, finalmente me sentí liberada.

    miércoles, 14 de julio de 2010

    PARA EL ADULTO MAYOR

    Según el Mideplan, casi el 10% de los adultos mayores viven en situación de pobreza e indigencia, por lo que el pago de los servicios básicos (agua, gas electricidad, teléfono) tiene un gran impacto en su presupuesto familiar. Para ellos, existen algunos beneficios similares a los que se otorgan a las familias en la misma situación, al que se puede acceder solicitándolo en las respectivas Municipalidades.
    Por otro lado, sabemos que en general, algunos supermercados y la mayoría de las empresas de agua, gas, teléfono y electricidad de nuestro país, cuentan con cajas preferenciales habilitadas especialmente para adultos mayores, discapacitados y mujeres embarazadas. Usted puede usarlas y hacer valer su derecho para que lo atiendan adecuadamente, y en el menor tiempo posible.
    También, se otorgan facilidades de pago a las personas con deudas, que incluye a la tercera edad; para acceder a este beneficio, basta acercarse a las oficinas comerciales de dichas empresas y renegociar la deuda.
    Un ejemplo a seguir es el que surgió como una buena iniciativa para el ahorro en el pago de la cuenta del agua potable. Esta surgió de la empresa ESSEL y el Instituto de Normalización Previsional (INP) que capacitaron a cerca de 100 adultos mayores que reciben pensión asistencial, para educarlos sobre el uso eficiente del agua potable. Los talleres fueron muy bien recibidos por los ellos, puesto que son un sector que destina la mayor parte de sus ingresos a pagar servicios básicos. En los cursos recibieron información acerca de cómo cuidar periódicamente el agua que se consume en los hogares, ahorrando no sólo este recurso, sino que también para administrar mejor su presupuesto
    FUENTES: MIDEPLAN. ESSEL. SENAMA.

    martes, 13 de julio de 2010

    ADULTOS MAYORES



     
    El dinero asegura la felicidad? ¿Los más educados se declaran menos felices? Estudios recientes en la literatura socioeconómica analizan el impacto del ingreso, la situación matrimonial, la salud, la educación recibida, etc., sobre el grado de satisfacción con la vida que las personas declaran. Gran parte de estos estudios limitan su atención a los países industrializados y desarrollados pero ¿son las mismas causas de la felicidad para los países como Uruguay?
     
    En una reciente investigación que realizamos junto a Daniel Ferrés (Universidad de Montevideo) y Máximo Rossi (UdelaR), analizamos datos de personas con 60 años o más que viven en Uruguay, utilizando la encuesta llamada “Salud, Bienestar y Envejecimiento en América Latina y el Caribe” (SABE).

    Características de la encuesta analizada
    Se analizaron 1.444 habitantes de Montevideo, de sesenta años o mayores, que respondieron una extensa encuesta de 2 horas y media cada una.

    Mujeres
    Hombres
    Promedio de edad de las personas entrevistadas
    71
    71
    Mujeres u hombres de raza blanca
    88%
    92%
    Viven solas/solos
    22%
    13%
    Nunca asistieron a la escuela
    5%
    3%
    La máxima educación que alcanzaron fue la Universidad
    4%
    10%
    La máxima educación que alcanzaron fue la Eduación Primaria
    20%
    18%
    Páctica frecuente de la religión
    62%
    33%
    Católicos
    74%
    57%
    Casados
    32%
    66%
    Viudas / Viudos
    49%
    15%
     Además de información sobre la educación, salud, calidad de la vivienda, medioambiente familiar, etc., esta encuesta incluye preguntas como: “¿Está satisfecho con su vida? ¿Sintió que su vida está vacía? ¿Estuvo de buen ánimo la mayoría del tiempo?...”. En total, son 15 las preguntas que se refieren al grado de satisfacción con la vida. En base a esas 15 preguntas, construimos un índice que va de 0 a 15.
    En una escala del 0 (totalmente infelices) al 15 (totalmente satisfechos con la vida), los uruguayos se reportan bastante felices alcanzando un nivel de 11,5 en promedio.
    A partir de herramientas estadísticas y econométricas, el objetivo de la investigación consistía en encontrar los efectos puros de cada una de las características de las personas. ¿Cómo influye el estado matrimonial en el grado de satisfacción con la vida? ¿Mayor ingreso absoluto implica mayor felicidad o a las personas les interesa comparar su ingreso con sus pares (personas con la misma experiencia y educación)? ¿Cuánto influye la salud en la felicidad?

    Antecedentes

    Literatura económica contemporánea observa hechos llamativos: países industrializados que experimentaron altas tasas de crecimiento en los últimos 50 años, no muestran fuertes
    En una escala del 0 (totalmente infelices) al 15 (totalmente satisfechos con la vida), los uruguayos se reportan bastante felices alcanzando un nivel de 11,5 en promedio.
    cambios en la felicidad que reportan las personas. Algunos estudios buscan causas en la posible percepción de inequidad: un estudio de Alesina del 2003 compara los casos de Estados Unidos y Europa y encuentra que en Europa tanto los que provienen de sectores más pobres como aquellos que pertenecen a facciones políticas más a la izquierda, reportan menor felicidad a medida que aumenta la inequidad en la sociedad.  En cambio, en Estados unidos no se observa esta correlación.

    Respecto al estado matrimonial y el grado de satisfacción con la vida, Stack y otros en 1998 realizan una investigación en 17 países, y en 16 de ellos encuentran una estrecha correlación entre estar casado y reportarse como felices. Gary Becker, investigador de la Universidad de Chicago y Premio Nóbel en Economía, profesor visitante de la Universidad de Montevideo en 2000, señalaba que el matrimonio “protege a los miembros de la familia contra las inseguridades y peligros de la vejez”: la familia actúa como un seguro contra la enfermedad y el desempleo. Esto podría estar explicando, al menos en parte, la correlación positiva entre matrimonio y felicidad.

    En este mismo sentido, Fagan, investigador de Heritage Foundation, señalaba en su visita a la Universidad de Montevideo que “todos necesitamos sentir que pertenecemos de una forma especial a otros: los adultos como pareja se pertenecen. Queremos que el sentimiento de pertenencia perdure en el tiempo. La familia es el lugar donde la “pertenencia” nace, entonces, si la familia se rompe, ese sentimiento se pierde”. Otros resultados empíricos encontrados (Bradford Wilcox, Universidad de Virginia, profesor visitante de la Universidad de Montevideo en 2007): El matrimonio está asociado con menor alcoholismo y menor abuso de sustancias (drogas); los casados tienen una tasa más baja de depresión que los solteros o los que cohabitan; las mujeres casadas tienen menor probabilidad de experimentar violencia doméstica; cuando se vuelven adultos, los hijos de matrimonios intactos tienen más contacto con sus madres y sus padres (y esto hace a las madres y padres más felices).

    Determinantes de la felicidad de los uruguayos de 60 y mayores
     Luego de analizar los datos por varios métodos estadísticos con el fin de encontrar mayor robustez en los resultados, las encuestas parecen arrojar lo siguiente:
    Los uruguayos que tienen mejor salud, están casados y pueden enfrentar  sus necesidades cotidianas, se reportan como más felices.

    a) Aumenta la felicidad:
         (i) Estar casado.
         (ii) Considerar que se tiene suficiente dinero para cubrir las necesidades del vivir diario.
    b) Disminuye la felicidad:
         (i) Considerar que se tiene mala salud.
         (ii) Considerar que se tiene peor salud que la gente de su edad.
         (iii) Mala Nutrición:
                   1. Haber pasado hambre antes de los 15 años.
                   2. Comer sólo una comida al día en la actualidad.
         (iv) Vivir sólo (en el caso de los hombres).

    En otras palabras, los resultados encontrados sugieren que la felicidad de los adultos mayores en nuestro país está estrechamente relacionada especialmente con tener buena salud y con estar casados y, en segundo lugar, con el nivel de ingreso del hogar. Además, reportan menores niveles de felicidad cuando viven solos (en el caso de los hombres) o su nutrición (actual o en su juventud) es insuficiente. Otra resultado empírico encontrado es que la salud influye no sólo de manera absoluta en los uruguayos (“cuanto mejor salud tengo, más feliz soy”) sino también en términos relativos (“si mi salud es mejor que la salud que tiene en general la gente de mi edad, más feliz soy”). En definitiva, buena salud, estar casados y tener un nivel de ingreso satisfactorio están correlacionados con la felicidad de los uruguayos mayores contemporáneos. El siguiente paso de este estudio será realizar este análisis para otros países de América Latina y comparar resultados buscando pistas sobre las distintas idiosincrasias.

    MATRIMONIOS DESPUES DE LOS




    Dice el refrán que el amor no tiene edad. Y las estadísticas parecen demostrarlo. En apenas una década, de 1996 a 2005, las bodas de personas mayores de 40 años casi se han duplicado en la comunidad.
    Los matrimonios de personas con 40 años o más representan ya el 12,6% del total
      Si hace diez años fueron 1.987 los matrimonios con al menos uno de los contrayentes mayor de esa edad, en 2005 esa cantidad creció un 81%, hasta los 3.580 enlaces, según los últimos datos del INE.
    Los matrimonios de personas con 40 años o más representan ya el 12,6% del total (28.387 en 2005), mientras que en 1996 fueron sólo el 7,7% de los 25.773 celebrados.
    No sólo segundas nupcias
    El espectacular aumento de las separaciones por el divorcio exprés (la nueva ley hizo que el año pasado se triplicaran las disoluciones matrimoniales) es una de las razones que pueden estar detrás de este boom de los matrimonios entre mayores de 40.
    Sin embargo, sólo había divorciados en el 42,4% de los matrimonios celebrados en 2005.
    Ahora, lo primordial es el desarrollo profesional y el matrimonio ha dejado de ser la única forma de autorrealización
    "Lo que ocurre es que cada vez hay más miedo al compromiso", explica a 20 minutos Valentín Martínez-Otero, experto en psicología social.
    Además, "el precio de la vivienda hace que los jóvenes tarden más en independizarse". La edad media del matrimonio ha pasado en esta década de 31,91 a 33,92 años en los varones y de 29,42 a 31,21 en las mujeres.
    "Ahora, lo primordial es el desarrollo profesional y el matrimonio ha dejado de ser la única forma de autorrealización, especialmente entre las mujeres", añade Martínez-Otero.
    Los que no han tenido más remedio que esperar para casarse han sido los homosexuales. En 2005, cuando se legalizaron estas uniones, el 66% de los varones y el 50% de las mujeres que contrajeron con personas del mismo sexo eran mayores de 40.
    Celebrar el matrimonio supone el sueldo de  todo un año de trabajo
    Entre 15.000 y 30.000 euros. Los novios han de afrontar unas elevadas sumas de dinero a la hora de casarse. La celebración de una boda varía entre los 15.000 y los 30.000 euros, lo que supone el sueldo de todo un año de trabajo, según la Federación de Usuarios Fuci (FUCI). De media, casarse sale por unos 23.000 euros, un 2,3% más que en 2006.
    En el 63% de los casos son los padres los que asumen el gasto. En un 28% los novios, mientras que un 9% divide el coste con sus progenitores.
    El banquete es uno de los principales gastos. En Madrid el precio del cubierto no baja de los 90 euros. La barra libre oscila entre los 12 y los 120 euros, y la música ronda los 600. FUCI recomienda tener de antemano un presupuesto fijado.
    FUCI también aconseja a los novios preparar la celebración con tiempo, comparar precios y calidades para conseguir un ahorro y evitar sorpresas inesperadas.
    El año pasado se recibieron 324 consultas y reclamaciones relacionadas con el banquete, el viaje, el fotógrafo y los trajes de los novios.

    Por la iglesia. Cada vez menos

    Los madrileños cada vez pasan menos por la Iglesia para casarse. Si en 1996 el 67% de las bodas celebradas en la región fueron religiosas, ese porcentaje se redujo en 2005 al 48%, menos de la mitad.

    Las más jóvenes. Tres chicas de 15

    ,Ttres chicasde 15 años y otras siete de 16 contrajeron matrimonio en la comunidad. El chico más joven tenía 17 años. En total, en la región hubo 12 novios y 81 novias con 18 años o menos.

    Mayores de 60. 431 matrimonios

    Las bodas con contrayentes mayores de 60 años no han registrado tanto aumento, y eso que es un sector de población cada vez mayor. Si en 1996 hubo 332 enlaces de este tipo, en 2005 fueron 431, un 30% más.