lunes, 15 de marzo de 2010

PLATOS RICOS

de marzo de 2010

Menú semanal del 8 al 14 de marzo de 2010

Como suele ser habitual en nuestra sección El Menú semanal en Directo al Paladar, os ofrecemos en un solo post un resumen de las entradas más destacadas de la semana anterior, en este caso del 8 al 14 de marzo de 2010.

Hoy podríamos hacer un menú genial para los peques de la casa. Por ejemplo seguro que triunfaríamos si hacemos un batido de fresa con nata lo acompañamos de una hamburguesa de ternera,

Para acompañar el pan, unos bollos kaiser. Empezamos con un variado de tostas y aperitivos, por ejemplo


PATO GLASEADO CON MIEL

Magret de pato glaseado con miel

Que sepáis que no se hace nada duro escribir mientras estoy haciendo la digestión de esta rica receta de magret de pato glaseado con miel. He cogido la receta de un viejo libro de recetas chinas, o eso dice el libro, que tengo en el rincón más alejado de mi librería gastronómica.

La receta es sencillísima y no se necesitan ingredientes raros. Bueno, para alguien no cocine habitualmente a lo mejor tiene que ir al super en búsqueda de alguno, pero de verdad que una vez que tengáis todo la podemos hacer en apenas 35 minutos, y casi todo el tiempo es horno así que más fácil todavía.

Ingredientes para 4 personas

  • 2 magret de pato, 2 cucharadas de miel, 1 cucharadita de soja, 1 cucharadita de anís estrellado, 1 cucharadita de vinagre de arroz, 2 ajos, 2 cucharaditas de maizena y 2 cucharadas de agua.


DELICIAS CULINARIAS

Sobre la parrilla

La parrilla es un utensilio de cocina utilizado para asar carnes y pescados. El modelo más antiguo consiste en una rejilla de hierro forjado, provista de un mango y montada sobre cuatro patas que la aleja de las brasas sobre las cuales se coloca, previamente aceitada. Es adecuada para las piezas grandes de carne, chuletas de buey, entrecôtes, costillares, etc.

Otro modelo consiste en dos rejillas unidas por una charnela. Se utilizaba para aprisionar los alimentos que se van a asar, sobre todos las piezas pequeñas como sardinas, salchichas, chuletitas, calçots, y que resulta difícil darles la vuelta en una parrilla simple.

Encontramos también parrillas consistentes en una plancha de hierro colado o de chapa se coloca en contacto directo con las brasas o el quemador de la cocina.

domingo, 14 de marzo de 2010

Soldados ayudan adultos mayores

17 de febrero de 2010

Un promedio de 200 personas, entre indígenas Kankuamos y campesinos, fueron atendidas en la jornada de acción humanitaria luego de caminar por las veredas y municipios aledaños a Atanquez, Cesar, para recibir asistencia médica y demás servicios ofrecidos por el Ejército Nacional y un grupo de entidades comprometidas con esta causa social.
Atanquez, debido a su posición geográfica, limitando con los municipios de Riohacha y San Juan en la Guajira, y Guatapurí en el Cesar, se encuentra ubicada en un resguardo indígena Kankuamo que cuenta con 735 viviendas aproximadamente en un total de 26.520 hectáreas, lugar que tuvo como sede la primera Jornada Humanitaria realizada a esta población en el 2010 por la Primera División del Ejército.

Antes de salir el sol en el corregimiento de Atanquez, ciento de soldados del Batallón de Ingenieros N° 10, adscrito a la Décima Brigada Blindada, ataron los lazos de sus botas con tal firmeza que semeja la intención de su espíritu colaborador y llegaron hasta las veredas más recónditas de los municipios circunvecinos, para ayudar con el desplazamiento de aquellas personas más vulnerables de la comunidad: los niños y los abuelos.

En esta ocasión el Ejército celebró un acercamiento con la población en donde el soldado, como héroe de nuestra patria, le brindaba una mano amiga acompañada de una gran sonrisa a los niños, jóvenes y adultos que fueron en busca de una asistencia médica, odontológica o ginecológica, y recibieron mucho más que eso, ya que mercados, toldillos, kits de aseos, servicio de peluquería y refrigerios hicieron parte de las muchas sorpresas entregadas en tiempo de esparcimiento para unir los lazos con la comunidad.

El esfuerzo realizado se ve gratificado en la alegría del pueblo, las caras sonrientes de los niños, en la emoción de los abuelos y la actitud positiva de los demás asistentes. Así mismo, se enviaron mensajes de buena convivencia para crear conciencia de la importancia de apoyarnos unos a otros e ir de la mano con el Ejército Nacional aportando información que permita a los comandantes y a las tropas aumentar el nivel de seguridad en la zona.

De igual forma, se aprovechó el espacio de esparcimiento para difundir la campaña de recompensas y desmovilización que busca reducir el número de integrantes de las bandas criminales que pretenden alterar la tranquilidad de los pobladores, destacándose el respeto por la Institución, exaltando la labor del Ejército al llevarle bienestar, asistencia social y humanitaria a las poblaciones más vulneradas del país.

Cabe resaltar la colaboración de instituciones como la Oficina de Prevención y Desastre Departamental, el Hospital Rosario Pumarejo López, el Hospital Eduardo Arredondo Daza, el Ministerio de Profesionales y Empresarios Cristianos y el SENA seccional Cesar, quienes ayudaron a la organización y realización de la Primera Jornada Humanitaria destinada a los indígenas Kankuamos.

sábado, 13 de marzo de 2010

DEMENCIA EN EL ADULTO MAYOR

  • Representan un alto costo económico y social para el paciente y su familia
  • Las demencias más comunes son el Azheimer, con 65% de los casos, vascular, 10%; mixta, 10%, y cuerpos de lewi, 9%

Se ha encontrado que entre mayor sea el nivel educativo hay menos probabilidad de desarrollar demencia, debido a que la actividad neuronal retrasa su aparición, afirmó Ana Luisa Sosa Ortiz, jefa de la Unidad de Cognición y Conducta del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” de la Secretaría de Salud.

Al hablar de la actualidad en el diagnóstico y tratamiento de las demencias, dentro de las XVI Jornadas de Residentes en Psiquiatría, la especialista afirmó que son la principal causa de discapacidad en adultos mayores y representan un alto costo económico y social para el paciente y su familia.

Ante esa situaciòn, hizo hincapié en la importancia de detectarlas de forma oportuna para detener o evitar algunas de las complicaciones, ya que por ejemplo en el caso de la demencia vascular los pacientes tienen mayor riesgo de hipertensión arterial o dislipidemias, las cuales se pueden prevenir o controlar y con ello ofrecerle mejor calidad de vida y alertar a la familia sobre la presencia de otros síntomas.

Las demencias más comunes son el Azheimer, con 65% de los casos, vascular, 10%; mixta, 10%; cuerpos de lewi, 9%; por alcohol, 3%; enfermedad metabólica, 1.2%; Parkinson, 0.8%; traumatismo, 0.6%, e infección, 0.4%.

En el auditorio del Hospital Psiquiátrico “Fray Bernardino Álvarez”, puntualizó que se prevé un aumento en el número de casos de demencia, ya que son producto de la transición epidemiológica que se vive, en la cual incrementa la esperanza de vida y, por ende, el riesgo de padecerlas.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en el mundo cada siete segundos aparece un nuevo caso de demencia, la cantidad se duplica cada 20 años y se prevé que en 2025 haya más de 40 millones de personas con un problema de este tipo.

Definió a la demencia como la pérdida de funciones mentales que se manifiesta en deterioro cognitivo-funcional, impidiendo a la persona realizar sus tareas habituales, situación que las vuelve dependientes.

Los principales factores de riesgo, además de la baja escolaridad, son la edad avanzada, antecedentes familiares, depresión, eventos craneoencefálicos, y exposición continua a a solventes y pesticidas.

La especialista precisó que el diagnóstico se basa en la realización de un cuidadoso examen mental con algunos estudios de laboratorio, exploración física y neuropsicológica, ya que para confirmarla se requiere el estudio del cerebro después de que fallece la persona.

En ese sentido, dijo que ante el hecho de que este tipo de padecimientos alteran la memoria, las funciones cognoscitivas, el lenguaje, la percepción, la personalidad y las emociones, los síntomas que puede presentar el paciente son la agresión, apatía, vagabundeo, trastornos del sueño y lenguaje obseno, entre otros.

Finalmente, la jefa de la Unidad de Cognición y Conducta del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” comentó que el tratamiento debe ser integral con la participación de especialistas, psicólogos, trabajadores sociales y, de ser posible, grupos de autoayuda, para que apoyen a la familia en el cuidado del paciente con demencia.

viernes, 12 de marzo de 2010

UNA SEÑORA ESPECIAL


El nombre de Marisa Guiulfo es sinónimo de elegancia y creatividad. La más famosa peruana dedicada al servicio de catering en el país acaba de abrir un nuevo local de La Bonbonniere, esta vez en Chacarilla, y disfruta, como pocos, de la vida social, la playa, la familia y el trabajo. Lo hace feliz, y eso es lo que vale.
Eres diabética hace más de veinte años, tuviste cáncer y te dieron tres meses de vida, tienes cuatro bypasses en el corazón, y sigues trabajando como pocos.

He nacido con energía; he tenido la suerte de tener un padre y una madre que eran full pilas. Mi padre, ingeniero de caminos, fue uno de los descubridores del Boquerón del Padre Abad, y era de los que venía a Lima de la sierra, tenía una reunión y de ahí me decía “vámonos a un cine” o “vámonos a un teatro”. Le encantaban los toros, el box… iba a toros con audífonos para escuchar el fútbol… De hecho, a veces en lugar de gritar ¡Olé! gritaba ¡Gol! —risas—. Mi mami era una mujer muy interesada en el arte, en la cocina, en la decoración; se vestía divino: siempre andaba buscando el accesorio ideal para el conjunto…

Debe de haber tenido un lindo gusto.

Claro. “La marquesita”, le decían, ya te imaginarás. Yo no, porque he sido la mayor, muy unida a mi papá y un tomboy: jugaba fútbol, trepaba árboles… Mi prima Gladys Zender fue Miss Universo, y yo soy un año menor, pero ella caminaba como una reina y yo estaba toda sucia del patio, del jardín, jugando con mis primos. Mi mamá se desesperaba: “¡Hasta cuándo esta chica va a estar en este plan!” —risas—. Entonces, a pesar de que he tenido enfermedades importantes en mi vida, sobre todo el cáncer, he tenido mucha suerte.

¿Cuándo te lo descubren?

A los 33 años. A los dos o tres días tuve una operación radical al pecho. Tenía como once ganglios tomados y era un cáncer agresivo. Me operó el doctor Eduardo Cáceres, una maravilla. Yo veía la cara de todos mis hermanos y mis parientes que me miraban con una lástima horrible.

A ellos sí les habían dicho lo de los tres meses, entonces.

Sí, a ellos les habían dicho la verdad. Y bueno, se me cayó el pelo, me hicieron quimioterapia… En fin, otros tiempos, pero yo decía “tengo que superar esta enfermedad”, porque mis cuatro hijos estaban chiquitos. Yo tenía 33 años cuando me operaron, era joven y con ganas de seguir viviendo. Tuve la suerte de que me propuse que no me podía morir, y de ahí para adelante. Seguí trabajando, con mis bufets, y, poco a poco, me fui involucrando más.

Y entrando también en la decoración.

A mí me encanta la decoración, no solamente me gusta cocinar, y cuando empecé, me desesperaba porque tenía que alquilar una serie de cosas. Por ejemplo, yo quería toldo blanco…

Que no había.

No existía, yo puse el primer toldo blanco. Ya te imaginarás, han pasado tantos años y he puesto tantas cosas nuevas que ya me da risa. “Los toldos árabes de la Guiulfo”, decían, porque ya los bautizaron así.

¿Cómo logras trabajar hasta las dos de la mañana, por lo menos, tres o cuatro veces por semana?

Lo que pasa es que tengo asistentes y a mi hijo Felipe, que está en esto igual que yo, que se queda, generalmente, hasta más tarde. O a veces yo me quedo en la fiesta, él se va, duerme tres horas y regresa para que yo me vaya.

Hacen postas.

Hacemos postas. Pero yo soy noctámbula, me siento mejor en la noche que en el día. En la mañana ando bostezando, pero claro, porque me acuesto tarde.

Pero los días también son intensos.

Mira, yo trabajo como una loca todo el día, armo el matrimonio, viene la noche, pongo la mesa de champán y, cuando dejo todo listo como me gusta, voy a mi casa a cambiarme, como a las diez o diez y media. Me ducho, me pongo más elegante si estoy invitada —si no, me pongo algo negro— y llego cerca de la medianoche, cuando recién se ha puesto a comer la gente, y ahí ya me quedo. Te juro que todo el mundo me dice: “Tú no puedes haber trabajado hoy día”, porque se me ve resplandeciente. Claro, me he arreglado, pero a esa hora me vuelvo a sentir bien. Es cuestión de costumbre. Pero en verano no hago esto, porque me gusta irme a la playa.

A Pucusana.

Sí, un sitio lindo que heredamos de mi papi, adonde hemos ido desde chicos. Ahí tenemos casa todos los hermanos, y ahora mis nietos la pasan bomba. Yo soy feliz de verlos corriendo donde antes han corrido mis hijos.

¿Cuántos nietos son?

Son nueve, ya la mayor tiene dieciocho, con lo cual va a Pucusana, pero se escapa para el sur. Los más chicos sí están felices ahí. La pasamos bien. Para mí es un sitio que me trae todos los recuerdos de mi niñez y me enriquece con el cariño de la familia.

¿Tus padres llegaron a ser testigos de tu éxito y popularidad como empresaria?

Mi papá no, porque yo recién había empezado; mi mamá sí, y estaba feliz de que su hijita se volviera medio famosa —risas—. Aparte que yo le hacía sus tés de cumpleaños, venían todas sus amigas… ¡ya te imaginarás! Encantadoras, como son las señoras, felices de la vida —risas—. He tratado, en lo que pueda, de mantener un vínculo con mis tías, porque siempre es bonito que la familia no se desintegre. Entonces, al morir mi madre, como soy la mayor, he tratado de que se queden juntos todos.

Cuéntanos de tus hijos.

Tengo cuatro hijos: Luis Felipe, que es mi gerente general y el que más trabaja conmigo haciendo las fiestas. De ahí sigue José Carlos, que lleva el hotel Las Arenas, en Máncora, es concesionario de los aeropuertos de Talara, Piura y Tumbes. El tercero, Álvaro, trabaja en Antamina, pero lo “han tomado prestado” en Chile, donde estará por un par de años. Él es mi crítico más pesado, es un dedo —sonríe—. Y el último, Coque, que es el único de nosotros que, en realidad, ha estudiado la carrera. Primero estudió administración acá y después se fue al Culinary Institute of America, en Nueva York, y de ahí hizo sus prácticas en Italia.

Pero todos deben de haberte ayudado desde niños.

Sí, desde chicos me han visto haciendo pedidos, y me ayudaban armando cajitas, poniendo dulces… Hacía competencia entre ellos para ver quién lo hacía más rápido, porque había que entregar las cosas. Abusaba de los menores —risas—.

¿Cómo comienza La Bonbonniere?

La Bonbonniere era un sitio al que había ido toda mi vida de chica. La compré antes de la toma de la Embajada de Japón. La tuvimos abierta un tiempo, pero con todos los periodistas que iban llegó un momento en que no se podía entrar… era un pandemonio. La cerramos porque era imposible seguir manteniéndola.


Y no se sabía hasta cuándo duraría, tampoco.
Claro, no se sabía, y así estuvo más de tres años cerrada. Pero luego me dije que no era posible que tuviera cerrado este sitio que me gusta tanto. Y lo abrimos. Ahí está Coque conmigo. El dieciséis de enero abrimos un local en uno de los espigones nuevos del aeropuerto, y ahora abrimos una sucursal en Chacarilla.

UNA SEÑORA ESPECIAL

Los extranjeros que van a matrimonios acá se quedan, más que sorprendidos, alucinados.

Se quedan patitiesos. Lo que pasa es que los peruanos tenemos el Virreinato metido en la sangre, porque el boato del Virreinato es lo que hace que el peruano sea ostentoso y le gusten las cosas bien hechas, y eso en todos los niveles, no solo en los que tienen más dinero. Yo veo cómo se copian ahora y me sacan un montón de contratistas que no sé ni quiénes son, y lo hacen bastante bien —no sé la comida, pero la apariencia sí es buena—. Hay un esfuerzo por que las fiestas sean mejores.

Es todo un evento.

La gente hace muchos esfuerzos y gasta el dinero que tiene y que no tiene para hacer la fiesta. A mí me emociona gente que viene y que me dice que tiene un presupuesto ajustado pero que, igual, quieren que sea conmigo. Si la gente es sincera y te está contando su situación, puedes ver qué haces. Y casi siempre es posible. Pero también hay gente de mucho dinero que no quiere pagar, eso está mal. La otra gente es la que emociona.

Los matrimonios, ¿te siguen emocionando?

Sí, muchísimo. Cuando veo que bailan el Danubio, al final, el beso con los papás, que se abrazan con los hermanos…. —risas—. Pero sí, me siguen importando porque son parte de mi vida. A veces me dicen: “Señora Guiulfo, ¿me puede mandar un presupuesto escrito de tal cosa?”, y yo les digo: “Pero hijita, quiero conocerte, ¿puedes venir para esto?” “No, no, mándemelo, nomás”, y no le mando nada, porque cómo vas a saber lo que la persona quiere si no ves qué cara te pone, qué le gusta y qué no. Recién ahí puedes hacer un presupuesto; si no, qué aburrido. Para mí hay una relación importante, personal, entre los novios o los papás de los novios, y la que hace la fiesta.

Si bien tus matrimonios son famosos, también lo son las cenas a los Reyes de España, a Pavarotti, presidentes, en el Capitolio, en la cumbre APEC… ¡qué estrés!

Es bien estresante porque, por ejemplo, en el Capitolio la cena era a las seis de la tarde, y tenía que estar a la una con todo. Pero resulta que en el salón que nos habían dado había dos eventos antes, y recién a las cinco o cinco y cuarto nos lo dieron. ¡Ya te imaginarás! Uno corría con la escoba, yo pegaba de alaridos… Pero bueno, felizmente salió bien, y casi se desmayan con lo que presentamos. Para la mesa de dulces había llevado toda una cuestión del Señor de Sipán que hicimos con Cucha Corbetto, con los dulces decorados en una mesa cuadrada, en una estructura como de una huaca. Ha habido una serie de eventos bonitos.

En Naciones Unidas, también.

Ahí fue Pavarotti, que se comió como cinco platos de carapulcra y todos sus bolsillos los llenó de cancha —risas—. El Rey de España, como me ha visto en varios eventos, a veces me veía en la puerta y me decía: “Otra vez, usted”… “¿Ha estado bueno o malo?”, le preguntaba. Y asentía. He tenido suerte.

¿Cómo fue atender la Cumbre del APEC?

Eran siete días seguidos, y todos los días cambiábamos de decoración, si era almuerzo y cena, las mesas, los manteles, los arreglos de flores… Si vieras cómo se llevaban las coreanas los pepinos, la fruta… los ollucos, ¡cómo se los llevaban! Trato de dar énfasis a lo peruano, como es natural. Dependiendo cómo es, más elegante o más sencillo, pero siempre fomentando lo más natural y los productos nuestros. Ahí el presidente Lula me preguntó: “¿Estás contratada fijo en Palacio?”. Cuando le respondí que no, dijo: “Entonces, ¿me la puedo llevar a Brasil?”, “eso depende de cuánto ofrezca” —risas—.

¿Es cierto que estás por escribir un libro?

Sí, pero no quiero hacer un libro solo de recetas, porque de estas hay millones, sino uno que incluya, por ejemplo, algo sobre la Pascua y cómo la celebramos en mi casa, con mi familia. Un poco de historia sobre mi punto de vista de la gastronomía y la vida social peruana.

¿Cómo ves la gastronomía, ahora que la mencionas?

Como comprenderás, hay un desarrollo increíble en estos últimos dos años, empujado por Gastón Acurio, al que se le debe ese afán de llevar la cocina peruana a todo el mundo. Lo hemos tenido todos, pero no hemos hecho nada. Yo sí creo que es para quitarse el sombrero la labor que él hace. Ahora, hay muchas escuelas, no sé cuán buenas serán, pero no es solamente querer ser chef porque crees que vas a estar frente a una cocina dirigiendo y no trabajando. Yo siempre digo que hay que aprender las bases clásicas de la cocina peruana, para, de ahí, inventar cosas. Quieren comenzar mezclando sin saber el fondo que, en nuestra cocina, es a base de ajo y de cebolla.

Hablando de cebolla, entiendo que todo empezó con unas butifarras, en San Francisco. ¿Cómo así te fuiste?

En realidad, San Francisco fue una casualidad. Yo salí del colegio Santa Úrsula y trabajé un año en una agencia de viajes, porque primero había entrado a mecanografía y taquigrafía, que no me sirvió para nada —risas—, pero así era en esas épocas.

Un clásico.

Un clásico. Entonces, les pregunté a unas amigas mías que estaban viviendo en San Francisco si podía ir, pero no pensaba quedarme tanto tiempo. Paré en Miami, por supuesto hice compras, porque creí que estaba de turista, y al poco de llegar, empecé a buscar trabajo. Entré al Bank of America, que, claro, no me gustaba tanto. Luego me alojé en casa de una peruana, Benavides, casada con un armenio que era maître en un restaurante y un gran cocinero. Él me enseñó a hacer el arroz pilaf, que traje luego a Lima y que ahora lo saben hacer todas las contratistas. Y bueno, teníamos un grupo de amigos peruanos, entre ellos Memo Ferreyros, el del pisco peruano. Su papá, que era cónsul del Perú en San Francisco, nos invitaba a su casa y ahí escuchaba que todo el mundo decía “las butifarras, las butifarras”. Entonces, decidí hacerlas. Me fui al mercado mexicano, hice mi jamón del país, y estaban felices todos.

Y luego fue ampliando el repertorio.
Sí. La mamá de una amiga mía peruana me enseñó a hacer seco, mi mamá me mandó la receta del ají de gallina, y así empecé a hacer platos peruanos para mis amigos. Esa fue mi introducción a la cocina peruana, y así empezó todo.

ELEGANTE


Aprovechando que la edición británica de la revista masculina Esquire ha elegido sorprendentemente al Príncipe Carlos como The World´s Best Dressed Man (decimos sorprendentemente porque después de ver al resto de los homenajeados la elección del Príncipe Carlos se debe deber a algún error que les fue imposible subsanar antes de lanzar la publicación) hemos decidido que nadie mejor que él representa en vida el concepto de elegancia masculina en el vestir.
La aristocracia y las monarquías de los diferentes países se han caracterizado, por supuesto con excepciones, por su discreción y formalidad en el vestir. Hoy, desgraciadamente, muchos de éstos han perdido esas viejas maneras y, o no cuidan con especial interés su vestir, o lo que es peor, el estatus social que suponen poseer creen que les permite experimentar con la moda y adoptar en ocasiones looks que están más próximos al espanto y al ridículo que a cualquier estilo.
Si hacemos un repaso a los más de 60 años de vida del Príncipe Carlos podremos observar que su forma de vestir apenas ha cambiado en todos estos años. Este hecho es digno de toda nuestra admiración. Seguramente todos tengamos en mente algún aristócrata que ha experimentado un cambio radical en su vestir una vez adquirido dicho rango o a algún otro que sintiéndose objeto de las miradas ha decidido cambiar su look elegante y admirable e imitable, ganado durante muchos años, por otro acorde simplemente a las modas del momento.
Una persona con el estatus social de un Príncipe heredero y con un número de años considerables a sus espaldas, con total seguridad habrá entrado en contacto con los gurús de la moda, decoradores, diseñadores, actores, pasarelas, modelos, iconos del estilo etc. Seguro que también le habrá tocado vivir cambios importantes en las tendencias de su generación y que de haber sucumbido a ellas los críticos de moda le habrían aplaudido e incluso hasta un sector mayoritario de la sociedad le hubiera dado su aprobación. Seguramente que también habrá experimentado las crisis de personalidad tan propias de ciertas edades que hacen que cambiemos nuestra forma de vestir normalmente hacia aspectos más desenfadados.
Pues a pesar de todo ello, si por algo se ha caracterizado la forma de vestir del Príncipe Carlos ha sido siempre por su coherencia. Si tenemos la oportunidad de acudir a una librería inglesa y ojeamos las numerosas biografías que existen sobre su persona podremos observar en las fotos del interior que su forma de vestir apenas ha sufrido cambios destacables en todos estos años.
Una de las personas que más han tenido que ver para que esto se haya mantenido así es sin lugar a dudas su padre, el Duque de Edimburgo. Éste, a pesar de ser testigo de otra época, supo trasmitir a su hijo la elegancia británica en su máximo exponente. Si observamos los trajes del Duque Felipe de Norton & Sons rápidamente podremos entender la influencia en el vestir de éste sobre su hijo. Los sastres de Felipe de Edimburgo presumen que éste viste los trajes que ellos le cortaron cuando tenía 36 años todavía ahora con 86. Esto es una muestra más de que la elegancia masculina clásica es, como siempre hemos mantenido desde esta página, la única moda masculina intemporal.
Igualmente, llegamos a otra conclusión de capital trascendencia; esto es, la importancia de tener una buena cuna. Definitivamente, no se trata sólo de tener un determinado estatus social o una desahogada posición económica; hay cosas para las que es imprescindible haber recibido un buen ejemplo y una correcta educación desde nuestra más temprana infancia.
Quizá esto explique las más que notables diferencias a la hora de vestir del Príncipe Carlos y de su tío abuelo el “Duke of Windsor”.

Hay quien califica al Príncipe Carlos como una persona aburrida a la hora de escoger su vestuario. De hecho, el Príncipe Carlos durante más de 30 años se ha mantenido fiel a los patrones clásicos que sus sastres de confianza Anderson and Sheppard y Gieves and Hawkes le han aconsejado y que él siempre ha vestido conforme al estilo más británico.

Tampoco sus camiseros de Budd y de Turnbull and Asser han sufrido estrés alguno por tener que cambiar rápidamente los patrones de sus camisas porque las nuevas modas así lo impusieran y el Príncipe Carlos así lo demandara.
El corte de sus trajes no puede obedecer a patrones más clásicos; cortes amplios que ayudan a que el traje descanse sobre el cuerpo sin insinuar demasiado la figura, solapas anchas y de corte bajo, faldones con dos aberturas cuyo largo coincide exactamente con el de los nudillos de la mano, pantalones sin vuelta en los dos y tres piezas y con vuelta en los cruzados (este es uno de los escasísimos detalles que no es bien visto por los más puristas ingleses quienes hasta en el traje cruzado optan por pantalones sin vuelta; quizás esta costumbre la heredó también de su padre) etc.
Aunque ha sido frecuente verle vestir trajes sencillos o con chaleco, en los últimos años la imagen más frecuente del Príncipe de Gales es el traje de chaqueta cruzado con todos sus botones abotonados (algo que, por cierto, también es norma en el Rey Juan Carlos).

Otra nota de su gusto por la verdadera elegancia clásica, es el vestir en todo momento un pocket square. Este complemento cada vez más en desuso pero cada vez más necesario es el fiel acompañante de todas sus chaquetas. Da igual con quien se reúna o que país visite, él siempre vestirá su pañuelo independientemente de que su homólogo no sepa ni siquiera que las chaquetas se confeccionaron con un bolsillo a la altura del pecho para lucir un pañuelo. Además por su forma de lucirlo no nos cabe duda de que se siente orgulloso de él y de su elección.
Siempre ha huido del colorido excesivo en sus atuendos. Sus trajes monocolor o diplomáticos son su elección más frecuente. Algo parecido sucede con sus camisas. Éstas suelen ser también monocolor o en todo caso con alguna fina línea. Será difícil verle con camisas a cuadros o de rayas llamativas o marcadas. Su color preferido para éstas es el azul claro. Este color le facilita la correcta combinación de los pañuelos y además le permite escoger un pañuelo de un estampado más alegre.

Todas sus camisas lucen un puño doble del que no sobra mucha tela una vez puestos los gemelos. A veces puede dar incluso la impresión de que son puños sencillos donde se ha sustituido el botón por un ojal sobre el que se pasa el gemelo. Los gemelos se caracterizan por su sencillez y discreción sintiendo especial debilidad por los gemelos de formas redondas y con una parte de ellos en oro. Esta discreción se puede observar también en sus corbatas. Colores nuevamente clásicos y no llamativos con pequeños motivos suelen ser los que gozan de su confianza. No obstante, su predilección todavía hoy de vestir corbatas a rayas con bandas de colores bastante anchas denotan una vez más su gusto por lo intemporal.
En cuanto a calzado se refiere, sigue optando por los Oxford classic con la típica horma ancha inglesa. Con los trajes oscuros y diplomáticos viste siempre calzado negro y con sus trajes grises prefiere las tonalidades marrones oscuras o las de color vino.
Un detalle que goza de toda mi respeto es su negativa a desabotonarse el primer botón de la botonadura de la manga; costumbre tristemente extendida entre todos aquellos que quieren presumir de vestir de sastre. ¿A alguien le cabe alguna duda de que esos trajes llevan detrás muchísimas horas de trabajo y múltiples ajustes? Sus trajes son la prueba fehaciente de que un buen traje bespoke no necesita de ese absurdo detalle snob para lucir como algo artesanal.
Si bien antes era más proclive a lucir siempre una flor en el ojal de chaqueta últimamente podemos verle ya en actos de diversa índole sin ésta.
Quizás su único guiño tímido a la modernidad sean las pulseras que en alguna foto se pueden adivinar debajo del puño doble.

También merecen una especial atención su amplio armario de abrigos; todos ellos obedeciendo una vez más a los patrones y colores clásicos ingleses.
En múltiples ocasiones nos hemos hecho eco de las dos principales premisas para vestir correctamente de Alan Flusser: el color y la proporcionalidad de las prendas con la fisionomía de cada caballero.

Si nos fijamos en el conjunto formado por su cuello de la camisa, el nudo de la corbata y las solapas de la chaqueta (conjunto que conforma la primera imagen de todo aquel que nos mire) apreciaremos que todas éstas partes no cobran relevancia alguna y su rostro es el único protagonista del retrato final. No debemos olvidar que como ya hemos establecido en alguna ocasión, toda nuestra vestimenta tiene como misión final resaltar nuestro rostro y nuestro físico. El protagonista somos nosotros y no nuestro nudo de corbata o nuestro abrigo.
Si vistiendo un determinado corte o un look concreto el resultado es beneficioso debemos trabajar con esos parámetros y no intentar que aquello que nos gusta pero que no nos favorece se haga el dueño de nuestro armario. Seguro que todos estamos cansados de ver cuellos full-cutaway en caballeros de rostro delgado o de fisionomía estrecha que lo único que consiguen con su uso es acentuar su delgadez.

Los conjuntos del Príncipe Carlos guardan una total proporcionalidad tanto entre todas sus partes como con el físico de su portador. Si alguna pega podemos poner a éstas es su manía de seguir vistiendo el nudo sencillo que ya se anudaba desde pequeño. El tiempo pasa para todos y los Príncipes no son una excepción. El rostro del Príncipe Carlos se ha ensanchado con los años y quizás una segunda vuelta a la corbata conseguiría un resultado final más acorde con su fisionomía actual.
Sinceramente creo que pasará mucho tiempo hasta que veamos a un personaje público de la relevancia del Príncipe de Gales vistiendo tantísimos años según los cánones clásicos y dando el máximo sentido a la palabra elegancia. Él es una clara muestra de que no es necesario sucumbir a las tendencias más modernas o convertirnos en auténticos fashion victims para poder ser un exponente de la elegancia y el estilo.